Festival Internacional de Poesía de Medellín


Julio 8-15, 2017

POETAS INVITADOS


Felipe López (Colombia, 1985)



Silencio


Hoy recuerdo el silencio de Alfonsina, el silencio alado de su boca
salió del mar hacia las nubes amiga de los estorninos.

Las palabras no se las lleva el viento, Alfonsina llegará con la lluvia:

El destino del líquido bajo los engranajes de la nube, la cortina pastoril
que sumerge al esquilador de la lluvia a los balidos de su cuerpo.

Llegará el herrero que extendió sus manos: la ruta del sol,
el rictus del metal fundido sobre las ruinas del agua.

Llegará el silencio a los astilleros sobre el beso forestal de la adormidera…
sueñan las caracolas, mejillones, la lejanía de la playa y su bullicio

Llegará la casa vieja con sus ventanas de espuma y flamencos
la fisura del silencio en las puertas, la ola atrapada en las bisagras

Llegará el psiquismo hidratante de una mujer sin final
para esculpir la piedra oceánica de un grito interminable
el silencio de Alfonsina junto a los escribanos del mar...


II


Alguien tuvo delirios sobre el Chimborazo, y yo lo celebro con flores que limitan las cordilleras de almas guerreras

Acompaño a los delirantes que se atreven a pulverizarse, a los sabios, los taitas, a la papa, a la mandioca, a los tubérculos  que encontraron en estas tierras su hogar

Delirar  con cada mota de polvo que entra en las ventanas, porque son los vestigios
de las cordilleras, de la piel muerta de jaguares, a la sangre de la Noche triste

Un coraje, y deliro ante la belleza,  deliro ante el horror, por las tierras que divinizan Bachué, han decantado el rufián, el pirata, y las cadenas

Pero cada célula  me enorgullece, hasta mis dientes caninos, molares, se enjuagan
de la caña que delira  en el trópico, envanece   el líquido que nace de los páramos,
 la chalupa que zarpa en los confines del Amazonas, la amapola que conmueve el subsuelo

 Hay que estar en los reclusorios de la selva y decir que esto es verdad
Delirio ante  América, porque los locos nos trepamos en las ceibas,  hacemos apnea en el Rio de la Plata, traspasamos la dimensión y la divinidad en el sabor de la ayahuasca, delirar ante almohadas que sueñan  primaveras en Ciudad perdida

Refugiarse de delirantes que creen en lo imposible


Lloró


Hay un pueblo en Colombia llamado Lloró,
el lugar más lluvioso del planeta…

 

En ninguna parte llueve como en Lloró
el pluvial misterio donde la espesura reescribe el diluvio en la costa Pacífica.
Sus techos son cortinas sagradas del chubasco, lo pletórico de las baldosas móviles,
las fracciones de un agua eterna.
Trece mil milímetros de precipitaciones danzarinas, famélicas, inocentes.
El manantial en los antepasados de Lloró:
Guasa, bongós, yembes, se difumina el sonido en el turbión
la epidermis de los techos en el grifo de los abandonados…


Los 100 metros estilo libre de Mark Spitz


Dos manos han roto la clepsidra.
El hombre agua quiso mentir de caparazón…
Un ballet de saetas partían de Modesto California,
el carril era un débil espacio de pulmones…
El tiempo hacía apnea en el templo de la herida,
brazadas de cien metros cortaban las alas.
Un océano recto para dejar la nariz ante un espejo,
aventureros que iban y venían a ese fuego que bordeaba sus cabezas.
La corona de laurel era el nuevo vestido de los ahogados.
La alquimia convirtió el agua en un acuario de relojes…


“Bajo el puente Mirabeau corre el Sena” y Paul Celan


Bajo el puente Mirabeau  no se entierran, no, las llamaradas de la memoria,
las piras han hecho del volátil espíritu un incendio de alcatraces
no,  no se ahoga Paul Celan en la fogata  del sol hurtado
en las chimeneas ,lo aterrador, es el llanto del humo

Bajo el puente Mirabeau,  Paul celan  no se ahoga, no, el Sena
es el  manto  de los poetas que han traído a los nardos
amor al agua que no conoce a la muerte, no,  no es muerte beber del Sena,
aquí vivirá el ataúd como un navío en todo el esplendor de la rabia.

