Festival Internacional de Poesía de Medellín

27º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Julio 8-15, 2017

POETAS INVITADOS

Margarito Cuéllar (México, 1956)



Los indomables


Para María Belmonte

Llevan la mano al aire, así cortan el paso de las bestias.
Si les quitan la tierra hilan su propio suelo
si anochece dirán “bello es el día en su traje de bastos”.
No los pisen, no los exterminen
no les laven el alma con clavos benditos.
No aceptan oro a cambio de alabanzas
beben agua del arroyo y el sol
–muchacho manso– les colorea el tallo de los huesos.


Poesía


Nada diré capaz de avergonzarla.
Vinicius de Moraes

Sentirla como una mancha de flores naturales
que su aroma entristezca el violín de los pájaros
ahuyente la tempestad
rompa las cuerdas de la luz.
Ah, pero que tanta música no enferme la avispa del oído
no embriague el tulipán de la nariz
ni rompa el huevo del ritmo.
Que se estrelle en el vidrio polarizado de los críticos
y en las estrellas de seis picos
con que se identifican en la calle los pequeños poetas.


Cardumen


Celebremos
ahora que el día pierde  su camisa de luces
y una estela amarilla de gaviotas
es el signo vital de su presencia.
Es tiempo de extraviarse
en la selva de los nombres:
marísima, babel, limantia, sulamita.
Celebrar del verano la llama y sus muchachas
sus hermosas muchachas
a la medida del corazón.
A sumergirnos en el río del amor,
si alguien sale vivo que lo cante.
El que canta celebra
El que celebra sana las heridas del mundo
con astillas de luz.


El globo de la muerte


No hay suficiente oxígeno para dar de comer a tanto muerto de aire. Huyen los que gobiernan, cómodamente pasa el tiempo en la isla de Raticus. ¿Dónde está el paraíso, la divisa del que invirtió en la casa de bolsa de los sueños? Los débiles se alzan, las jaulas están llenas de pájaros de cuenta. Vende el doctor calmantes en la esquina; periódicos comercia el ingeniero; se enriquece de pronto el domador y ejerce la justicia quien antes fue payaso. Mejor me voy con mi circo a otra parte.


Río Nubia, parte de guerra


¿Han oído, señores
que observan desde sus miras telescópicas,
hablar de la constelación de Nubia?
¿Cómo se comprueba
poetas de la geometría euclidiana
un signo exacto de la cabeza a los pies?
¿Qué dicen los horóscopos de los que nacen
bajo el signo de Nubia?
¿En qué punto del mapa de Colombia,
Antioquia o Monterrey
se fundó Nubia?
Oigan el canto serpenteado
a cada golpe de piedra:
es el río Nubia que se dirige al mar.


País


Estamos nerviosos por la situación de la patria
y a diario dañamos la capa protectora de los sueños.

*

Poesía y otras enfermedades igualmente letales


Foto Erick Estradados

Por Margarito Cuéllar
Especial para Prometeo

Más allá de que la poesía sea un arma cargada de futuro o de que la poesía deba gritarse, la poesía bien puede ser punta de lanza en los procesos de paz y reconciliación de cualquier parte del mundo. Sin poesía somos un poco más salvajes, más bárbaros que humanos. Sin poesía la parte animal nos cubre de pelos, de escamas, de plumas de colmillos y nos cubre las fauces de sangre y el no-lugar de la poesía lo suele ocupar la guerra.

En tanto puente, la poesía nos permite cruzar al otro lado. Pero ¿qué hay del otro lado? Del otro lado tal vez está Utopía, la Atlántida, El Dorado, Ayer es Nunca Jamás, Ninguna Parte, Acuarimántima, las ciudades invisibles de Ítalo Calvino, el Futuro que Pasó o la Tierra Prometida.

