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Charles Simic, Serbia-Estados Unidos

Por: Charles Simic
Traductor: Juan Carlos Galeano

Bestiario para los dedos de mi mano derecha

 

1

Pulgar, diente flojo de caballo.
Gallo para sus gallinas.
Cacho del diablo. Gusano gordo
Que me pegaron al cuerpo 
Cuando nací.
Traigan cuatro para calmarlo,
Dóblenlo por la mitad, hasta que
Le giman los huesos.

Córtenlo. Que él sabe arreglárselas
Solo. Echar raíces en la tierra,
O irse de caza con los lobos.

 

2

El segundo señala el camino.
Camino verdadero. El que cruza la tierra,
La luna y algunas estrellas.
Miren, señala más allá.
Se señala a sí mismo.

 

3

Al del medio le duele la espalda.
Entecado, sin acostumbrarse a la vida;
Viejo al nacer. En busca de algo
Que tenía y lo perdió,
Sigue buscando en la mano,
Lo mismo que un perro,
Con diente filoso,
Rastrea sus pulgas.

 

4

El cuarto es un misterio.
A veces, cuando mi mano
Descansa sobre la mesa,
Salta de repente
Como si alguien dijera su nombre.

Tras visitar cada hueso, dedo,
Me acerco hasta él, preocupado.

 

5

Algo se mueve en el meñique
Algo perpetuamente a punto
De nacer.  Débil y obediente,
Con muchísimo tacto.
Sabe pesar una lágrima
Y sacar la paja del ojo.

 

El viento

 

Al tocarme, tú tocas
El país que te ha exiliado.

 

Desarmando el silencio

Quítale las orejas primero,
Con mucho cuidado, para que nada se riegue.
Con un silbido cortante, rájale la barriga.
Si hay cenizas adentro, cierra los ojos
Y sóplalas para donde vaya el viento.
Si hay agua, agua dormida,
Trae la raíz de una flor que no haya bebido agua por un mes.

Cuando llegues a sus huesos,
Y no tengas un perro,
Y no tengas un ataúd de pino,
Ni una carreta tirada por bueyes para hacerlos sonar,
Mételos dentro de tu piel.
La próxima vez que te encojas de hombros
Los sentirás apretarse contra los tuyos.

Ahora se ha oscurecido.
Con cuidado y paciencia
Búscale el corazón.  Vas a tener
Que arrastrarte hasta los cielos vacíos
Para escuchar su latido.

 

El pollo sin cabeza

1

Cuando dos por dos eran tres,
Empollaron al que no tenía cabeza.
Cuando la tierra todavía era plana,
Se cayó de su borde por andar soñando despierto.
Cuando había 13 signos del zodiaco,
Encontró una estrella muerta y se la puso de molleja.
Cuando el primer zorro se estaba casando,
Aprendió a volar con una sola ala.
Cuando los huevos todavía eran de oro,
Las nubes en el cielo sabían a mazorca tierna.
Cuando la lluvia le inundó su gallinero,
Del huesito de la suerte hizo su
 arca.
Ah, cuando lo único que comía era su propia carne asada,
Del relámpago hizo su pincho,
La tormenta le sirvió de sal y condimento.

 


Charles Simic. Poeta, traductor y ensayista norteamericano, nacido en Yugoeslavia en 1938. Ha publicado más de veinte poemarios, numerosas traducciones de poesía de la Europa Oriental y ensayos. Su obra dotada de gran ironía y humor negro nos ofrece cosmogonías cotidianas con alusiones traumáticas al mundo contemporáneo y a las sociedades totalitarias. Sobre su estilo, The New York Times Book Review afirma que "…en el reino de la imaginación... pocos poetas norteamericanos han sido tan influyentes y únicos como Charles Simic…”. La sencillez profunda de sus poemas le ha permitido buena recepción en el mundo anglosajón y en países de otras lenguas, así como el merecimiento de numerosos premios y distinciones, entre ellos el de ser Poeta Laureado por el Congreso de los Estados Unidos y el Premio Pulitzer 1990. Por muchos años, fue profesor de la Universidad de New Hampshire y vive a orillas del lago Bow en Strafford, New Hampshire, al norte de los Estados Unidos.

Publicado el 12.06.2020

Última actualización: 11/07/2020