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La poesía también embiste

Por: Mauricio Arcila Arango

“Y si admites también la musa placentera, en cantos o en poemas,
reinarán en tu ciudad el placer y el dolor”

Platón - La República

 

¿A qué lugar del Universo irá a parar el eco del canto del poeta? ¿A qué mente soñadora le vibrarán las fibras de su cuerpo afortunado? ¿A qué lenguaje naciente le servirá la palabra brindada del amor flotante? ¿A qué labios soñadores se le retribuirá el beso de la recompensa? ¿A qué mundo le será donada la promesa del eterno paraíso? ¿A qué poeta, a qué infante, a qué persona, eterno femenino? ¿A qué mujer le llegarán las letras, misteriosa, dichosa, afortunada? ¿A qué instante, a qué lugar, a qué refugio? Mentes dispuestas para el acto puro.

Desde el día de aquél rechazo, cuando el poeta jugó a ser naturaleza, y los cantos fueron renegados por las lágrimas que se servían, cuando la palabra de los sabios repudió los instintos, y los cuerpos marginados fueron puestos a la marcha de las razones constructoras de edificios, donde no había un lugar dispuesto a nuestros corazones, remembranzas de la antigua discordia, cuando los dioses no estuvieron dispuestos al canto, la presencia de su ausencia condenó los homenajes, fuimos puestos a la soledad de la fría y eterna noche, sin audiencia.

De la palabra del poeta brota la lágrima del alma, el esfuerzo del hombre realizado, acto forzoso y voluntario, feliz y desgraciado, como ese encuentro apresurado de la satisfacción espiritual, niños entonando el canto, memoria e infancia en este encuentro satisfechas, para resistir la ley y el orden, el dolor del pensar, y la incertidumbre del hombre en el tiempo, de los elementos que lo confunden y lo arrastran, manifiesto, entre las rocas de los mares, las arenas de las playas, en los lugares recónditos del mundo, ante la presencia de la nada.

Ese día que los niños fueron naturalizados como hombres, responsables del trabajo de la risa, de la producción inmanente, ante la indiferencia de las bestias racionales, aquellos que juegan a aprender, el destino breve del tiempo, la contemplación de las semejanzas y el señalamiento de las diferencias, color y dolor, sonido y placer, hijos de la luz, de las historias que serán recordadas, por animales o dioses, da lo mismo, lugar común de la humanidad, aquí donde se emprende el diálogo, y confluyen los coros de los inmortales.

A esa imaginación que fue negada de la tierra, y aun así siguió viajando, errante, entre las canteras, los comensales y las bardas, aquél que siguió soñando, sin recuerdos, entre multitud de hombres, fácilmente imitado y multiforme, puesto en acto ante el régimen perverso de las mentes habladoras, condescendientes de ironías, que no distinguen de lo grande y lo pequeño, de lo vano y lo primordial, trágica existencia del héroe, entregado a aquellos, los mortales, vástagos de la generación perdida, que confunde el canto con el llanto y ríen.

Como aquel día que fueron obligados a guardar silencio, ante el advenimiento de los coros celestiales, donde la poesía fue raptada al margen, y ni los sátiros se atrevieron a hacerlo, la palabra era de su majestad, belleza puesta al servicio del poder, sin actores para el sacrificio de la tragedia, ni los entonadores embriagados del baile, maldad fea, ridícula y ausencia, solamente en la contemplación de los sometidos, retorcidos, sumisos e indoloros, sin disponerse a llevar la piel que permitiría el reconocimiento, aquella promesa de ser, nosotros mismos.

Es esta la condición relativa al poema, la de admitirse, sin encomios, abiertos a la musa placentera, fugada de la diosa Minerva ante el dolor imperante, antiguo, ilícita necesidad de aquella alma creadora, renunciando a la verdad, hechizada entre las voces, por aquella promesa que surgió de los ojos de la amada, lectura profunda que hace brotar las letras del abismo de los libros, moradora del tiempo, violencia provechosa del interrogante, repitiendo y escuchando las sentencias de aquella auditoria que reza: la poesía no debe ser tomada enserio.

A qué género consagrar el canto, a qué lugar volver la mirada, epopeya o ditirambo, medios genéricamente diversos del poema para la consagración del mundo, plaza universal de los escuchas cósmicos, donde los desaparecidos, los no-muertos, contemplan los altares que fueron puestos a disposición de su regreso, como espíritu o carne, siempre bienvenidos, ante la mesa dispuesta de la palabra, con los brebajes añejos, en reposo, a la espera, platillos preparados para los migrantes, esos que atraviesan las distancias y llegan a la lectura correcta.

Con qué motivo se le llama Drama a la acción del hombre, si los dioses también sufren, quién reclamará la autoría de la comedia, si la risa es la disposición de la voluntad del universo, qué tragedia guiará a los héroes al cumplimiento de su destino, Atenas, Roma o New York donde las plazas se llenan de gente primitiva, que nos expliquen la diferencia de los cuántos y los cuáles, que nos traigan aquí la diferencia desollada y expuesta, que nos señalen el arriba y el abajo donde seremos arrojados en algún momento o desde donde llegamos para no volver.

Volverán días mejores, las madres recibirán a sus hijos, los muertos no-muertos serán sepultados, reconoceremos a los desaparecidos, se pagarán las indulgencias, la llegada justicia por venir, llegando a tiempo, a los corazones, a los grupos que serán reencontrados, también abrazaremos a los infieles que serán aceptados, a los hipócritas que serán perdonados, para ellos entonaremos los más puros cantos, y les brindaremos las mieles, las pieles y los trajes más frescos, esta es la promesa que tiene el alma para el alma, el poema.

Hoy jugamos a las artes y presentamos a los bailarines, hoy nos limpiamos las lágrimas y disponemos el rostro, hoy encenderemos las almas y representaremos las acciones rítmicas, hoy se afinarán las voces y los cantos de la poesía, hoy entonaremos las métricas y los saberes de los pueblos, hoy celebraremos el presente en el presente, sin postergar la presencia de los aquí dispuestos, hoy seremos el objeto de reproducción de las generaciones futuras, hoy conquistaremos la tierra en la tierra, hoy seremos mejores o iguales, no peores. 

Que no se les olvide y por siempre lo recuerden, que la carne y el cuerpo son espíritu, que lo que hoy llamamos fuego también es alma, y del polvo se extrae la palabra de los hombres, que los caminos recorridos son el testimonio de la vida, y el espíritu también camina sobre el agua, que el destino no es la tierra sino la extensión del universo, y las nubes son los sueños pasajeros y los sueños duraderos también llueven lágrimas, porque la fuerza es poesía y la poesía es certeza, porque la poesía también retorna, porque la poesía también embiste.


Mauricio Arcila Arango nació en Medellín en 1985. Director y miembro fundador de la Revista Innombrable desde el año 2009. Su obra poética ha sido publicada en diversas Revistas de América Latina y España, entre sus publicaciones se encuentran: Las Flores del Caos, (H)onda Nómada Ediciones, Colección Pase de Abordar, México D.F, 2013; Antología de Poesía “II Internacional Nadaísta”, Centro Transdisciplinario Poesía y Trayecto A.C, México D.F, 2015; y participe de la antología "Naufragio del Nigromante", Aquelarre Editoras, México D.F, 2015. Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Fue docente del Departamento de Filosofía de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México. Es Maestro en Saberes sobre Subjetividad y Violencia, Historiador de la Universidad Nacional de Colombia. Ha participado como ponente y realizador de diferentes congresos, coloquios y eventos de arte y humanidades.

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Publicada el 22.03.2019

Última actualización: 28/02/2022