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Huellas de la guerra en la obra de algunos poetas

Segunda Guerra Mundial. Foto El País.

En torno a “Poesía, pensamiento y memoria sobre la guerra y la paz” uno de los ejes temáticos del 29º Festival Internacional de Poesía de Medellín, presentamos una selección de poemas de George Trakl, Wilfred Owen, Guillaume Apollinaire, Vicente Huidobro, Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Paul Celan, Gavin Ewart y Edgar Lee Masters.

 

Grodek


         Por George Trakl


Por la tarde resuenan en los bosques otoñales
las mortíferas armas, y en las llanuras áureas
y en los lagos azules rueda el sol más oscuro.
La noche abraza a los guerreros moribundos,
irrumpe el lamento salvaje de sus bocas quebradas.
Pero silenciosas en la pradera,
rojas nubes que un dios airado habita
convocan la sangre derramada, la frialdad lunar;
y todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo el dorado ramaje de la noche y las estrellas
vaga la sombra de la hermana por el bosque silencioso
saludando las almas de los héroes,
las cabezas sangrantes.
Y en el cañaveral suenan las oscuras flautas del otoño.
Oh, qué soberbio duelo, con altares de bronce;
un terrible dolor nutre hoy la ardiente llama del espíritu,
por los nietos que no han nacido aún.


George Trakl. ( Austria 1887-1914 ). Poeta austriaco nacido en Salzburgo en 1887.Su obra poética, influenciada por autores como Rimbaud, Hölderlin y Novalis, osciló entre el expresionismo y el simbolismo, y se convirtió en  un gran legado para generaciones posteriores. Durante la primera guerra mundial participó en la batalla de Grodek, lo que le produjo una crisis nerviosa que le condujo al hospital psiquiátrico de Cracovia, donde se suicidó el 3 de noviembre de 1914.

*

 

Extraño encuentro

           Por Wilfred Owen

 

Imaginaba haber salido del combate
por un profundo túnel, excavado hace tiempo
en la roca por mano de titanes.
Pero también allí gemían, apiñados
durmientes, cuyo sueño temía importunar.
Luego, al hablarle, uno se puso en pie: miraba
hacia mí fijamente, con ojos compasivos
y una mano que alzaba como en gesto de dádiva.
Por su sonrisa conocí aquel hosco lugar,
en su mueca de muerte supe que era el Infierno.

Un enorme dolor afligía a aquel rostro
pero no había sangre que filtrara la tierra,
ni estruendo de rifles, ni gemido de obuses.
«Amigo—dije—aquí no hay nada que llorar».
«Nada—respondió él—salvo el tiempo abolido
y la desesperanza. Cualquiera que fue tuya
fue también mía un día: busqué sin freno alguno
la hermosura mayor que en el mundo cupiera
y no está en unos ojos serenos, ni unas trenzas,
sino en algo que burla la huida de las horas
y no sana su herida nada que sea del mundo.
Porque por mi alegría han reído los hombres
y de mi oscuro llanto algo ha sobrevivido
y debe ahora morir: la verdad nunca dicha,
la pena de la guerra. Ahora a muchos hombres
contentará lo que nosotros malgastamos
o, tal vez, descontentos, lo verterán en vano
Pasarán con la urgencia atroz de una tigresa.
Nadie romperá filas, aunque se retroceda.
Busqué siempre el dolor, pero encontré el misterio.
Busqué siempre el saber, pero encontré el dominio:
perder el paso de este mundo en retirada
a vanas fortalezas carentes de murallas.
Luego, cuando en la sangre se atascaran los tanques,
lavaría las ruedas con un agua muy dulce,
incluso con verdades demasiado profundas,
y daría a mi espíritu rienda suelta, sin freno
y sin herir a nadie, terminada la guerra.
Hay hombres que han sangrado sin tener ni una herida.

«Yo soy, amigo mío, aquel al que mataste.
Te conocí en lo oscuro, pues tenías el gesto
con el que ayer hundiste en mí tu bayoneta.
Intenté, sí, esquivarla, pero estaban heladas
y dormidas mis manos. Durmamos, pues, ahora…»

 

Himno a la juventud condenada

         PorWilfred Owen

 

¿Doblarán las campanas por aquellos que mueren como ganado?
Sólo la rabia monstruosa de los cañones
el rápido tartamudeo de los fusiles
pueden rezarles una breve plegaria.

Para ellos, no más ceremonias, oraciones ni campanas
ni voces de luto o salvas en coros,
Sólo el agudo, rabioso gemido de coros de obuses
y clarines llamándolos desde dolientes condados.

