Festival Internacional de Poesía de Medellín

27º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Julio 8-15, 2017

Poetas invitados


La función de la Poesía


Fotografía http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com.co/

Por Samuel Bossini
Especial para Prometeo

¿Cuál puede ser la función de algo tan etéreo, poco asible como la Poesía? Sí uno habla de cuál es la función de la Poesía, ¿significa que la conoce? La Poesía, ese material tan extraño, tan de nadie, que al decir del gran crítico y poeta Aldo Pellegrini: La poesía quiere expresar con palabras lo que no pueden decir las palabras. ¿Es posible una aproximación a su función?

Si Poesía es todo aquello que respiro, toco, que me construye un olfato y un ver. Que abre mis sentidos hasta creer por un instante que la Palabra salva. O como se creyó en un momento que la misma Poesía salva. ¿Entonces Poesía es aquel bosque blanco que ampara? Pero la Poesía no salva. La poesía ofrece, (en el sentido de ofrenda), un camino y es de ida. Sin equipaje salvo el Silencio y un puñado de palabras. Lo que salva es no regresar del poema con palabras. Construir otro mundo en este o en otros mundos, pero construirlo.

La Poesía es un desmembramiento que debe tener, para ser gráfico, una suerte de inició como el Big Bang. La Poesía se sentó en el Aire y desde ahí mira el mundo y las cosas. Mira lo que no podemos mirar. Construye significados donde no los había, arma nuevos significados en dónde los había. Revierte realidades desde su mayor fuerza: el Silencio.

Por ello la Poesía es otra cosa. La poesía es nada obediente a definiciones claras como por ejemplo dos más dos es cuatro. Si en poesía dos más dos es cuatro, es todo menos un poema. La pregunta es: ¿cuál es la función de la poesía en tiempos de Paz y reconciliación? Nada podríamos aproximar de inmediato. Pero sí queda una punta de ovillo que podríamos tomar para seguir: ¿fue siempre así? Y no fue siempre así.

Hoy, aquella Poesía comprometida codo a codo con su realidad, no es tan visible. Esa Poesía que era protagonista de su tiempo y abarcaba su tiempo, sin preocuparse tanto por la palabra modernidad, sino siendo moderna pese a ella misma; esa Poesía hoy está en retirada o refugiada en alguna parte. Aquella Poesía del Byron que muere en Grecia, de Dante que debe exiliarse de Florencia, de Ovidio que se burla del emperador, y la lista puede continuar hasta la Primera Guerra Mundial que diezmó a la poesía joven inglesa, casos Wilfred Owen o el autor del bello poema El Erial: Sidney Keyes. Y podemos llegar a la Segunda Guerra Mundial y antes a la Guerra Civil Española, donde la poesía se pone de parte de un bando u otro. Miguel Hernández: Republicano y un José María Hinojosa: Falangista. Y el tiempo pasó y algo se fue apagando.

La Poesía pasó de estar dispuesta a cambiar el mundo a esconderse detrás del mundo. Primero sucedió que la ciencia le ganó ese maravilloso lugar que la poesía ostentaba: la anticipación. La poesía pasó a retroceder y ceder espacios. La Poesía comenzó a mezclarse con las palabras: carrera, éxito y el mundo pasó y pasa por delante de sus ojos con la mayor indiferencia. El Otro, lo Otro, dejó de ser un tema. Y el compromiso recayó en el ombligo. Desde el ombligo al mundo. Se dejó de escribir con silencios y se comenzó a escribir poemas con palabras.

Simone de Beauvoir dijo por los años 50, que el compromiso de un artista es ante todo con lo que hace. Honestidad y seriedad con el proceso creativo, en este caso, con el texto. Y lo dice alguien que estaba, junto a Jean Paul Sastre, comprometida con su época. Vivían y pensaban, al igual que Camus, su época. Necesitaban verse en ella, moverse en ella.

Y los años 50 fue rica en poemas comprometidos con una militancia. Una militancia que ponía a la Poesía al servicio de ella. Poco buen texto quedó de esa experiencia. Pero no podríamos estudiar esa década poética sin estudiar ese movimiento de militancia política/poética. Los poetas Beatnick y el poema Aullidos en particular, son un fuerte ejemplo, entre otros, que se podrían dar. Roberto Santoro en Argentina, también como un ejemplo.

