Festival Internacional de Poesía de Medellín

La poesía como parte de una nueva vida en el mundo



Por Aníbal Arias
Especial para Prometeo


Cuando estaba en pleno auge el capitalismo salvaje, rebautizado como neoliberalismo, con la globalización como su atractivo, se hizo famosa una clasificación discriminatoria y caprichosa que dividía a los seres humanos entre pragmáticos y poetas.

En la lógica de los ordenadores del mundo, los pragmáticos eran los de emular, el ejemplo a seguir para obtener éxitos, riquezas, ganancias, bienes, ingresos, placeres y hasta sexo. Los poetas, por el contrario, eran los ilusos, despistados, sin recursos, con dificultades y problemas, porque eran desadaptados que pensaban más en la paz, el amor, la ética, la solidaridad, el trabajo, la equidad, la belleza, el arte y la convivencia.

Para los primeros lo importante era amasar dinero, que por la vía de la competitividad, el emprendimiento individual y el fortalecimiento de las empresas lograra el crecimiento y el desarrollo que, por una especie de irrigación natural, empaparía a las sociedades, los países y el mundo; los Estados dejarían que la mano invisible del mercado arreglara las cargas para que todos estuvieran a gusto; se redujo la intervención del Estado. Para los segundos había que trabajar y producir para distribuir mejor, de manera que con la intervención de las instituciones fuera posible lograr la participación de la gente no sólo en la adquisición de bienes económicos sino en servicios fundamentales, como la salud, la educación, la cultura y, en general, en el bienestar colectivo y equitativo.

Como era de esperarse, los pragmáticos lograron su objetivo fácilmente. Más pronto de lo esperado, empresas y empresarios llenaron sus cajas y bolsillos de manera que sobrepasaron fronteras, hasta concentrar en poquísimas manos las riquezas de todo el mundo. El problema estuvo en que mientras menos eran los dueños de todo, más eran los desposeídos. Es decir, mayor era la desigualdad y el conflicto. Entonces, los que tenían mucho por disfrutar, tenían poco dónde disfrutarlo. En todas partes veían problemas. Pero no alcanzaron a comprender que no bastaba con tener si no se podía usar en el mundo real de la calle, la montaña y la playa, más allá de sus mansiones amuralladas y vigiladas. Que la belleza de la tierra y alegría de la vida no cabían en la prisión de sus posesiones, y mucho menos si no había paz.

Por su parte, los poetas reforzaron su convicción de que más allá de la aritmética del dinero existen intangibles de mayor valor, pues no hay felicidad individual en medio del desierto o del desastre. El bienestar de uno no es el bienestar de todos, pero el bienestar de todos sí puede arropar al bienestar de uno. Es decir, la vida no es tan contante y sonante cuando tienes que medir sensaciones, satisfacciones, emociones, percepciones, ilusiones y esperanzas. Tampoco es contable cuando el apoyo y la confianza son las palancas que mueven tus proyectos. Es decir, cuando el desarrollo y la economía también requieren de poesía. Y mucho más cuando se quiere vivir en paz.

La verdadera poesía va más allá de la razón. Podría decir que comienza donde termina lo comprensible, lo explicable. La poesía, aparece cuando la prosa, el relato lógico, la palabra racional no es capaz de expresar lo que en verdad se siente o se percibe. Por eso el poema es una creación donde las palabras dejan de tener el sentido convencional del diccionario para adquirir la dimensión y el sentido que el poeta quiere darle para expresar lo que un relato racional no puede transmitir. Es como una impronta personal para nombrar las cosas o las sensaciones.

Así es la vida, va más allá de guías, manuales y programas. Su realización tiene el manejo y la impronta personal de quien la vive o la padece. Por eso los programas, los proyectos, las metas y los objetivos, por importantes que sean, no tocan lo intangible. Es cuando la economía, la administración, el desarrollo, la legislación, la justicia y la ejecución necesitan los apoyos insondables de los afectos, las emociones, las sensaciones y las ilusiones, que no están en el mundo de lo razonable sino en el sentir, donde reina la poesía. La vida necesita hermanar la razón y el sentimiento, la economía y la poesía.