¿Qué candelabros pueden encenderse para ellos?
No en sus manos de niños sino en sus ojos
brillará la sagrada luz de los adioses.

La pálida mirada de las muchachas serán sus mortajas;
Sus ofrendas, la ternura de dolidos recuerdos
y cada lento atardecer se inclinará ante sus memorias.

 

Wilfred Owen. (Inglaterra. 1893-1918) Es considerado por los historiadores como el principal poeta de la Primera Guerra Mundial. Sus inicios en el mundo de la poesía llegaron a la temprana edad de diez años. Poetas románticos como Shelley o Keats fueron una gran influencia en sus primeros trabajos.

*

 

Si yo muero allá lejos en el frente de la guerra…

       Por Guillaume Apollinaire

Si yo muero allá lejos en el frente de guerra
Tú llorarás un día oh Lou mi gran amor
y después mi recuerdo se apagará en la tierra
Como un obús que estalla en el frente de guerra
Bello obús semejante a la mimosa en flor

Más tarde este recuerdo que en el aire ha estallado
Cubrirá con mi sangre la tierra toda entera
El valle el mar y el astro que pasa como al lado
De Baratier los frutos de oro en primavera

Presencia en cada cosa olvidada y viviente
Yo encenderé el color de tus senos rosados
Encenderé tus labios y tu cabello ardiente
Tú no envejecerás y todo lo existente
Cobrará nueva vida sobre el destino amado

La fuga ineluctable de mi sangre en el mundo
Dará un fulgor más vivo al sol agonizante
Hará la flor más roja y hará el mar más profundo
Un amor inaudito descenderá hasta el mundo
Y tendrá más poder en tu cuerpo tu amante

Si al morir allá lejos mi recuerdo se olvida
Recuerda Lou en los éxtasis más puros de tu vida
-En tus días de ardor y pasión amorosa-
Que mi sangre es la fuente de esta dicha futura
Y siendo la más bella sé tú la más dichosa
Oh mi amor oh mi única oh mi inmensa locura!

 

Sombra


        Por Guillaume  Apollinare


De nuevo estáis aquí a mi lado
Recuerdos de mis compañeros muertos en la guerra
La oliva del tiempo
Recuerdos que no sois más que uno solo
Como cien pieles que no forman más que un manto
Como esos miles de heridas que no son más que un artículo de periódico
Apariencia impalpable y sombría que has apresado
La forma cambiante de mi sombra
Un indio al acecho durante la eternidad
Sombra te arrastras junto a mí
Pero ya no me oyes
No conocerás más los hermosos poemas que canto
mientras yo te oigo aún te veo
Destino
Sombra múltiple que el sol te guarde
A ti que me amas lo suficiente para no abandonarme nunca
Y que danzas al sol sin levantar polvo
Sombra tinta del sol
Escritura de mi vida
Arcón de penas
Un dios que se humilla

 

Poema a Lou

       Por Guillaume  Apollinare

Llegó el invierno y ya he vuelto a ver los brotes
En las higueras los cercados Amor nosotros vamos
Hacia la paz esta primavera de guerra en la que estamos
Estamos bien Aquí escucha el grito de los hombres
Un marino japonés se rasca el ojo izquierdo con el
               pulgar del pie derecho

Por el camino del exilio vienen los hijos de reyes
Mi corazón gira alrededor de ti como un kolo donde
bailan jóvenes soldados serbios junto a una virgen
               dormida

El infante rubio da caza a sus ladillas bajo la lluvia
Un belga que se ha internado en los Países Bajos lee un
               periódico en el que hablan de mí
En el dique una reina observa espantada el campo de
               batalla

El enfermero cierra los ojos ante la horrible herida
El campanero ve caer el campanario como una pera
                madura
El capitán ingles cuyo barco naufraga fuma su última
               pipa de opio

Los hombres gritan Grito cara a la primavera de paz
               que va a venir

Escucha el grito de los hombres
Pero yo grito cara a ti mi Lou eres mi paz mi primavera
Tu eres mi querida Lou la dicha que yo aguardo
Por ella nuestra dicha me preparo para la muerte
Por ella nuestra dicha sigo confiando en la vida
Por ella nuestra dicha luchan los ejércitos
Apuntamos utilizando un espejo sobre la infantería diezmada
Los obuses pasan como estrellas fugaces
Los prisioneros van en tropas dolientes
Y mi corazón tan solo late por ti querida
Mi amor mi Lou mi arte y mi artillería

