Festival Internacional de Poesía de Medellín

El virus de la fantasía



Por Víctor López Rache
Especial para Prometeo


Un niño gira dentro del círculo de espejos del virus de la distracción y lo ignora porque sus padres nacieron prisioneros de una red de fantasías y sus abuelos escucharon hablar de la muerte de la poesía como el acontecimiento del siglo XX y, a sus contemporáneos, les pareció un avance normal en la evolución de la criatura humana.

¿Dónde estaban los guías del espíritu, los críticos de la creatividad y los científicos de la materia? Como en un cuento de hadas, dividiendo a los hombres en dueños y admiradores.

La inteligencia es incompatible con la maldad y, para no sentirse cómplices, los genios bien pagos lucharon hasta convertir la acumulación alucinante en lo único digno de la vida sin importarles la expansión de la miseria y el riesgo en que ponían a la naturaleza. Nunca antes el saber había ejercido una violencia tan desconsiderada. Los triunfadores, en menos de dos décadas, en 69 nombres congregaron la riqueza de 3300 millones de personas. De los restantes 4400 millones, una fracción puede fingirse neutra y reclamar a gritos que respeten los matices y lean la escala de grises. Es un ejercicio de distracción innecesaria. Un poeta de La Biblia los llamó tibios. Y su tibieza, o imparcialidad, favorece a los dueños que, nunca, serán más de 69, para no culpar al imperio que sustituyó al anterior imperio.

No les bastó la apropiación del trabajo ajeno y se vienen apropiado de las semillas de las plantas, los genes de los seres vivos y los minerales valiosos de los planetas a su alcance. Mucho antes se apropiaron de la palabra, la sensibilidad, la imaginación y las esperanzas de los hombres y, hoy, pagan muy bien a científicos sociales para que, en cada país, convenzan a las etnias de lo beneficioso que les resulta renunciar a sus tierras, mitos y lenguas. Con la audacia de los genios de la ciencia de las hadas, a ello lo llaman Tradición de Occidente, Derechos, Democracia, Libertad de culto, Primavera Árabe, País problema. El destino integral del mundo depende de las manipulaciones de Los 69 y, salvo los incrédulos, los 7700 millones de admiradores anhelan imitarlos. Todo está predeterminado; ni siquiera han dejado opción para fracasar por propia voluntad. Si un hombre desiste, es perseguido; si una colectividad se opone, es eliminada; si un país disiente, será laboratorio para una próxima guerra. El miedo se ha convertido en la única constante respetable, y el equilibrio entre miedos lo concede la balanza del exterminio.

Al miedo le suman el virus contagioso de la distracción. Fabrican el apocalipsis con armas más eficaces que aquellas de átomos ebrios y trasmiten los efectos con el encanto de juegos pirotécnicos y los admiradores concluyen que no hay mejor forma de vida. Se mueven en el eje de la actualidad y, se proyectan en el mañana, ajenos a la pregunta y la reflexión. Son implacables. A la sombra de la muerte de la poesía, decretaron la inutilidad de la filosofía, ¡y mismos poetas se burlaron de la inspiración! Los pensadores saltan de las universidades a las mesas estratégicas de los medios con el único objetivo de distraer con dosis precisas de inhumana ilusión. Uno de los expertos en voltear códigos, puso a rodar la Postverdad, sin haberle dedicado media línea a La mentira antigua, La alta mentira, La mentira clásica, La mentira moderna y La postmentira. A estos promotores de la maligna ciencia de las hadas les sobra vanidad para mirarse en el espejo de los engaños.

