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Decálogo del arte

Por: Gonzalo Fragui

Los poetas siempre andamos pensando en el bien de la humanidad. Por eso, si contribuimos con un verso, una idea, para que el mundo sea mejor, nos daremos por satisfechos.

De ahí este “Decálogo del arte” pensado a partir de la poesía como semilla del arte.

 

I

 

Es conocida esta historia de Ítalo Calvino: “El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el s oberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella. El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza. Carlomagno se enamoró del lago de Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas”.

Esta es mi primera premisa del arte: El arte debe tener encantamiento. Gracia, como pedía San Pablo.

 

II

 

La segunda premisa la extraigo de una historia de Henry Michaux:

“El Gran Pintor fue condenado a la horca. Fue puesto de puntillas y con la soga al cuello. Si asentaba los pies moriría ahorcado. El Gran Pintor entonces se sostuvo con un solo pie y con el otro dibujó ratones sobre la arena. Los ratones eran tan perfectos que tomaron vida, subieron por el cuerpo del Gran Pintor y royeron la cuerda”.

El arte tiene que ver con la libertad y debe tener un carácter liberador.

 

III

 

La tercera premisa tiene que ver con el lenguaje.

Cuentan que unas personas fueron donde Madame Berlioz y le pidieron que les hiciera un lazo. Madame agarró un pedazo de cinta, le dio varias vueltas, hizo el lazo, lo entregó a los visitantes y les dijo:

   - Son mil dólares.

Las personas, alarmadas por el precio, exclamaron:

    -¿Mil dólares, por un pedazo de cinta?

Entonces Madame Berlioz, sin inmutarse, deshizo el lazo y les dijo:

- No, la cinta es gratis.

Igualmente el lenguaje es gratis. Pero el lenguaje, dice Hölderlin, es el don más peligroso que se le ha dado al hombre. Un regalo de los dioses. Un don que debemos preservar. Con el lenguaje se oculta o se muestra, se hiere o se sana, se acaricia o se golpea, se salva o se mata. Depende de lo que nosotros como escritores y como seres humanos hagamos con él.

Hay quienes creen incluso que el lenguaje es inofensivo. Que no tiene poder alguno. Pero, cuidado. Ni la dinamita es tan peligrosa como la palabra. El lenguaje es decreto. Saint Germain dice que el lenguaje es marcador, es más fuerte que el hierro candente que se utiliza para marcar con fuego a las reses.

También Fernando Pessoa dice: “La patria es el lenguaje”. Pero nos movemos como si efectivamente fuéramos los dueños del lenguaje, sin comprender que sin lenguaje el ser humano estaría a la intemperie. Al respecto Heidegger dice: “Aunque tuviéramos mil ojos y mil oídos, y mil manos, y muchos otros sentidos y órganos, si nuestra esencia no consistiera en el poder del lenguaje todo permanecería cerrado para nosotros”.

Y en los nacientes del lenguaje está la poesía. En Mucutuy siembran el agua. Siembran una taparita con agua bendita y al cabo de los años nacerá allí un río, una quebrada. La poesía es como la taparita, hace nacer al lenguaje.

El lenguaje es la piel. El lenguaje no son sólo palabras. El lenguaje es lo más profundo. Roque Dalton decía: “Perdóname, Poesía, por hacerte comprender no estás hecha sólo de palabras”.

Y esto me recuerda que hace algunos años fuimos a un recital en el penitenciario de Santa Ana, en el estado Táchira. Al salir vimos unos reclusos pegados a una alta cerca de alambre, giraban sus brazos como veletas, hacían énfasis, lloraban o reían, sus ojos puestos en otra gran cerca que estaba a lo lejos. Detrás de esta otra cerca, varias mujeres correspondían con igual o mayor fervor a los hombres. No se habían tocado nunca, no sabían sus nombres, no hablaban entre sí, pero yo no he visto ni he sabido de otro amor más carnal que el de estos amantes.

 

IV

 

Cuarta premisa: El arte tiene que ver con la verdad.

Dice Eduardo Galeano que en lengua guaraní, ñeë significa “palabra” y también significa “alma”. Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma.

En último caso, el arte es una mentira que dice la verdad. Como esta historia que paso a contarles, y que ahora no recuerdo de quién es.

“En un hospital había una sala donde sólo había una ventana que daba al exterior. En esa ventana estaba la cama un enfermo, quien se había ganado ese privilegio por ser el más viejo y por no tener familiares que lo visitaran. Era el único que podía ver por la ventana.

