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Prosa poética de Britto García

Por: Luis Britto García

Nosotros, los hijos de Urakán, desafiamos para buena y leal guerra a nuestros hermanos los hijos del mar, y sobre las aguas les dimos muerte a todos, y nos dieron ellos muerte a todos, salvo a mí, que por no haber muerto de las heridas, tomando el canalete en las manos ensangrentadas dirigí la piragua hacia el seno de las olas en busca del latir del corazón de Urakán para rendir en él la última batalla. Pero Urakán me eludió. Encontré lluvias tristes y oleajes mansos en los que morían y nacían soles, soles, soles, muchos soles, y lunas, lunas, lunas, muchas lunas. Tres lunas navegué en la piragua alimentándome de los peces que alanceaba hasta que las olas me arrojaron a una bahía llena de chozas que flotaban. Un poblado de bohíos de piedra vomitó una tribu de hombres repugnantes y pálidos. No me dieron batalla. Con gran escándalo de homenaje o asombro señalaron mis heridas del costado, de los pies y las manos. Cayeron al suelo cuando aferré en una mano un pez, que traía para alimento, y en la otra la macana, donde se cruzaban el asta de madera y la maza de pedernal. No los solté durante el viaje de muchos soles. Metido en una caja de madera, soporté su griterío hasta que me depositaron en un gran bohío de piedra, frente a una pareja de ancianos hediondos y sin fuerzas. Adiviné que no tenían valor para matarse. Toqué sus frentes con la macana. Arranqué de sus sienes aplastadas sendos aros de oro y perlas y piedras brillantes, y los miré a la luz del único rayo de sol que podía entrar en el bohío. El cacique de una tribu de hombres de metal gritó. Gritó el piache de una tribu de hombres de trajes color de la noche. Por si acaso gritaban por los aros ensangrentados, le di uno a cada uno. Los tuvieron en las manos, fascinados. Se los pusieron en sus cabezas. Adoráronme, mientras yo cruzaba sobre mi pecho la macana y el pútrido pez. El cacique de la tribu del hierro ordenó a sus hombres desatar al aire el relámpago y el trueno. El piache de la tribu de la noche imitó el susurro de los vientos. No temí a ninguno de los dos, yo que buscaba la voz poderosa de Urakán. Comprendí que podía dominar a aquellos hombres usándolos a unos contra otros. Asfixiado por la peste de sudor rancio y cera quemada del bohío que era como una caverna, salí al sol e hice gesto de que me siguieran. Buscando los frescos soplos del viento caminé por los campos seguido por la tribu del hierro y por la tribu de la noche. Encontramos poblados que perdonábamos si nos daban cuanto tenían, y arrasábamos si nos daban batalla. Tribus de hombres de hierro y de hombres de la noche se nos unían como bandadas de zamuros siguiendo el olor de la carne quemada. Hombres envueltos en traperíos venían a decirme discursos que yo no entendía. Por deshacerme de su hedor, ordenaba que les dieran oro. Si todavía no callaban, les abría la frente con mi macana. Por pestilentes, rechazaba mujeres que entonces se abrazaban a mis piernas y lloraban. Fuimos quemando poblados por países de colores muertos y árboles tristes, atadas en nuestras lanzas enseñas que figuraban el pez y la cruz de mi macana. Ahora sólo había hombres que corrían de mí, y hombres que me seguían. Pasadas tantas lunas como dedos tengo en mis manos llegué a regiones donde el día era como la noche y donde el agua se volvía piedra. Supe que Urakán me había permitido contemplar el reino miserable de las sombras, donde van a dar los cobardes que no mueren en batalla. Así, yo conquistaba cadáveres. De allí su palidez, su putridez, los trapos con los que amortajaban sus cuerpos que tenían horror de enseñar: los túneles que como gusanos excavaban buscando el metal, del cual eran todos esclavos. El mundo se cubrió de una espuma blanca y dura. Comprendí que todo moría y que aquellos cadáveres se encerraban en sus bohíos porque eran siervos de la espuma blanca, que les recordaba la muerte. Quisieron adorarme en cuevas con paredes perforadas de falsos soles y rincones donde los gritos rebotaban. Les volví la espalda, asqueado. Busqué en los aires un recuerdo del sol. Siguiéndolo arrasé más poblados y aniquilé más ancianos con tocados de oro durante tantas lunas como dedos tienen mis pies. Cuando llegué a la bahía donde mi piragua era adorada en un tabernáculo, lancé a los pies de los hombres de hierro y de los hombres de la noche todos los aros dorados que había recogido, que eran tantos como los dedos de mis pies y de mis manos. Se arrojaron al suelo, disputándoselos. Mientras remaba, miré por encima de mis hombros y vi que también ardía el último poblado frente al mar. Terminaban de aniquilarse, o borraban toda huella de mi paso. Solo en la piragua, yo avanzaba raudamente. En el horizonte encendido de fuego por fin se oía el latido del corazón de Urakán, que me llamaba.

 

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Luis Britto García nació en Caracas, Venezuela, en 1940. Narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante,   autor de más de 70 títulos. En narrativa destacan Rajatabla (Premio Casa de las Américas 1970), Abrapalabra (Premio Casa de las Américas 1979), Me río del mundo (Premio de Literatura Humorística Pedro León Zapata), Los fugitivos, Vela de armas, La orgía imaginaria,  Pirata, Andanada  y Arca.  En teatro, La misa del Esclavo (Premio Latinoamericano de Dramaturgia Andrés Bello 1980) El Tirano Aguirre (Premio Municipal de Teatro 1975) Venezuela tuya (Premio de Teatro Juana Sujo 1971) y La ópera salsa, con música de Cheo Reyes. Guiones cinematográficos, como Carpión Milagrero, Zamora: Tierra y Hombres Libres, y La Planta Insolente: un hombre contra seis imperios. En ensayo, La máscara del poder, 1989 y  El Imperio contracultural: del Rock a la postmodernidad, 1990; Elogio del panfleto y de los géneros malditos, 2000; Investigación de unos medios por encima de toda sospecha (Premio Ezequiel Martínez Estrada 2005), Demonios del Mar: Corsarios y piratas en Venezuela 1528-1727, (Premio Municipal de Ensayo 1999), América Nuestra, Integración y Revolución, 2007; Socialismo del Tercer Milenio, 2009) y El pensamiento del Libertador: Economía y Sociedad, 2010. Premio Nacional de Literatura (2002), Premio Alba Cultural mención Letras (2010), Premio Nacional de Humanidades (2017).

 

-Columnas periodísticas Por Luis Britto García en Aporrea
-Blog oficial
-Artículos Cuba Debate
-Programa sobre intervención a Venezuela Especial de "Leyes del Pueblo"
-Conferencia Canal youtube de CIESPAL (Video)
-Foro Permanente de Pensamiento y Acción. Guerra Económica y Contraofensiva Productiva Canal del MinCultura Venezuela

Publicado el 15.03.2018

Última actualización: 19/07/2018