¿Será que el poeta no necesita a la sociedad o la sociedad al poeta? ¿Estamos ante una nueva lectura de la modernidad? De ser así ¿el poeta debe sumarse a ese contexto o debe presentar batalla? ¿Tal vez los poetas se desentendieron de todo aquello que la sociedad produce? Eliot dice de Matthew Arnold, que cada cien años aproximadamente, es deseable la aparición de un crítico que emprenda una revisión de la literatura del pasado y establezca un nuevo orden de poetas y de poemas. ¿Entonces porque no pensar y desear que ahora también es necesario?

Y el tema también es la crítica literaria y los suplementos. En general la crítica dejó de acompañar a la literatura y a la Poesía en particular. Poca Poesía se publica en los suplementos y pocos críticos la leen. Y para ser sincero, poco críticos leen. La gran mayoría son sumisos de las editoriales. La literatura es usada por esos críticos como un salto social en el campo “intelectual”. Campo pobre y mísero. Pero lugar al fin.

Y el poeta ha sufrido esa indiferencia. Y la Poesía ha quedado tan sola como la literatura en general lo está. Para Eliot: la crítica es un proceso de reajuste entre la poesía y el mundo en el cual y para el cual se produce. ¿Tal vez la Poesía ha perdido el gusto por lo eterno? Ahora también la pregusta es: ¿cómo se debe comporta el artista para fabricar una obra de arte? ¿Qué reglas debe seguir? ¿Dónde dejar sus emociones? ¿Dónde concretar el proceso de creación?

Tal vez el poeta deba retornar a su entorno. A su lugar “de todos”. El poeta como nunca antes debe poseer un lugar donde diga y confronte. Donde ponga en evidencia y denuncie el enorme circo pobre que se ha construido para la Poesía. La idea de ser un RockStar siempre está latente en algunos poetas. Pero la Poesía es Silencio. Palabra bajo las hojas. 

Si bien no debemos en un análisis ser tomados por el efecto nostalgia y sí por la tradición, es bueno decir, sin intencionalidad de agresividad, que el poeta debe volver a ser valiente. Debe retornar a su tribuna original donde el mundo es mirado, sentido y pensado. Volver a leer y releer la Función de la poesía y función de la crítica, de T.S. Eliot, a Juan Benet y La inspiración y el estilo, El arco y la lira, de Paz, Las palabras de la tribu de José Ángel Valente, a Cardoza y Aragón, a Eduardo Anguita, Aldo Pellegrini, Pellicer, Manuel y Antonio Machado, Roque Dalton, González Tuñón, Pablo de Rocka, Neruda, el grupo los contemporáneos en México, al gran Vallejo y la lista puede seguir. Tal vez el desafió no sea sólo hacia adelante, también lo sea hacía atrás: retomar la tradición. Releer a los clásicos. Leer a sus contemporáneos. Buscar la manera desde lo poético de construir una obra grande, nueva, vital. Una obra que deje al poeta dentro del mundo o al menos próximo a él. El gran personaje no es el poeta: es la Poesía. El único protagonista es la Poesía. El poeta no debe sentirse más que ella. La fama no hace poetas. A los poetas los hace el poema, la Poesía. El siglo XX se ha cansado de romper, de vanguardiar su época. El siglo XXI sea entonces el siglo para reunir, unir las partes posible que la ruptura ha dejado. No sólo la posibilidad de tomar a cada fragmento que sobrevivió como un todo, también emplazar a que el siglo XXI sea un siglo de armador de aquellos fragmentos hoy abandonados. 

Luis Cernuda creía que la poesía es el diálogo de un hombre con su tiempo. Diálogo que habría que retomar. Hoy ese diálogo esta invisible o fragmentado. Aunque digamos como Eluard que: y sin embargo nunca he encontrado lo que escribo en lo que amo. El unir los fragmentos que sobrevivieron al siglo XX, vale el trabajo.

Para concluir. Tal vez la Poesía trate de que el poeta abandone su comodidad en los puertos y vuelva a navegar. Su aporte a la Paz y la reconciliación la poesía podrá lograrlo retomando el viaje. Abandonando ese monólogo interior rancio, ese discurso de plaza, ese balbuceo, esa primera persona del poema que por lo general es abandono y ausencia del mundo y sus cosas. Para María Zambrano con Schelling y Hegel la filosofía volvió a nacer por segunda vez. No perdamos la esperanza del poeta como nuevo constructor de lo humano, de la transformación. De la Paz de la Reconciliación. Y quizás el mencionado poeta Aldo Pellegrini lleve razón: Estamos próximos al momento en que la revolución en defensa del hombre se desarrollará en el plano de lo poético.

Abracemos con fuerza esa idea.

Publicado el 12 de enero de 2017

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