Un día, el enfermo de la ventana, describió casi con pudor cómo una pareja se besaba en la grama del parque que había en las afueras del hospital. Otro día se preocupó por una pobre viejecilla que casi no podía caminar y se mojaba con la lluvia. Una noche describió el cielo con todas sus estrellas. Y así cada día el enfermo de la ventana explicaba a sus compañeros lo que sucedía en el exterior.

Todo lo que pasaba afuera y era contado por el enfermo de la ventana repercutía en los sueños y en los pensamientos de los demás pacientes. Una noche alguien lloró recordando a su primer amor, otra noche otra viejecilla rezó porque su contemporánea no hubiera enfermado con la lluvia, y alguien confesó no haber mirado nunca a las estrellas. Diariamente la vida de aquellos desdichados era afectada por lo que sucedía fuera del hospital cuyo único contacto era aquel paciente de la ventana.

Pasó el tiempo y el enfermo de la ventana murió. Ahora todos querían la cama de la ventana. Tuvo que venir el director del hospital y decidir.

El nuevo paciente se instaló en la cama con cierto orgullo. Miró por la ventana y lo que vio lo dejó estupefacto. No lo podía creer. Afuera sólo había una pared que no permitía ver nada del exterior”.

 

V

 

Quinta premisa: El arte debe ser por necesidad.

Toda acción en el ser humano debe ser por necesidad. Comer, amar, escribir. Entre los escritores hay quienes escriben para el mercado, los que escriben para buscar notoriedad, reconocimiento, premios, etc, pero hay también los que escriben por necesidad. Para decirlo con palabras de Guillermo Sucre: “Hay quienes escriben para sobresalir y hay quienes escriben para buscar una salida”.

Por eso no debemos caer en la trampa de la publicidad, de la promoción, de las editoriales, de las modas de la crítica. Escribimos porque no podemos evitarlo. Y publicamos porque queremos compartir con nuestros amigos, familiares, y lectores desconocidos nuestras experiencias, nuestros temores, nuestras dudas, nuestras alegrías. 

Pero no todo tiene que ser publicado. Debemos tener cuidado. Decía el poeta Gilberto Ríos: “El que quiera ser poeta que se trague tres anzuelos de oro azul y empiece a sacarse todo tipo de basura, gasas sucias, neumáticos lisos, sentimientos retorcidos, y así por mil años. Luego puede empezar a escribir”. No tenemos por qué mostrar nuestras miserias.

Y si no se publica tampoco pasa nada. Borges en su Fragmentos para un Evangelio Apócrifo le resta importancia a tales males. Dice: “Si un hombre enciende una lámpara en la mitad del desierto y nadie la ve, no importa, Dios la vio”.

 

VI

 

Sexta premisa: El arte no son malabarismos.

Hay quienes creen que el arte son fintas, espectáculos y llenan su vida de extravagancias, de soberbias, de supuestos originalismos, de sinsentidos, de fuegos artificiales que van desde experimentalismos huecos hasta los diminutivos de cierta literatura infantil, pero el arte no tiene nada que ver con eso, el arte debe decir. Por lo menos debe dar señales como la fisis de Heráclito, que se oculta y se muestra.

El poeta Eliseo Diego en su poema "Los riesgos del equilibrista" dice:

Lo que verdaderamente importa
es que cada paso del equilibrista
puede muy bien ser el último
Porque el poeta está siempre en la línea de fuego.

 

VII

 

Séptima premisa: El arte tiene que ver con la lectura.

Leer con todos los sentidos. Debemos leer no sólo en los libros sino en la naturaleza y en la sociedad.

“Un día el Hermano Ginés de la Fundación La Salle quiso educar a unos indígenas. Fue a la selva, buscó a los que creyó más inteligentes y se los llevó a la ciudad. Le cambió los taparrabos por uniformes, les puso zapatos de suela y los encerró en una especie de monasterio donde intentó enseñarles español, religión, buenas costumbres y formas de comportarse en sociedad.

Durante las noches, el Hermano Ginés los llevaba a la biblioteca pero los indígenas dejaban los libros abiertos y se pegaban a la ventana para ver la luna.

Después de un tiempo de infructuosos intentos, el Hermano Jinés devolvió los indígenas a la selva, convencido de que eran seres inferiores y que no tenían posibilidad alguna de aprender ni de superarse.

Lo que nunca se imaginó el bueno del Hermano Ginés era que los indígenas no leían libros sino que por siglos habían aprendido a leer las señales de la luna, los ríos, los cantos de los pájaros. Todas esas cosas que algunos escritores tienen prisioneras en los libros”.

 

VIII

 

Octava premisa: El arte debe revolucionar.