Cuando llegues a lo alto de la montaña sigue subiendo, dice Jack Kerouac en Los vagabundos del Dharma. Y eso es lo que hace la poesía, ir cuesta arriba y una vez instalada en la parte más alta, continúa su camino siempre ascendente.

Denme un poema y moveré el mundo, decimos los habitantes de esta isla que va a todas partes y a ninguna. Y en este lugar habremos de encontrarnos los que buscamos la paz. No la buscamos regalada, pedimos mediante las armas del poema, nos sea devuelta la paz arrebatada hace muchos años, tal vez desde que nuestros antepasados poblaron por vez primera estas tierras y alguien vio que la tierra era buena y los desplazó y luego los convirtió en peones de la tierra que antes fue suya y que ya no le pertenecía más.

Reconciliarse no es dejar las armas, sino buscar una nueva ruta. Construir una nueva casa. No una casa en el aire, porque una casa en el aire es una buena metáfora, pero nada más. Si no está bien edificada el propio viento termina llevándosela y el fuego reduciéndola a cenizas. La poesía juega un papel muy importante en todo esto. Y cuando pienso en la palabra poesía no pienso en palabras como retórica, mentira, mierda, genocidio o  desplazados, sino en un canto hecho por todos, en un árbol sembrado por todos, en una casa edificada por muchos. Y cuando digo todos hablo por todos los que quieran sembrar, por todos los que quieran construir y cantar y nadar a la otro orilla para encontrarnos con nuestros hermanos, aquellos que le dan un sentido estricto, único, sonoro y transparente  a palabras como poesía y paz.

Sin raíces las palabras y las generaciones se olvidan. Por eso la poesía es memoria y en su raíz de oralidad y canto colectivo está el sustento que le da fuerza y la purifica. Para ello la poesía tiene que estar sustentada en la verdad.

¿Existe una ética de la poesía? Precisamente esa ética del que canta radica en la búsqueda dela verdad. Sin verdad no hay país y sin país no hay patria, así como con palabras huecas no hay poesía y sin poesía no hay poeta y sin todo esto de lo que se habla no hay libertad.

*

Si poeta significa artesano, el que fabrica, el poeta, partiendo de una idea de Michel Butor, es alguien de quién hay que sospechar. Algo trama la persona que dibuja versos. Su interior ha de ser una casa tomada por todos los males del mundo. Por eso la poesía se vuelve peligrosa cuando se convierte en instrumento de paz. No una herramienta como cualquier otra, más bien se convierte en una caja de herramienta de donde salen los utensilios necesarios para construir lo necesario para vivir con dignidad. Por eso la poesía está al servicio de la memoria y de la libertad. La memoria alimenta al poeta y éste la dosifica en el poema como quien administra una riqueza invaluable. De ahí que el canto, en tanto medio de la memoria, deje de ser un elemento útil al poder y se convierta pronto en mecanismo de liberación. El canto no puede estar oprimido. Y tampoco puede ser un medio para oprimir a otros. La esencia de la ética del canto radica en que la voz individual se convierte en voz y eco de la tribu.

Decía Maiakovski: el poeta debe azotar al tiempo. ¿Qué nos quiere decir? Por una parte, como poetas somos testigos del tiempo actual, éste, el nuestro, por el otro, el texto poético necesita reposar lo suficiente para contener la energía y el sustento creativo y transformador necesarios para echar raíces. Y los tiempos que se viven no son precisamente de paz. Vivo en un país, México, en que los últimos dos presidentes, uno con bandera de tres colores, el otro con el azul a cuestas, han defraudado al pueblo declarando una guerra que, como toda guerra, deja una secuela dolorosa. Baste citar los más de cien mil muertos a causa de esa guerra declarada a un enemigo –el narcotráfico- que realmente existe, pero que el gobierno mismo termina empoderando, aunque diga combatirlo. Quien sufre realmente las consecuencias es el pueblo, que se fragmenta para velar a sus muertos y buscar a sus miles de desaparecidos y dar cobijo a sus desplazados y que pone a sus hijos como carne de cañón.