Un poeta encerrado en su cuarto no puede cuestionar a impostores tan admirados y, menos, a los laboratorios cuyos científicos son capaces de arrojar señales fuera del sistema solar. Hay exegetas que afirman que eso demuestra la superioridad poética de la ciencia sobre la poesía. No faltó el poeta que considerara a un avión de guerra más bello que el rostro de la mujer amada, y otro calificó el deseo de cambio como el máximo de los fanatismos. A los poetas que persisten también los califican de acuerdo a los trucos de sus balanzas, y normalmente lo certifica una multinacional de la publicación o un premio escandaloso en publicidad y dinero. En un clic concentraron los saberes y, la intensa claridad de sus reflejos, desvirtúan el conocimiento con el mismo rigor que confunden y distraen las religiones. La promesa no puede ser menos temeraria. Fuera del sistema planetario conservarán la identidad de la especie si olvidamos las infamias terrenales y, optimistas, aplaudimos la gracia de Los 69 cuya expropiación a la humanidad entera la ramifican en 44 multinacionales entretejidas entre sí.

¿Un poeta cómo puede proponer una alternativa a esta perversión revestida de virtud? Cualquier propuesta será pesada en la balanza de las ganancias. Y si calla, será calificado como un demagogo del silencio. Regresar al desconocimiento esencial para reiniciar al hombre con proyecciones distintas a las milenarias, sería una propuesta necia; pero si puede contribuir a cambiar el imaginario. En fracciones pequeñas, en microcosmos. La razón es sencilla. Desde épocas lejanas la poesía pertenece a la minoría suprema de aquellos que tuvieron la dicha de aprender a leer signos opuestos a los códigos de consumo. Esta experiencia invita a la autocrítica para no tropezar con la imagen imperativa de nuestros pares felices con los reflejos que irradia la maravillosa burbuja de Las 69 divinidades de la acumulación.

Los satisfechos dependen de un gobierno, de una institución, de un político e incluso de una persona. En un ensayo, aparecido en OtroLunes, Antonio Cienfuegos se refiere a los países de Iberoamérica y detalla un entramado de corrupción en donde envolvieron a gente muy poderosa y con mucho peso literario. El escritor mexicano Heriberto Yépez afirma: Una literatura de la post-verdad, donde el fraude es el padre de los géneros literarios. Por otra parte: si bien las mayorías de los libros no son relevantes, hay algo muy interesante que el caso actual de la literatura mexicana está mostrando: el modo en que el Estado neoliberal construye-destruye literaturas. Y en un estudio sobre la poesía colombiana la chilena Aurora Villalba Linh escribe tampoco nos interesan los poetas que son dueños de editoriales y las usan para promocionar sus libros y hacen negocios con la lírica y muchos menos los que escriben versos al alimón con paramilitares…. Y sobran los testimonios y las denuncias sobre los premios en España. La poesía de editorial Planeta sonroja a sus propios autores; pues los textos de su sello sugieren que se deben ignorar las más elementales nociones literarias para ser considerados poetas. Las sucesivas antologías parecen guías turísticas de amigos tan parecidos que los distintos poemas se pueden intercalar y el lector más agudo los puede tomar como una obra, única e intransferible, no importa la edad del autor ni el país de procedencia. Como lo ordena la fórmula de la globalización , en ellos todo es estándar. La Fundación elige el jurado estándar, el amigo estándar rellena el formato de la poesía estándar y, antes del fallo, celebrará el más timpanero de los premios de la semana. Un inglés de robot les suena más poético que su lengua materna o las de las etnias de su país. Si el poeta no está en inglés no será considerado un poeta de la nación y, menos, en el concierto de los poetas internacionales.

En cambio, el Festival de Poesía de Medellín ha sufrido sucesivos ataques y, para su versión 28, debió acudir al apoyo de poetas de 177 naciones; pues los recursos del Ministerio de Cultura huían bajo disculpas con maquillaje de legalidad. A nivel individual no queda sino la resistencia pasiva en la soledad. Quien jamás ha ido a una oficina privada o pública a pedir un puesto en la fila –o, al menos, un viaje de promoción–, para ocultar la verdad de su espíritu, se limita a nombrar las desgracias sucedidas en otras épocas y otros lugares. El miedo a nombrar a los colombianos de la parroquiana burbuja de maravillas, lo obliga a citar a Cervantes, Marcelina Desbordes, Ósip Mandelstam, Cesar Vallejo. El miedo a las armas se ha traslado a nuestro cuarto; el pavor a Los 69 se ha convertido en respeto a un inescrupuloso que usa la poesía como desinfectante de sus trampas de funcionario de regímenes corruptos. El miedo impide susurrar lo escrito y vuelto a repetir: La casa de Poesía Silva tiene prohibida la entrada a los poetas, es alérgica a la poesía y condecora a políticos de asombrosa deficiencia humana y moral. Y en nuestro entorno sucede un miedo de muerte si alguien se atreve a preguntar, ¿en serio la obra de esa figura es tan mala para que merezca tantos homenajes y premios?