Si no basta la ciencia para interpretar y transformar la realidad y el orden social en el mundo, como tampoco basta la acción práctica, es necesario contar también con ingredientes que le den sabor y esencia a la vida, que alimenten los circuitos de las sensaciones, las emociones y las percepciones, de modo que la sensibilidad incorpore una mejor apreciación de la belleza y un mayor disfrute del arte y la cultura, precisamente donde la poesía predomina sobre todo. La educación y el afinamiento del gusto son parte fundamental de la vida.
Nadie, por más cosas que tenga, se siente bien si no se siente a gusto. Y el gusto comienza por la sensación poética de agrado que producen las cosas más elementales y sencillas, como la belleza del paisaje, el afecto de los seres queridos, el sabor de los alimentos, el color de las flores, el olor de las frutas, la expresividad de las palabras, la musicalidad de las canciones, la gracia de las costumbres, el mensaje de los versos y muchas cosas más que son cotidianas en la vida de una persona sencilla, común y corriente. Es decir, son condiciones que, por sublimes, son la esencia de la poesía misma, por lo que la poesía, como la paz, es fundamento de una nueva vida en el mundo. El bienestar también lleva intangibles, como la poesía.

La mejor apreciación estética en todos los aspectos es el camino para aproximar la gente del común al disfrute del arte y la poesía. Para lograrlo, no es una exigencia que el ciudadano tenga que recibir cursos académicos para perfeccionar su capacidad de apreciación. Es algo en lo que se puede avanzar en la vida cotidiana de todos los grupos sociales, desde la aldea más pequeña, si los recursos del Estado se orientan bien, incluyendo las festividades y actividades populares. Allí se dan expresiones culturales con sensaciones poéticas en los cantos, las danzas, las artesanías, los trajes, la gastronomía, las rimas, las coplas, las trovas y los contrapunteos, que acercan la gente al gusto poético.

De modo que la poesía tiene un papel en la construcción de la paz y de una vida nueva en el mundo hoy, como históricamente lo ha hecho; por tanto, debe ser parte del pacto por construir un mundo mejor. Si debe reconocerse su aporte al conocimiento, los afectos y la sensibilización por la naturaleza y el entorno social, es importante que la poesía y el poeta tengan una relación y un compromiso con el público y los lectores. Es lo que hace este Festival Internacional de Poesía de Medellín, al llevar a la poesía y a los poetas a encuentros con las comunidades populares, más allá de los centros y auditorios culturales.

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Aníbal Arias nació en Barbacoas, Nariño, Colombia, en 1948. Ha publicado los libros de poesía: Datos, 1978; Motivos ajenos a la voluntad, 1979; Sucesos aún no registrados, 1987; Buenos motivos, 1989 y Ana ama la fuga, 2004. Fue gestor y director de Talleres de poesía y Talleres de crónica y cuento en la Universidad Santiago de Cali, donde se desempeñó como bibliotecario.

Hace parte de varias antologías: Diez poetas colombianos, selección de Fernando Garavito (1976); Álbum de la nueva poesía colombiana, selección de Juan Gustavo Cobo Borda (1976); Poetas en Abril, antología de Luz Eugenia Sierra; Atlas poético de Colombia, selección de Gerardo Rivas Moreno (1994); Poéticas del desastre, antología de Julián Malatesta (mayo de 2000) y Cali- grafías ciudad literaria- Cali-graphies la cité littéraire, edición bilingüe a cargo de Fabio Martínez y Hernando Urriago (2008).

- Ensayo sobre Aníbal Arias y poemas del autor Barbarie ilustrada
- Sobre Aníbal Arias Peldaños de Arena

Publicado el 11.04.2018

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