Festival Internacional de Poesía de Medellín

27º Festival Internacional de Poesía de Medellín

Julio 8-15, 2017

POETAS INVITADOS



Función de la poesía en la construcción de la paz y la reconciliación


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Por Orietta Lozano
Especial para Prometeo

La pregunta eterna: ¿podrá la humanidad construir una paz estable y duradera como un modo de vida? esta pregunta, vendría a ser: ¿Para qué sirve la poesía en tiempos de penuria?

Porque como diría el mismo Holderlin: “solo poéticamente puede vivir el hombre en esta tierra”, y al mismo tiempo, se tropieza, se cruza esta necedad y necesidad imperiosa, de poseer, de territorializar, de controlar, así sea arrancándole las vísceras a la tierra, tan poéticamente expresado por Rilke: «Nosotros, por nosotros mismos ofendidos, gustosamente ofendiendo, vueltos a ofender por necesidad.»

El acto esencial de la guerra es la destrucción, la poesía es un acto intrínseco de amor.

Se ha perpetuado tanto la guerra, tan necesaria, para poder perpetuar la desigualdad,  la hegemonía, el control. Estas preguntas, hemos tenido que hacerlas, plantearlas necesariamente, cuando de otra manera, donde “el mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón”,   (frase memorable  de Metrópolis) ni siquiera las hubiéramos imaginado, porque se generan al sentir, al temblar y enfrentarse ante  los muros. Los más peligrosos, los más destructivos. Los muros del corazón, los muros de la mente, los muros del poder.

Cada tanto hay una noticia que nos exaspera, nos aflige, nos hostiga, nos quebranta, nos derrumba. Es la misma, es la única. La tragedia de la humanidad. La indolente bofetada en pleno rostro que de tanto repetirse, antes que despertarnos, nos adormece, nos acostumbra a  la injuria, al miedo, al dolor, como si fuera lo usual, lo cotidiano. El cadáver durmiendo, gimiendo al pie de nuestra ventana, el paisaje humano enmarcado en la barbarie, el crimen organizado, la mentira.

Ya lo decía León Tolstoi: “Cuando pienso en todos los males que he visto y sufrido a causa de los odios nacionales, me digo que todo ello descansa sobre una odiosa mentira: el amor a la patria.".

Ante el dolor, la poesía nos hermana,  nos genera el derecho a soñar, a imaginarnos un mundo mejor…a inventar un pueblo donde el universo sea nuestra patria.

La poesía es deseo, es luz y humildad en el deseo. El poeta, debe separarse de sí, salir de su naturaleza interior y llegar a la poesía para generar de lo humano, el acto espléndido de la creación, del amor, de la alianza, la hospitalidad. La libertad. Suena utópico, pero a la vez, es tan fácil. Tan cerca y tan lejos…

Una noche un dictador decide dar la orden del genocidio. Dónde? Cuándo? Cómo?, A qué hora? En el planeta entero, todos los días contadas sus noches, a los ojos de todos nosotros y en la hora en que Dios y los hombres han cerrado los suyos.

El deseo de guerra y la máquina de guerra, ha producido el estallido, la eclosión, la pasión destructora, cuando todo termina en el instante en que nada se espera.

Frente al rostro de la poesía, está el rostro de los solitarios, los silenciados, los muertos por olvido.

El poema ha inclinado su rostro hacia el sauce y el silencio y no deja de percibir el estallido de la miseria, de la barbarie humana, el poema quiere extraer la piedra que le talla al mundo, y sabe que la inocencia no perdona, que es bien sabido que la salvación de este mundo se deberá a fin de cuentas a la labor de los ángeles exterminadores.

El poema inventa un ejército de águilas, un nuevo pueblo que no carece de mandrágoras, del crisol del alquimista donde se mezcla la magia, la pasión y la razón.

La poesía después de todo, también  tiene una  función física, orgánica, funcional: abrir el umbral del infinito, romper el círculo del tiempo, restaurar un hueso quebrado,  arrancar  alambres de púas, destapar un agujero, absorber el aire, resolver un enigma,  bosquejar una ciudad en un campo de crisantemos.

