Festival Internacional de Poesía de Medellín

El espíritu de la poesía en el tiempo



Por Siomara España
Especial para Prometeo


En el principio del caos; en la oscuridad y la posterior luz de un meteorito; en el agua dividiendo el todo; en la paleolítica caverna y sus sueños de bisontes; en los registros y búsquedas; en el canto recorrido para relatar la gesta; en el espejo de luna y su eternidad de sombras; en el imperioso tiempo: LA POESÍA.

La palabra en el principio, en la memoria, en la construcción del espíritu de cada ser humano,  de cada pueblo pequeño o magno, para cantar y contar sus hazañas y concursos en la historia, nunca desligada de la búsqueda, nunca des- dicha desde el miedo y a pesar de las sospechas, torturas o terrores, dictaduras, fascismos o barbaries, nunca el silencio, más bien la bandera para señalar, vaticinar, o reclamar la opresión y libertad, aún a instancias de la propia muerte o del destierro, por eso han buscado callarla, amputar sus manos y gargantas, porque la palabra sofoca y levanta la masa, el espíritu y la memoria.

No hay tiempo ni historia ni señoríos,  ni costumbres ni especies o civilizaciones, que dejara de nombrar la palabra del poeta,  ni observar desde su luz los estados del hombre, de la mujer, del paisaje, del pájaro o del agua.

La palabra del poeta lanzada como madeja ha sido luminiscencia para el amor y la muerte, para la cíclica permanencia de la vida.

No hay nada sobre la tierra que le sea indiferente fragmentado o dividido, su canto no ha cedido al tiempo  porque solo las formas cambian, las iluminaciones personales y la sensibilidad para percibirla.

Cambia  la geografía, lo superfluo o lo profundo, cambian los temas, los métodos, la inocencia, el entorno vulnerado y vulnerante, lo que infunde vida, el universo concebible único en su condición de esfera,  pero la voz de la poesía ha seguido en su inclaudicable, en su irreductible, en su incesante  mirada, en su voz de pedernal lanzado al firmamento.

Ni microcosmos, ni enseñas, ni banderas, ni epopeyas, ni tragedias nos serán ahora, porque hoy la realidad es múltiple y diversa, porque todo se sucede ante la infinita heterogeneidad del humano entre lo humano, pero queda la esperanza, queda una palabra conjugada en todas las lenguas, como la más alta torre en su conjunto simbolizador y único, queda la poesía en su necesidad de redimir la guerra, queda la poesía y la palabra del poeta, como resistencia y sublevación, ante la ferocidad de las civilizaciones dominantes, aquellas que nos someten, invitándonos por todos sus medios a la degustación del miedo. 

La ley del propio tiempo andado nos envuelve en su costado de años, como resplandor  y contingencia, como necesidad en el andamiaje de la vida y sus fracturas, pero la ilusoria fe del poeta sigue en su hilvanar de vida, de paz y construcción de quiméricos posibles que salven al humano.

La poesía construye y revela otras posibilidades, necesidad y contingencia se acumulan y borbotean entre sus vocablos, porque nada le es ajeno a la poesía, y ella sabe con todas y todos los poetas, que la supervivencia del hombre está en la palabra, en su movilidad de luz,  en su redención de muerte.

La poesía es violencia y desolación que salva, es angustia, contemplación y trascendencia, porque en ella caminamos solo un diminuto tiempo, en el espacio y los registros que nos fueron dados, que marcan el tropel de subsistencias, por eso, evadirnos, soslayarnos, o fungir de irresolutos, no debe ser posible, y exiliarnos de ella, desleal apostasía con los hados, con la llama que nos fue suministrada.

Se resiste también desde la poesía, por ello su cobijo cotidiano también es responsabilidad, trabajo y solidaridad ante el cataclismo, ante un mundo perentorio que estalla en bombas, en cuerpos inocentes, en las milenarias reliquias del tiempo. Por eso, el pacto de la poesía es sagrado acto ante la dispersión del orbe.  Queda la palabra, las palabras todas dichas y sin miedo en las naciones del mundo, hoy, más que en otro tiempo, son ellas las llamadas al desarme, (infamia y vergüenza del humano) que la poesía nos salve y sea el instrumento para prorrogar la vida, ante la muerte.

Abril-19-2018


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Siomara España nació en Guayaquil, Ecuador, en 1976. Es poeta, crítica y catedrática de arte y literatura. Licenciada en Literatura española. Ha sido incluida en Múltiples Antologías Poéticas de Ecuador, Perú, México, Cuba y España, y en varias Ediciones Cartoneras de Latinoamérica. Ha participado en diversos encuentros literarios en su país y también en México, Perú, Estados Unidos, Brasil y Cuba.

Ha publicado los libros de poemas: Concupiscencia, 2007; Alivio demente, 2008; De cara al fuego, 2010; Jardines en el aire, 2013; Construcción de los sombreros encarnados / Música para una muerte inversa, 2016. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués, árabe y japonés. Obtuvo el Primer Premio del Concurso Nacional de Poesía ‘Juegos Florales’, de la Casa de la Cultura Ambato, 2012 y el Primer Premio Concurso de Poesía Universitaria Universidad de Guayaquil, entre otros reconocimientos.

- Poemas Vallejo & Co
- Poemas Revista La Otra
- Entrevista a Siomara España Letralia
- Me gustan las mujeres y qué Poema en el canal Youtube de Siomara España
- Concupiscencia de Siomara España Por Augusto Rodríguez en letras.mysite.com

Publicado el 09.05.2018

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