Guillaume Apollinare. Poeta, novelista y ensayista francés , nacido en Roma en 1880.A los diecinueve años se radicó en Paris. Fue columnista en "Mercure de France" y en 1903  fundó "La revue inmoraliste".  Amigo de importantes escritores y pintores de la época, fue gran impulsor del cubismo y el surrealismo, aportando obras  célebres como "Caligramas",  "Alcoholes" y "Zona"  que influyeron notablemente en las generaciones posteriores. Obtuvo la nacionalidad francesa y se alistó como voluntario en la primera guerra mundial. En 1916 fue herido de gravedad, falleciendo dos años más tarde cuando aún no se recuperaba de sus heridas.

*

Tambores contra la guerra

     Por Vicente Huidobro

 

La trinchera
Sobre el cañón
Cantaba un ruiseñor
He perdido mi violín
La trinchera
Rodea la Tierra
Qué frío
Todos los padres vestidos de soldados
Uno silba tras su propia vida
CRAONA VERDÚN ALSACIA
Hermoso blanco es la luna
La sombra de un soldado
Ha caído en un agujero
En el suelo ensangrentado se ve
Al aviador que se golpeó la cabeza contra
/una estrella apagada
Y mejor que un perro
El cañón vigila
A veces
ladra
A LA LUNA
Todas las estrellas son agujeros de obuses

 

Las ciudades

           Por Vicente Huidobro

 

En las ciudades
La gente habla
Habla
Pero nadie dice nada
La tierra desnuda gira todavía
Y hasta las piedras gritan
Soldados vestidos de nubes azules
El cielo envejece entre las manos
Y la canción en la trinchera
Los trenes se alejan sobre cuerdas paralelas
En todas las estaciones se llora
El primer muerto fue un poeta
Un pájaro escapó de su herida
El aeroplano blanco de nieve
Gruñe entre las palomas del atardecer
Un día
se ha perdido en el humo de los cigarros
Nublados del cielo
Nublados de las fábricas
Es un espejismo
Las heridas de los aviadores sangran en todas las estrellas
Un grito de angustia
Se ahogó en la bruma
Y un niño arrodillado
Alza las manos
TODAS LAS MADRES DEL MUNDO LLORAN

 

Vicente Huidobro nació en Santiago de Chile en enero de 1893 y murió en Cartagena, Chile, en enero de 1948. Fundador  del creacionismo, vanguardia poética del  siglo veinte. También fue narrador, y fundador y partícipe muy activo de numerosas publicaciones dedicadas al arte, y a la literatura en particular. Identificado con posiciones de izquierda, expresó una voz crítica y participó en la defensa de la República española. "Altazor", publicada en 1931, es considerada su obra cumbre.

*

 

El crimen fue en Granada

        Por Antonio Machado
 

A Federico García Lorca

I.

El crimen

 

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

 

II.

El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

 

III

Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

        Del libro La Guerra (1936-1939).

 

Antonio Machado. Poeta español nacido en Sevilla en 1875 y fallecido en Collioure, Francia, en 1939. Cantó a la tierra, al mar, a los olivos, y en diversos tonos a la gloria del amor. Fue testigo de la gran desgarradura del siglo veinte en España que fue la Guerra Civil. En su poesía se refleja la visión dolida de su patria y la recreación de la belleza que encierran las pequeñas cosas. Perseguido por el ejército Nacional, huyó junto a su anciana madre desde Rocafort (Valencia) hacia la frontera con Francia siguiendo los embarrados y peligrosos caminos del litoral valenciano en un invierno frío y gris. Entre sus obras publicadas se destacan «Soledades, galerías y otros poemas» en 1903, «Campos de Castilla» en 1912, «Nuevas canciones» en 1925 y «La guerra» en 1938.

*

 