En el arte no hay fórmulas. Nada queda igual ante los embates del arte. Ni la poesía misma. Ni el lenguaje. La poesía arremete contra todo y lo instaura todo de nuevo.

El escritor está comprometido con su pueblo, con el lenguaje y consigo mismo. El escritor debe intentar, como decía Neruda, que el mundo sea digno para todas las vidas humanas, no sólo para algunas. El escritor debe hablar, porque todo lo que calle será utilizado en su contra.

 

IX

 

Novena premisa: El arte como responsabilidad.

Dice Heidegger que si un médico da un tratamiento equivocado a unos enfermos se corre el peligro de que puedan morir. Si un arquitecto construye mal un edificio se puede caer trayendo como consecuencia la muerte de personas. Pero si un profesor de literatura interpreta ante sus alumnos un poema en forma absurda, “no pasa nada”. Tal vez sería mejor hablar aquí con más cautela: Si interpretamos mal un poema, parecería que no pasa nada. Pero, cuidado. Un día –tal vez dentro de 50 ó 100 años- habrá pasado algo sin embargo.

 

X

 

Décima premisa: la humildad.

El escritor debe tener humildad. No es mejor ni peor que los demás seres humanos. Hay escritores que se creen superiores sólo por el hecho de escribir, sin embargo Rimbaud decía que la mano que conduce la pluma es igual a la mano que conduce el arado.

Contaba el poeta Domingo Miliani que cuando su padre se enteró que iba a estudiar literatura no estuvo de acuerdo. El padre era constructor y deseaba que Domingo fuera ingeniero civil. Años más tarde, ya graduado Domingo, el padre le volvió a preguntar que para qué servían sus estudios. Domingo le respondió amorosamente:

- Para nada, viejo. De no servir para nada también se hace una profesión. Es una cuestión de sistema métrico. Usted mide el mundo en metros cúbicos de concreto. Yo aprendí a medirlo en versos. Ninguno de los dos es mejor. Sólo que son sistemas métricos diferentes.

Finalizo con una anécdota que ilustra más lo que digo:

En el V Festival Mundial de Poesía de Mérida un poeta leía, en voz alta y ante un escaso público, un poema en un parque. El poeta empezó su lectura:

- Se me crispa la piel al ver caer las hojas de los árboles
- A mí también- dice un viejito que estaba casi acostado en un banco del parque.

El poeta interrumpe la lectura, mira condescendiente al anciano, y se lanza de nuevo con su verso:

- Se me crispa la piel al ver caer las hojas de los árboles
- A mí también- vuelve a decir el viejito.

El poeta interrumpe de nuevo su lectura y, un poco molesto, le pregunta al anciano:

- Disculpe, maestro, ¿acaso usted también es poeta?
- Noo…
- Y entonces ¿por qué se le crispa la piel cuando caen las hojas de los árboles?
- Ah, porque yo soy el que barre el parque.

*

 

Gonzalo Fragui nació en Mucutuy, Mérida, Venezuela, 1960. Es poeta, narrador, periodista y editor. Licenciado en Comunicación Social. Magister en Filosofía, y Candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Co-fundador del grupo literario y del fondo editorial Mucuglifo. Ha publicado los poemarios: De otras advertenciasDos minutos y medioLa hora de JobViaje a PenélopeObra poética (1989-2004) y Epistolabio.

Igualmente ha publicado los libros de anécdotas y relatos breves PoeteríasEbriedadesEl escorpión de CeraMinitaurusCronopioscopio y el libro de humor campesino Pueblerías.

En 2001 obtuvo el Premio de Poesía de la III Bienal Nacional de Literatura Juan Beroes, Estado Táchira. En 2008 el Premio de Crónica de la Bienal Orlando Araujo, de Barinas. En 2014 la II Bienal de Literatura Argimiro Gabaldón, de Portuguesa. En 2015 la I Bienal de Humor Alí Gómez García, Caracas. Actualmente trabaja como Director del Departamento de Literatura en la Fundación para el Desarrollo Cultural del Estado Mérida.

-Poemas Web del FIPM
-Epistolabio Poema en el Canal Youtube del FIPM
-Lectura de Gonzalo Fragui en el Festival Internacional de Poesía de Bogotá Canal Youtube de FUNDACOMARCA
-Lectura en el Festival Internacional de Poesía de Bogotá (2)
-Poemas en Letralia
-Poemas en Tinta China.net
-Poeterías, de Gonzalo Fragui por Ramón E. Azócar A. en Analitica.com
-Extractos de Ebriedades  Letralia.com
-Minificción de los jueves: Gonzalo Fragui El Nacional

Publicado el 20.03.2019

Última actualización: 14/04/2019