Festival Internacional de Poesía de Medellín

Que cante el agua



Semuc Champey: el agua sagrada de Guatemala
© Fernando Reyes Palencia


Por Juan G. Sánchez M.
Especial para Prometeo


Al amanecer, igual en los Andes que en los Apalaches o que en los Grandes Lagos del norte, los pájaros cantan. No importa si la mañana es gris y llueve en Bogotá, si hay tráfico en Toronto y cae nieve sobre la Isla Tortuga, o si los abuelos cipreses en las montañas altas de Guatemala están cubiertos de niebla; igual la mirla con sus patas naranjas, el blue jay con su poncho a cuadros, el cuervo escandaloso y encorvado, cantan. Agradecidos por la luz y el frío, ríen, se persiguen, se llaman, y parecen preguntarnos: ¿y cuál es tu canción…?

En el sagrado Popol Wuj, los hombres de barro y de madera no se sostienen fuerte sobre la creación porque han olvidado su canto. No así los hombres de maíz, quienes llegan al amanecer y desde entonces aprenden a agradecer a los abuelos con sus palabras floridas. También desde la Sierra Nevada de Santa Marta, las historias de origen kogui cuentan de una madre universal, Síbalaneumañ, madre del canto; y de un primer hombre, Sintana, quien no llega a ser hombre hasta que no tiene lengua, y solo alcanza la tierra negra, Séi-Nake, su mujer, cuando canta en la convergencia de las cuatro esquinas del mundo (Rocha 543). Como los transcriptores anónimos del Popol Wuj, también los de los Cantares Mexicanos nos legaron en náhuatl las canciones (cuicatl) del Valle de México en el siglo XV. Desde ese tiempo nos llega la voz del príncipe chichimeca Nezahualcoyotl: “Como si fueran flores / los cantos son nuestro atavío, / oh amigos: / con ellos vinimos a vivir en la tierra” (Martínez 182). Ante la incertidumbre de la muerte y el hermetismo del Dador de la Vida, Nezahualcoyotl encuentra en la amistad y las flores los motivos de su canto. Ante el caos, la destrucción y la sequía, ante el hambre, la colonización y el desplazamiento, el canto es fertilidad, cordón umbilical, memoria.

Cinco siglos es una sola noche en el largo caminar de nuestros territorios, y como habría de esperarse, los cantores de esta tierra continúan aprendiendo de los pájaros. Humberto Ak’abal canta: “Libro verde / árbol poeta / ¡cuánta poesía en tus hojas! / Quienquiera / que se pose en tus ramas / se vuelve cantor.” (99). Cesáreo Martínez canta: “Como todos los animales transparentes de la tierra así como las aves / sensitivas y famosas, el hombre tiene que comer para vivir. / La vida es la única realidad que nos cautiva.” (Web). Gaspar Pedro González canta: “Aguja de los dioses, / que tejes los güipiles / en una gota de rocío / pintado de sol” (25). María Teresa Panchillo canta: “Bajaré de los volcanes / Armada de canciones y palabras nuevas / Porque en quinientos años / Nunca han podido / Dispararme en la boca” (82).  La columna vertebral de Abya-Yala (las Américas) un río de cantos hacia el amanecer. Todos los cerros y los ríos, y todas las lagunas de Abya-Yala tejidos por el agua del canto. Y ahí están las voces del colectivo Snichimal Vayuchil (Sueños floridos), donde el poeta Xun Betan canta: “Cuando nací, no sabía quién era / caminando en la milpa me encontré / llegué a los brazos de mis abuelos / hermosa tierra que guarda mi ombligo. / Caminé las montañas y canté al viento / abrí las puertas de las nubes y del tiempo / bebí agua de los ríos y de arroyos / sembré flores y maíz en mis libros” (48).

Quienes cantan y gozan del sonido del agua, saben que la tradición de la escritura alfabética es solo uno de los múltiples caminos de la poesía. También el origen de esa tradición fue canto; canto órfico, canto de las musas en el Monte Helicón. En Europa, la edad media trajo consigo el monoteísmo forzado, el monopolio patriarcal de los libros, mientras los goliardos cantaban -como Nezahualcoyotl- a la brevedad de la vida. La imagen poética, la rima y la aliteración llevaron a un límite la lengua española en tiempos de barroco y misticismo, y los versos de Sor Juana Inés y de San Juan de la Cruz todavía conservan “un no sé qué que queda balbuciendo” (Web).