Oda a los niños de Madrid muertos por la metralla

          Por Vicente Aleixandre

Se ven pobres mujeres que corren en las calles
como bultos o espanto entre la niebla.
Las casas contraídas,
las casas rotas, salpicadas de sangre:
las habitaciones donde un grito quedó temblando,
donde la nada estalló de repente,
polvo lívido de paredes flotantes,
asoman su fantasma pasado por la muerte.
Son las oscuras casas donde murieron niños.
Miradlas. Como gajos
se abrieron en la noche bajo la luz terrible.
Niños dormían, blancos en su oscuro.
Niños nacidos con rumor a vida.
Niños o blandos cuerpos ofrecidos
que, callados los vientos, descansaban.
Las mujeres corrieron.
Por las ventanas salpicó la sangre.
¿Quién vio, quién vio un bracito
salir roto en la noche
con la luz de sangre o estrella apuñalada?
¿Quién vio la sangre niña
en mil gotas gritando:
¡crimen, crimen!,
alzada hasta los cielos
como un puñito inmenso, clamoroso?
Rostros pequeños, las mejillas, los pechos,
El inocente vientre que respira:
La metralla los busca,
la metralla, la súbita serpiente,
muerte estrellada para su martirio.
Ríos de niños muertos van buscando
un destino final, un mundo alto.
Bajo la luz de la luna se vieron
las hediondas aves de la muerte:
aviones, motores, buitres oscuros cuyo plumaje encierra
la destrucción de la carne que late,
la horrible muerte a pedazos que palpitan
y esta voz de las víctimas,
rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.
Todos la oímos.
Los niños han gritado.
Su voz está sonando.
¿No oís? Suena en lo oscuro.
Suena en la luz. Suena en las calles.
Todas las casas gritan.
Pasáis, y de esa ventana rota sale un grito de muerte.
Seguís. De ese hueco sin puerta
sale una sangre y grita.
Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados
gritan, gritan. Son niños que murieron.
Por la ciudad gritando,
un río pasa: un río clamoroso de dolor que no acaba.
No lo miréis: sentidlo.
Pequeños corazones, pechos difuntos, caritas destrozadas.
No los miréis: oídlos.
Por la ciudad un río de dolor grita y convoca.
Sube y sube y nos llama.
La ciudad anegada se alza por los tejados y alza un brazo terrible.
Un solo brazo. Mutilación heroica de la ciudad o su pecho.
Un puño clamoroso, rojo de sangre libre,
que la ciudad esgrime, iracunda y dispara.

(1937)

Vicente Aleixandre (1898-1984).Poeta sevillano, miembro de la Generación del 27 y premio Nobel de Literatura, apoya la causa republicana y, tras la guerra, decide quedarse en España y dedicarse a la escritura desde su “exilio interior” en la sierra madrileña. Cuando estalla la guerra, aunque el poeta Vicente Aleixandre no milita en ningún partido político, decide prestar su apoyo a la causa repu­blicana y el 20 de noviembre de 1936 suscribe, junto con otros escritores, his­toriadores y gente de letras, un manifies­to dirigido a los “antifascistas de todo el mundo”. En él se puede leer: “Nuestros combatientes, con los dientes apretados, resisten en silencio, y con su gesto son ya una exigencia de responsabilidades his­tóricas para todos aquellos que, estando obligados a mantener una conducta, la eluden ahora cobardemente...”

 

*

Fuga sobre la muerte

          Por Paul Celan

 

Negra leche del amanecer la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía y de mañana la bebemos de noche
                      bebemos y bebemos
excavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez.

Un hombre vive en casa juega con las serpientes escribe
escribe al anochecer a Alemania tu cabello dorado Margarita
lo escribe y sale de casa y fulguran las estrellas silba a sus perros
silba a sus judíos hace excavar una fosa en la tierra
                      nos ordena toquen dancen

Negra leche del amanecer te bebemos de noche
te bebemos de mañana y a mediodía te bebemos de tarde
                      bebemos y bebemos

Un hombre vive en casa juega con las serpientes escribe
escribe al anochecer a Alemania tu cabello dorado Margarita.
Tu cabello cinericio Sulamita excavamos una fosa en los aires
                      allí no hay estrechez

Grita claven más hondo en la Tierra ustedes unos y otros
                      canten y toquen

Echa mano del hierro en el cinto lo esgrime sus ojos son azules
Claven más hondo los azadones ustedes unos y otros sigan tocando
                       a danzar.

Negra leche del amanecer te bebemos de noche
te bebemos de mañana y a mediodía te bebemos de tarde
                       bebemos y bebemos
un hombre vive en casa tu cabello dorado Margarita
tu cabello cinericio Sulamita juega con las serpientes.

Grita toquen más dulcemente a la muerte la muerte es un maestro de Alemania
grita toquen más gravemente los violines luego subirán como el humo en el aire
luego tendrán una fosa en las nubes allí no hay estrechez.

Negra leche del amanecer te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro de Alemania.
Te bebemos de tarde y de mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul
atina a darte con bala de plomo atina certeramente.

Un hombre vive en casa tu cabello dorado Margarita
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania
                       tu cabello dorado Margarita
                       tu cabello cinericio Sulamita.