No, Paul Celan no se ahoga, ya es la sierpe bajo  las piedras de primavera
la lumbre sumergida lacrimosa, y no para, y no para,  el sumergible:
“Después de Auschwitz si se puede escribir poesía”

Bajo el puente Mirabeau hay cuatro estatuas y un tapiz de nácar
evoca  el  amor  de ver la ciudad a través de las ventanas del Sena
luz que asciende  a la lápida de los hombres que no mueren
No, Paul Celan no se ahoga, otros son los ahogados, inmolados de sed…

“Bajo el puente Mirabeau corre el Sena” y Paul Celan


Soy el viaje en un grito de la concha del caracol


(Fragmento)

I

Tuve miedo cuando deshabitaron el vientre de mi madre, y era yo, que había conocido el mar antes de nacer. Un poeta menor expulsado a los atolones, a las musas coralinas que no existieron, a las brisas remotas con sus espíritus y saliva azul; desamparado de palabras, palabras que quisieron ser olas en el Cabo San Juan, engullir los colores, salvar el pigmento repetido de mi piel. Rasgadura, filtraciones de sangre en la memoria, las huellas en la arena de mis ancestros, el recuerdo que he dejado de mi vida.

Yo conocí el mar antes de nacer en la genética de las barcazas que se hundieron en las costas, en el pie de los Mongoles que atravesaron Alaska, soy la herencia de la crueldad
y la percusión de ultra sonidos en el devenir de América.
Y estoy aquí para bañarme de sal, para que mi piel muerta sea un cardumen innecesario y se lleve las historias de los olvidados. En las profundidades.

II

Quiero corroer a los busques que desataron mis palabras: hundir el cielo, porque soy faro de galaxias, la luz de lo indefinido. Cartas marítimas no olvidan que fui agua, corriente de gritos, relámpago de todas las latitudes, tramontanas que golpean mis costillas, zona abisal, círculo: rosa de los vientos, dirección de vientos mutilados…
Con una tremenda náusea anticipada se alejan los buques, se abren las escotillas, las bocinas de los barcos despiertan a los fantasmas, y piratas se anclan en el norte, en el norte Estrella Polar que iluminó argonautas, filibusteros, y todos inermes, babas de los dioses, se hunden de primitivos relatos, se hunden en la gran ola de Kanagawa, Todo es un gran estallido de la rabia, zozobra, abandono a los seres sin lágrimas.
Insensibles.

Embestidas marítimas en los acantilados, un devenir de dos dimensiones azules que tratan de juntarse. Quizá en el horizonte se unifiquen, y el sol se dé un chapuzón de atardecer, la lluvia acaricie el cielo líquido, y todo lo evaporado vuelva al inicio.
Todo es movimiento, arriba, abajo, burbujas estallan, nubes contra nubes, y un relámpago aparece, como si fuera una gran cuerda entre las dos dimensiones.

(Ah, el arpegio de las olas, sonidos, y nubes negras recuerdan al marinero portugués cuando navegaba hacia el Porto de Santos y su barco se hundía en una tormenta voraz.
Resignado gritaba lo indescriptible: Saudade, saudade. Fue la única vez en toda su vida, que una palabra lo salvó.)

Tortuga de los Galápagos llevan en sus caparazones los átomos de la génesis incierta.
Encallar la lengua, oscilar entre los silencios, abdicar el mar donde se ahoga el cuerpo.
Me abandona el mar, y me quedan las arcaicas branquias y todo volverá al inicio.
Seré de nuevo un pez marino. Eterno.
Marooned, Marooned.