Viajo con frecuencia a un país hermano, Colombia, sumergido en una violencia difícil de matizar y que ha entrado recientemente a un proceso de paz. Tanto en mi país como en el país hermano la poesía puede hacer mucho, más allá de ideologías, colores, partidos políticos. La poesía es semilla. La semilla puede brotar. La semilla de la poesía no sólo brota de la tierra sino también del aire. Apostar por la poesía es apostar por la vida. Vuelvo otra vez a Maiakovski, sólo la poesía nos permite contar las estrellas montados en una bicicleta a gran velocidad.

La poesía entonces no puede escapar a la dialéctica o corre el riesgo de quedar como pieza de museo en una cajita de cristal. Pero la poesía no se da por generación espontánea. El otro, mi semejante, mi hermano, el hipócrita lector al que se refería Baudalaire, es parte inseparable de todo esto. No hablo del “otro” como simple espectador, sino como agente transformador, motivador, ente activo y hacedor. No quiero decir con ello que por arte de magia el lector-público se transforma en poeta con sólo oír el canto. Pero sí que la vida diaria está más impregnada de poesía de lo que creemos. Y que cuando pensamos en la paz no vemos en esta palabra una dádiva de los empoderados, sino un estado de vida al que aspira el ser humano y al que la poesía de una u otra manera contribuye.

Contribuyamos entonces a empoderar la poesía. Tiene razón Charles Simic cuando encuentra que la poesía es una huérfana del silencio. Y Heidegger cuando señala que pensar en el Ser “es la única manera de tratar con la poesía.” “Y también habrá cantos en los tiempos oscuros? Sí, se cantará acerca de los tiempos oscuros”, dice Bertolt Brecht.

Concluyo compartiendo la idea de que el espacio de las palabras es tan amplio como el poema lo requiere, pero la palabra paz tiene sólo apunta a una dirección: ahora, en esta vida, en este mundo.

Noviembre 20 de 2016
Al Pie del Cañón de La Huasteca,
Santa Catarina, Nuevo León, México

*

Margarito Cuéllar Poeta mexicano originario de San Luis Potosí. Radica en Monterrey, Nuevo León. Ha obtenido dos premios nacionales de poesía y uno de cuento. Premio de Poesía Radio Francia Internacional 2003.

Algunos de sus libros de poesía son: Poemas para formar un río (Monte Ávila Editores, 2016); Las edades terrestres (Gobierno de San Luis Potosí, 2016); Moléculas en movimiento vibratorio alrededor de una posición de equilibrio (Gobierno de Coahuila, 2016); Las edades felices (Hiperión/Universidad Autónoma de Nuevo León, España-México, 2013 y 2015); Vigilias (RiL, Editores, Santiago de Chile, 2013); El mundo será otro (El Ángel Editor, Quito, Ecuador, 2013); Baladas para las estudiantes que se gradúan (El Quirófano Editores, 2013); Cuaderno para celebrar (El Zahir Editores, Bogotá, 2012); Pata de perro (Grupo Editorial Con las uñas, Bogotá 2011); Estas calles de abril / Saga del Inmigrante (Aldus, México, 2008) y Arresto Domiciliario (Aullido Ediciones, Punta Umbría, España, 2007). La editorial Praxis publicó en México su poesía reunida bajo el título Música de las piedras (2012).

Parte de su obra poética ha sido traducida al inglés, portugués, búlgaro, rumano, italiano, alemán y chino. Con Las edades felices obtuvo en 2015 el Premio Iberoamericano de Poesía para Obra Publicada (Instituto Nacional de Bellas Artes y el gobierno de Tabasco).

Es director de la revista Armas y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León y colaborador de los suplementos El Cultural y Laberinto y de la revista Nexos.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

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Actualizado el 4 de marzo
Publicado el 11 de enero de 2017

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