Traducción de J. Francisco Elvira Hernández

 

“Fue compuesto en 1946, y no precisamente sobre la base de su propia experiencia personal, sino después de que el poeta hubiera tenido conocimiento de la costumbre –inaudita y delirante– instaurada por los oficiales de las S.S. de hacer acompañar con música orquestal –ejecutada por los propios judíos confinados– a aquellos otros que cavaban con sus palas la tumba común”. Hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a danzar / (...) / que suene más dulce la muerte”.

Paul Celan, poeta rumano de origen judío  nacido en  Chernovtsi en 1920. En 1938 inició estudios de medicina en Paris y al estallar la  II Guerra mundial regresó a Rumania donde fue condenado a trabajos forzados mientras sus padres morían en un campo de concentración.  Liberado por los rusos en 1944, trabajó inicialmente como traductor y editor en Bucarest y Viena, para radicarse definitivamente en Paris donde obtuvo en 1950 la Licenciatura en Filología y Literatura por "L'Ecole Normale Superieure". Considerado como el más importante poeta en lengua alemana de la posguerra. Tradujo entre otros, a Rimbaud, Mandelstam, Michaux, Char, Valéry y Pessoa. Se quitó la vida arrojándose al Sena en 1970.

Muertos de Guerra

                Por Gavin Ewart

 

Con un brazo gris doblado sobre un rostro verde
El polvo de los carros que pasan lo cubren,
Yaciendo a la vera del camino en el lugar apropiado.
Porque ha cruzado la última visión lejana
Que nos oculta el valle de los muertos.
Yace como equipo usado, dejado de lado,
Del cual nuestro rápido avance no puede sacar ventaja:
Rosas, carros triunfales, pero éste murió.

Otrora monumentos guerreros, lamentable intento
En cierta forma vaga, una lamentable excusa
Para esos perdidos futuros que los muertos soñaron.
Cubierta la tierra con su lamentable piedra.
pero en nuestros corazones llevamos una carga más pesada:
Los cuerpos de los muertos que yacen a la vera del camino.

Gavin Ewart, cuyo primer volumen de poemas fue publicado en 1938, fue llamado a servicio en la Real Artillería Británica cuando tenía 23 años.  Vio acción en África e Italia entre 1940 y 1945, permaneciendo en ese país hasta 1946.  Terminada la guerra trabajó por muchos años escribiendo publicidad y recién en 1964 publicó su segundo volumen de poemas.  Sin embargo, en los campos de batalla, Ewart escribió 9 poemas y después 3 recuerdos de esa época de su vida.

 

*

Harry Wilmans

      Por Edgar Lee Masters

Yo acababa de cumplir los veintiuno,
y Henry Phipps, el superintendente de la Escuela Dominical,
pronunció un discurso en el Teatro Bindle.
“Hay que defender el honor de la bandera”, dijo,
“tanto si lo ataca una bárbara tribu de tagalos
como la mayor potencia de Europa.”
Y nosotros aplaudimos y vitoreamos el discurso y a la
/bandera que agitaba al hablar.
Y me fui a la guerra desoyendo a mi padre,
y seguí a la bandera hasta que la vi ondeando
junto a nuestro campamento en un arrozal cerca de Manila,
y todos la aplaudimos y vitoreamos.
Pero había moscas y bichos venenosos;
y había un agua mortífera,
y un calor cruel,
y comida podrida, nauseabunda;
y el hedor de las letrinas, detrás de las tiendas,
a las que iban los soldados para evacuar;
y las putas que nos seguían, llenas de sífilis;
y los actos bestiales que nos hacíamos unos a otros o solos,
dominados por la brutalidad, el odio y la degradación,
y días de asco, y noches de miedo,
hasta que llegó el momento del ataque a través del
pantano pestilente,
siguiendo a la bandera,
y al fin caí, con un grito y una bala en las entrañas.
Ahora, en Spoon River, hay una bandera sobre mí.
¡Una bandera! ¡Una bandera!

De “Antología de Spoon River”, traducción de Jesús López Pacheco y Fabio L. Lázaro.

Edgar Lee Masters nació en Kansas, Estados Unidos, en 1868, y murió en Pensilvania, en 1950. Además de poeta, fue dramaturgo y biógrafo. Fue abogado y opositor férreo a la guerra y a la expansión de su país. La “Antología de Spoon River” es una antología de voces muertas, seres que hablan desde la muerte y desnudan a la sociedad norteamericana representada en un pueblo imaginario, Spoon River.

Última actualización: 08/04/2019