La palabra es el elemento  que succiona, arrasa, repliega, extiende, devela, la poesía es una orden, una profecía, un edicto;  el poema es un proceso de demolición para reconstruir,  reinventar, reiniciar, regresar a lo más primigenio  y delatarse en el más lejano futuro, en la nada, poblar el vacío, inventar un pueblo.

Escritura-cuerpo,  físico, escrituario, espiritual, actual y virtual, desarticulándose, despertando a un estado alterado de sensaciones misteriosas, mágicas, aleatorias.

En vez de hablar, adivinar,  Olfatear, rugir, resoplar, mugir, mirar en círculo.  Devenir animal, como los jinetes de ballenas, crujir como una máquina de coser, rodar como una bicicleta, permanecer impasible como un guijarro, fluir como el río, sentir como una mandrágora,  deshacer el rostro, dormir como una estrella, flotar como una nube, amar como un trilobites, ser una y la multitud de células inhalando y exhalando como máquinas con alas, máquinas-ángeles, resoplando, musitando...respirar como una piedra para un día sacar la cabeza y caminar y arrojarnos hacia el resplandor del águila,  al vórtice del asombro, hacía la  línea profunda de la herida de una fisura. Tan lejos y tan cerca del ruido de la tierra, tan lejos y tan cerca del silencio del cielo.

La simpleza y el esplendor, la inocencia y la barbarie, sin ninguna complacencia, ese paisaje, vendría a ser el poema.

Cuando podamos sacar tentáculos por todos los flancos para fusionarnos al mundo, al más pequeño, al más extravagante y ver en cada acto, en cada paisaje, oír en cada sonido, la alegoría de la vida,  el canto más oscuro, que por más oscuro ilumine, que por más telúrico resplandezca. Ahí está escrito el poema.

El poeta  vislumbra su horizonte más lejano, descubre su rostro más oculto.

 La escritura cuando va a la página en blanco está impregnada, de estos destellos y el poeta ve su resplandor, devela sus misterios, traduce sus voces, le insufla  aliento a la palabra, se repliega a ella, le da velocidad, la mortifica, le suplica, le ordena, le extrae su sangre y le ofrece la suya, descifra su más alto silencio, su alquimia, su más oculta significación, la sacude, la vuelve arcilla, crea un cuerpo para extender su mano y tocar su alma.

Palabras, palabras que se comen todos los días. Diario- luciérnaga, diario-libélula, diario-polilla. Se escribe para escuchar el aullido en el bosque intemporal, para acercarse a la alquimia y a la gracia de la hermandad, a esa suerte de cofradía que persiste imperturbable, ensimismada en su propia contemplación. Se escribe para hallar la libertad. Se escribe para ver el resplandor.

*

Orietta Lozano nació en Cali, Colombia. Su obra incluye poesía, narrativa y ensayos literarios.

Libros publicados: Albacea de la luz, 2015; Resplandor del abismo, Universidad Externado de Colombia, 2011;  Peldaños de agua, Editorial Caza de Libros, 2010; El solar de la esfera, Universidad del Valle, 2002;  Luminar: novela, Universidad del Valle,1994; Antología Amorosa, Editorial Tiempo Presente, 1996; Alejandra Pizarnik, ensayo, Editorial Tiempo Presente,1990; El vampiro esperado,1987; Memoria de los espejos, Editorial Puesto de Combate, 1983; Fuego secreto, Editorial Puesto de Combate, 1981.

Ha sido incluida en diversas antologías, entre ellas: Poesía colombiana (antología 1931-2005), México, 2006; Una gravedad alegre, poesía Latinoamericana, España 2007; Mundo Mágico: Colombia, poesía colombiana, Brasil, 2007; Silencio en el jardín de la poesía, Colombia 2012. 
Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro de poesía El vampiro esperado.

Invitada a Francia a la XIII Biennale Internationale des Poètes, y por la Fondation Royaumont, por Latinoamérica- al Seminario de Traducción de Poetas extranjeros para la traducción de su libro Agua ebria.

-Antología de poemas festivaldepoesiademedellin.org
-“Escribo para ver el resplandor” Entrevista El Espectador 2015
-Entrevista El Diario
-Poemas A mediavoz
- Poemas Círculo de Poesía

Publicado el 7 de febrero de 2017

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