Festival Internacional de Poesía de Medellín

27º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Julio 8-15, 2017

POETAS INVITADOS



Un poema, una hoja, un árbol


Foto de http://eugeniasancheznieto.blogspot.com.co/

Por María Tabares
Especial para Prometeo

Y, desgraciadamente,
el dolor crece en el mundo a cada rato,
crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
y la condición del martirio, carnívora, voraz,
es el dolor dos veces
y la función de la yerba purísima, el dolor
dos veces
y el bien de ser, dolernos doblemente.

César Vallejo

Leer, releer, volver a sentir Los 9 monstruos, de Cesar Vallejo, fallecido en 1938, es constatar, no sin vergüenza, que el mundo sigue intacto. No hemos avanzado un paso y tal como continúa el poema sigue siendo válido hasta el desgarro: “Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, / y otros que nacen y no mueren, otros / que sin haber nacido, mueren, y otros / que no nacen ni mueren (son los más).”

Igual que una plaga sin contra, el mundo del  hombre con su ansia de dominio sobre el otro no ha cambiado, sean cuales sean las razones que argumente. Hasta ahora nada ha existido libre de esta ideología y sus actos. Si no fuera así, este planeta sería otro. Colombia sería otra. ¿Mejor? Seguramente. ¿Peor? Con certeza no habría cómo.

Hemos sofisticado con el transcurrir de los siglos las armas y los argumentos. Como flores carnívoras hoy son múltiples las formas de la guerra. Diversas las violencias, uno el miedo.  Pero, ¿será posible que algún día logremos ser distintos, menos violentos, más compasivos?  ¿ Alguien mejor de quien hasta ahora hemos sido?  

Termina Vallejo su lúcido y doloroso poema con una luz en medio de la sombra:
¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
 hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Y estos dos versos, parecen ser escritos en  este  2017 por el poeta para nosotros. Tras la firma de los acuerdos de paz  muchos colombianos  hemos  decidido cambiar la historia.  Para ello es necesario hacer posible la equidad y así la paz como consecuencia de librar y vencer en lucha diaria, sin armas, el  propio carácter frente a las vicisitudes a las que nos vemos abocados como seres sociales, y ante el otro.

Vencer íntimamente la codicia, el ansia de poder, la soberbia, la envidia, la intransigencia, que todos tenemos dentro y hábilmente se esconde tras percepciones e ideologías. Toda injusticia y  violencia ejercida contra el otro, por pequeña o grande que parezca, tiene detrás mucho de esto.

Buscando una mayor coherencia en la reflexión y el lenguaje, pienso que es fundamental poder describir este trabajo diario no con la palabra “lucha”, tan constitutiva de la guerra, sino con otra quizás menos masculina, quizás más dulce, que nos permita alcanzar el nuevo estado sin que implique un combate con sus muertos, ganadores y vencidos.  Pienso entonces en otra manera de nombrar,  y la palabra “creación” como un sol asoma tras la montaña. Me remito al origen etimológico del vocablo cuyo significado leo es tener hijos, engendrar; emparentada con la voz “crescere”: crecer.   Reescribo entonces la frase: “La paz, consecuencia de la creación diaria del propio carácter frente a las vicisitudes a las que nos vemos abocados como seres sociales, y ante el otro”.Creación como crecimiento. Corazón del arte. Palpitación del poema. Del poema, esa pequeña hoja del gran árbol que es la poesía y del inmenso árbol que también es la paz. Porque, ¿qué cosa distinta es un poema a una hoja de cualquiera de estos dos árboles, cuando alguien que observa el mundo con su belleza u horror dibuja con la mano o registra en una foto o un video lo que piensa, siente o ve? ¿Qué otra cosa es en medio del estruendo de la guerra, cuando por la indignidad o el amor por el mundo, bajo el rapto del asombro, se escribe un poema en un papel?

Sabemos que una sola hoja contiene a todo un árbol. Al mismo tiempo que son necesarias cientos de ellas para que su ser alcance la dignidad de ser la aérea tierra de los pájaros y el verde cielo que nos da sombra a los de a pie.  Sin embargo, es difícil sino imposible, desde una mirada individualista de los hechos, desde la microscopía, ver la injerencia o consecuencia que la individualidad tiene sobre el todo.  Nada existe por separado. Ningún hecho sucede ni en el universo ni en este planeta Tierra desconectado de lo que lo circunda. Ninguna acción benéfica o malévola carece de consecuencias o afectación en lo otro. Así, cada poema, se hermana con su vecino y por cada uno de ellos la existencia de un árbol se conforma, así como la posibilidad de un nuevo bosque. ¿Cuánto oxígeno expele cada hoja? ¿Cuánto oxígeno el árbol completo? ¿Cuántos seres nos beneficiamos con él sin darnos cuenta? ¿Qué tantas respiraciones nos regala un bosque? escribe un poema en un papel?

Son cientos de miles los poemas que se han escrito a lo largo de nuestra historia y cientos los que hoy se escriben cada día en Colombia. Todos, oxigenando el lenguaje, nuestra vida, nuestra relación consigo mismos, con el mundo y con el otro, y su efecto invisible se expande cada día. El poema, oxigeno del lenguaje. Sí, del sangrante y muerto lenguaje de la guerra.  Por eso los versos pueden decir:

Sé de la muerte y la revivo con la palabra alimento.  Desvío la bala
que atraviesa el aire e inutilizo el puño del tirano antes de ejercer
el daño.  Mi canto es agudo, certero, brillo más y soy más veloz que
el arma negra que equivocadamente llaman blanca. Con el filo silente
del lenguaje atravieso la carne y el corazón. Doy vida como el aire.
Nadie puede tocarme. Soy de todos y de mí.

Aunque el mal es siempre más escandaloso que el bien, los poemas, sus hacedores y lectores, como quien trabaja la filigrana tejen paz. Así, este tejido no sea noticia en los medios y la gran mayoría no lo sepa.

Colombia, enero 2017

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Publicado el 2 de febrero de 2017

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