Los poetas de sensibilidad e imaginación se marginan del poder para verse en la integridad del hombre común; pues sólo un talento de la ironía escribiría un poema motivado en la burbuja maravillosa de Los 69 dueños del mundo y su ola de imitadores. La poesía puede ser escrita por un egoísta, pero un poema siempre será una expresión del alma colectiva. Es una salida común; pero inevitable. La poesía es una vivencia del futuro; es una dimensión espiritual y, de ahí, su inexplicable importancia y su permanencia contra todo género de desdeño y violencia. La poesía excede los límites y los símbolos. Una de sus hazañas: se recuerdan muchos poetas de un siglo y ningún poderoso. A propósito ¿cómo se llamaba el despojador más rico del mundo en el siglo XIX? Los expertos, máximo, recordarán a un personaje de Balzac. O a Napoleón gracias a las disquisiciones de Raskólnikov.

El poeta trasforma sus facultades y fuerzas en palabras insumisas a los significados de consumo oficial, y no siempre corre con la suerte de quedar en la memoria. Si el poeta conservara el remoto calificativo de visionario lo pondrían en ridículo. No importa si sus poemas, o sus opiniones, ponen en evidencia la enajenación irreversible de millones y millones de niños, cuyo futuro consistirá en aplaudir a los herederos de Los 69 cuando aparezcan en las pantallas de los hogares saboreando bombones de oro. La injusticia pragmática exige resultados y, también, mide la calidad de los versos en jerga economicista para armonizar con la norma venerada en la actualidad. Después de las armas, la red de comunicaciones contribuye a postrar el hombre y los espejos del virus de la distracción están de primeras en el catálogo de la más severa de las tiranías.

Estallar la burbuja de maravillas sería el gran aporte de la poesía en la construcción de una nueva vida en el mundo.


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Víctor López Rache nació nació en Toca, Boyacá, Colombia, en 1958.  Ha publicado los libros: Otra orilla de luz, 1985; La casa, premio nacional de poesía Ciudad de Bogotá, 1992; Sin espejos, Premio Nacional de Poesía Imaginación para un nuevo milenio, 2000; Sueños adelante, selección poética, 2009; Antes de despertar, antología 2013; Negando el tiempo, antología 2016.

Obtuvo en 1990 el premio de poesía Universidad Externado de Colombia. Finalista en el II Premio Nacional de Cuento La Cueva 2012. En 1988 fue finalista en el IV concurso nacional de cuento Francis A. Newall y en 1987 en el II concurso latinoamericano de cuento Ciudad de Florencia. Fue comentarista de libros en el Magazín Dominical, ha publicado ensayos y escrito prólogos. Poemas suyos han sido incluidos en distintas antologías.

Ha dedicado la vida entera a la creación literaria. Su obra inédita está compuesta por cuento, novela, ensayo y poesía.

- La creación o la dicha de partir a ninguna parte Por Víctor López Rache. Epanadiplosis.
- Poemas Editorial Mundo Eólico
- El milagro de evitar la escalera Por Víctor López Rache. Revista La Otra.
- Siempre huyendo Por Víctor López Rache sobre Pablo Montoya en Literariedad
- Los caminos de la palabra Sobre Silabario del camino, de Juan Manuel Roca. NTC.

Publicado el 29.03.2018

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