Tras la secularización del mundo occidental, la revolución industrial y la expansión colonial-patriarcal, la tradición del canto - como explica Henry Miller en El tiempo de los asesinos - fue silenciada por la guerra. Frente al racionalismo positivista, los románticos como Novalis se inclinaron a la noche, al sueño, y a la sensualidad del cosmos cuando la marea toca el acantilado. Poco a poco, románticos, simbolistas, modernistas fueron arrinconados y terminaron cantando como Baudelaire a un extranjero hermano de las nubes, o como Trakl a un solitario ensoñado entre bosques azules, o como Darío tilín-tilín dándole vueltas a la cajita del rey burgués. La canción del ocaso de occidente dejó a su paso una legión de poetas huérfanos, suicidas, enmudecidos; Altazor descomponiendo la lengua en un solo grito mientras cae en su paracaídas sobre un mundo devastado. ¿Dónde están los poetas que habrán de resonar más hondo que la bomba atómica?, se pregunta Miller. Y el Neruda de las odas canta: “todo me pide / que hable, / todo me pide / que cante y cante siempre, / todo está lleno / de sueños y sonidos, la vida es una caja / llena de cantos, se abre / y vuela y viene / una bandada / de pájaros…” (Web). Y el Paz de “La piedra de sol” canta: “el instante translúcido se cierra / y madura hacia dentro, echa raíces, / crece dentro de mí, me ocupa todo, / me expulsa su follaje delirante, / mis pensamientos sólo son sus pájaros, / su mercurio circula por mis venas, / árbol mental, frutos sabor de tiempo…” (Web). Capitalismo, socialismo, democracia, república, constitución, frontera, son todas palabras jóvenes en la larga historia del canto. Hoy el ocaso de estos proyectos parece irremediable. Y si escuchamos de nuevo el Popol Wuj, sabemos que tras el ocaso viene el amanecer, y de las cenizas de los volcanes nacen los elotes más dulces. Al final el canto perdura porque es el que nos hace humanos, como dice Joy Harjo: “Todo lo que importa está aquí. Todo lo que continuará importando en los próximos miles de años continuará estando acá. Acercándose a lo lejos está la niña que fuiste algunos años atrás. Mírala riendo mientras persigue una mariposa blanca” (59). (1)

“Así las cosas, ¿nos entonces vemos / el xxi? Los / verdaderos poetas son de repente: nacen / y desnacen en cuatro líneas, y / nada de obras completas”, decía Gonzalo Rojas. Y aquí vamos en el XXI con los ojos puestos en el agua, pues si la poesía es canto, este oficio no puede ser solo el del yo, el del poeta ensimismado; sino el de la caña hueca, el de la guadua crecida que zumba con el viento y resiste el vendaval. Matsuo Basho escribía en 1687: “Doblado por la lluvia / el bambú vuelve a alzarse / para mirar la luna” (54). El Abya-Yala cruza el Pacífico y se junta con el Este en medio del mar; “Kôten”, decía Javier González (2004). Por las sendas de Oku, las ondas que produjo una rana al caer en un estanque viejo se vienen ensanchando desde el siglo XVII: una rana es canto sobre el agua del pensamiento, o como dice el Taita Javier Dorado, “del pensasiento”. El canto es vibración sobre las aguas del mundo.

En la era de la información, olvidamos que las metáforas ya han sido dadas: la red, la nube, el tejido. Como el libro, el códice o el kipu, la velocidad de nuestro tiempo crea ilusiones de cercanía. La luz de los bytes no nos deja ver el sol a veces, pero en las últimas décadas esa misma luz nos ha permitido tejer revoluciones y comunidades virtuales solidarias. Hoy el canto fluye con el río hasta ser videoarte, podcast, performance, papel beige 60 gramos, y otra vez teatro, rito. Al amanecer, la pregunta del origen permanece intacta: ¿y cuál es tu canción…? Si la bomba es ruido, fuego, 500 años de esta larga noche; acaso la poesía que retumbará más fuerte habita hoy el agua y el silencio. Poesía-puente para cruzar, no para quedarse. Poesía-puente para curar, no para perderse.

Obras citadas
*Ak’abal, Humberto (2015). El animalero / The animal Gathering. Guatemala: Piedra Santa.
*Basho, Matsuo (2015). Diarios de viaje. Versión castellana de Alberto Silva y Masateru Ito. Fondo de Cultura Económica.
*De la Cruz, San Juan. “Cántico espiritual”. Web.
* González, Gaspar Pedro (1998). Sq’anej Maya’ / Palabras Mayas. California: Fundación Yax Te’.
* González Luna, Javier y Morales Muñoz, Sandra, eds. (2004). Kôten: lecturas cruzadas. Japón – América Latina. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana – Instituto Pensar.
* Harjo, Joy (2002). How We Became Human. New York – London: W.W Norton and Company.
* Martínez, José Luis (1994). Nezahualcoyotl. Vida y Obra. México: Fondo de Cultura Económica.
* Martínez, Cesáreo. “Cinco razones puras para comprometerse con la huelga”. Web.
* Miller, Henry (1962). The Time of the Assassins. New Directions Publishing.
* Neruda, Pablo. “El hombre invisible”. Web.
* Panchillo, María Teresa (2006). “Calibre 2568” en Hilando en la memoria. Chile: Editorial Cuarto Propio.  
* Paz, Octavio. “Piedra de sol”. Web.
* Rocha, Miguel. Antes el amanecer. Antología de las literaturas indígenas de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2010.
* Rojas, Gonzalo. “Ochenta veces nadie”. Web.
* Worley, Paul, translator (2018). Snichimal Vayuchil. Grand Forks, ND: North Dakota Quarterly Press.

1. Traducción personal. En el original: “Anything that matters is here. Anything that will continue to matter in the next several thousand years will continue to be here. Approaching in the distance is the child you were some years ago. See her laughing as she chases a white butterfly”.

Publicado el 23.03.2018

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