Festival Internacional de Poesía de Medellín

27º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Julio 8-15, 2017

Poetas invitados


Poesía, medicina del presente

http://poesiadelmondongo.blogspot.com.co/

Por Denisse Vega Farfán
Especial para Prometeo

Nunca antes se ha hecho tan necesaria la palabra y, más precisamente, la palabra enfundada de belleza y autenticidad.  Dos cualidades con las que cuenta la verdadera poesía. 

La poesía no es un conocimiento cualquiera, es un conocimiento de la humanidad entera en toda su revelación y misterio.  La poesía es un ejercicio de la conciencia y el alma, un detenerse a contemplar y recibir la otredad.  Está ahí en lo que no se puede pronunciar, lo que no nos deja traducir el dolor, lo innombrable que deja la muerte, en nuestra más secreta trasgresión.

En tiempos mezquinos donde el poder derrama inagotable sangre y son los más vulnerables los que se llevan las más crudas consecuencias, generación tras generación; la poesía es una práctica que urge.  La poesía entendida como más que un discurso, un solaz transitorio; ésa que toma lugar en los engranajes rígidos de nuestros pensamientos y afectos y les provee una luz móvil a través de nuestros actos e intenciones.  Con ella asistimos al encuentro consigo mismos, a nuestra verdad humana, y se hace audible la voz del semejante.  Reparamos en que por sobre todas nuestras diferencias, válidas o no, debe primar el valor común de nuestra condición. 

El poeta austriaco Georg Trakl, quien vivió la Primera Guerra Mundial, afirmó en uno de sus poemas sobre la violencia: “y todos los caminos desembocan en negra podredumbre”.  Pues todos los caminos de la violencia conducen a la miseria, como personas, sociedad y comunidad internacional. Solo hay corrosión en el enfrentamiento de los unos contra los otros en un círculo de inagotable degradación.  “¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto/ hasta la letra en que nació la pena!”, cantaba César Vallejo, pues hay bienes como la vida que no se reponen, y detrás de ella proyectos de historias que nunca fueron.

Por eso, tengo fe en la poesía como una de las herramientas más idóneas para propiciar la paz y la reconciliación.  Estos dos conceptos tan maravillosos como frágiles, sin los cuales no se puede alcanzar el desarrollo, la unidad como país o por lo menos el derecho a la tolerancia.  No entenderlos es condenarse a repetir la tragedia, incluso, con escalas de horror inimaginables. 

Hablo de la poesía, sea escribiéndola, escuchándola, leyéndola, actuándola sin insignias, más allá de los auditorios, hasta donde casi nadie suele llegar y se ignora su poder transformador a través de la creatividad por sobre la pérdida.

Tal vez la poesía sea ese ojo ignorado que llevamos todos, y responde cuando el resto de miradas se han agotado por detenernos en una misma visión endurecida, o que nos han arrebatado cuando apenas nos abríamos al mundo.

“¿Quién/ dice que se nos murió todo/ cuando se nos quebraron los ojos?/ Todo despertó, todo comenzó”, escribió Paul Celan, este poeta alemán que también conoció de los horrores de una guerra y las consecuencias de una herida como un tren interminable.  “Todo despierta”, reparamos en dónde estamos y en lo que hacemos, en lo que egoístamente hemos ignorado: el peso de nuestras vidas y la de los demás, lo imperioso de descubrirnos en nuestra potencialidad. 

Publicado el 16 de enero de 2017

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