IV

Mi tierra es un poema de piel roja, chubasco originario. El cactus que nace y da sombra a los ilegales. El sol lleno de cámaras, centinelas, muros y más muros, el águila y su graznido de jugar a las escondidas ante esos hombres con estrellas en sus pechos: Sheriffs, que cabalgan sus enormes caballos Mustangs por el desierto de Arizona, y chicanos desesperados van cerca de la playa de Tijuana para traficar voces de ausencias, murallas de esqueletos para contrabandear la libertad. ¿Dónde flotará el universo en la fosa común del río Bravo?

 

*

Un sembradío de voces


Juan Felipe López. Fotografía de Festival de Poesía de Medellin


Como un sembradío de voces  que reclaman un nuevo porvenir,  esa huella que vigoriza los cimientos desencajados por una guerra que ha inoculado grandes tragedias en la población Colombiana.  Esas voces que vitalizan los labios ante la violencia, ante  la palabra desenfundada que hiere, que cercena el diálogo, como un eslabón de cicatrices que no han suturado la memoria. Las voces de una poesía que humaniza la indiferencia  de quienes pueblan las garitas del confort,  de quienes se han encargado de silenciar  la quinesia espiritual de los campos.  Las voces de una poesía que vive, palpite y  que no se conforma  con la  inmovilidad: la catatonia de los hombres acartonados en su pesimismo.   

Como un sembradío de voces  que reclaman un nuevo mundo,  y sobre los pináculos espirituales que enarbola el amor, la poesía es un territorio que triunfa  ante la anomia  y  restaura el lenguaje lacerado que deja los actos violentos,  porque la poesía es una posibilidad de  ejercer resistencia, y dignificar los días  como  una visión sagrada  de trasformar  la vida de manera no violenta.  La sangre en ruinas es el silencio y la poesía  es el altavoz de un pueblo que se ha cansado de abandonar sus tierras, de irradiar las parcelas del miedo,  del llanto,  de la venganza. Los sueños que se prologan y que hermanan  un lenguaje de paz en un mundo que reclama la sinergia de los abrazos y la contemplación pacífica.

Como un sembradío de voces que reclaman la paz,  y conjuran las atalayas de una amistad solidaria, que la poesía sea el aditamento que irradie el espíritu de las nuevas generaciones, que agiten  sobre cada sílaba el triunfo de una reconciliación irrefrenable, que pueblen la grafía del amor en las esquinas de los barrios, que acaricien la nervadura en un jornal que invoque el agradecimiento de la tierra, que vitalicen la llamarada que permita danzar  sobre el sufragio del hierro, y que un canto ancestral sea un  llamado a la hermandad de los orígenes.

Un sembradío de voces que sueñan el nuevo amanecer de un país sin Guerra. La poesía que nos permitirá catapultar lo imposible en los rincones olvidados e invisibilizados, la oportunidad de construir la fuerza de una unión matizada por una paz que purifique nuestra historia de infamia.

*

Felipe López   Nació en Manizales, Colombia, en 1985. Psicólogo, poeta, gestor cultural y tallerista formador del Proyecto Gulliver en la ciudad de Medellín. Ha publicado el libro de poesía Aqua y la antología de poesía joven El vacío como llenura. Ha participado en el Festival Internacional de poesía de Medellín, Festival Internacional de poesía de Guayaquil, Ecuador, y del encuentro de escritores en el Faro de Tláhuac de la Ciudad de México. Ha sido Ganador del segundo Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín (convocado por la revista Prometeo y el Festival Internacional de Poesía de Medellín 2013), ganador del premio los Sueños de Luciano Pulgar (Biblioteca Marco Fidel Suarez de Bello) y de los Estímulos al Talento Creativo en Poesía por la Gobernación de Antioquia, 2014.

actualizado el 9 de mayo de 2017
Publicado en agosto de 2013

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