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Naturalidad de la palabra

Por: Carlos Cociña

 

 

 

 

Los seres vivos se comunican, todos. Están constantemente en una red de información, de captar estímulos y elaborar respuestas. En este proceso, algunos manejan conexiones más complejas que constituyen códigos. La elaboración y utilización de códigos es determinante para complejizarlos aún más, como en el caso de los animales. Entre estos, el género humano se caracteriza por la utilización del código verbal, sea este hablado o escrito, con alguna forma de representación visual o táctil. El código de sonidos es fácilmente detectable como tal, aún más con su expresión corporal. La escritura o alguna de sus representaciones, en muchos casos es más difícil de percibirlo como tal.

La palabra tiene una función comunicativa cotidiana, complementada por la expresión corporal. Sin embargo, en su aspecto referencial, siempre está cargada de una construcción de una visión que, en ese sentido construye realidad. Y está no es fija, pues está mediada por la particular interpretación de la misma hace quien la emite y hace quien la recepciona. La palabra es exacta en su indeterminación, en la multiplicidad del referente que construye cuando opera.

Los humanos utilizamos las palabras, se está consciente de ello, sobre todo cuando no la encontramos, cuando no nos quedamos sin palabras. De ese sin palabras se hace la literatura, de encontrar aquello que no sabemos cómo decir. Para ello combinamos los sonidos, que utilizan todos. Quienes hacen literatura no son dueños de las palabras, ellas pertenecen a todos los que las usan, los contemporáneos, y también quienes no están y las utilizaron, y los que vendrán. Y esa palabra que parece propia, y lo es, será del otro que la escuche o lea. En ese sentido pertenecemos en la palabra de todos, como pertenecemos a la naturaleza, siendo parte de ella, de una manera particular con todos y toda ella.

Santiago de Chile, 2019.

Muestra de poemas

 

2. El segundo fragmento
(emisión escrita primera)
"Estructura de la mirada"
 

(Fragmento)

 

el ojo instintivo

que en los lomos

se abre por entre los matorrales,

 

el ojo fijo en la presa,

y la rapiña,

el alimento.

 

Soy ojo de la mosca,

cúpula brillante que distingue inmóvil:

algo se mueve. . .

 

desde el animal

soy ojo en la materia

y me gasto

y me trizo la papila.

Ojo que desgrana la gravedad

y la fuerza,

trizado entre la paja y la viga,

ojo a la luz cegado,

que gira la pupila

hasta descubrir la marca

en ese otro rostro.

 

Y si la masa anega al ojo,

entre las sustancias,

el párpado mojado

es la cavidad que accede a

lo que fueran los objetos.

 

 

Descripción de Acto Penitencial.

 

En un cubo de madera, de vidrio, de plástico, de aluminio,

de espejo, de láser,

con capacidad para más de un par de manos.

Reflejo los ojos,

y no son mis ojos

que miran el cubo,

y coloco mis manos,

y hay otras manos que empiezan a desarmar las formas geométricas,

para poner el matiz de la mirada,

o el roce de la piel sucia de dedos que se han ocupado.

 

No son sólo mis manos, son otras miradas las que abren,

las que inundan este reducto,

este cabo donde las manos van marcando sus pulgares,

y las huellas no son las mismas,

y las miradas se abren ante la sorpresa de otros rostros, otra piel que no amedrenta y tiene aristas particulares,

y tiene las marcas de las manos que se juntan y las miradas

que pueden mirar otras manos, otras frentes, otros rostros,

las otras pieles que ocupan el espacio, el cubo que en la materia,

escoge la piel para mirar y rozar y tocar y juntar y ver

la piel que tiene otras aristas y no es brillante y no es lisa.

La piel de las manos y los ojos que ya no son los únicos ojos.

 

 

1 C

Casi no camina el agua en estos confines que nacen de ser desterrados en la propia patria. Es en este punto donde queremos recuperar los pequeños actos ceremoniales que nos amarran el cuerpo a este pedazo de la tierra, con el cual el único vínculo será finalmente el feroz deseo de gritar la canción nacional. Es esto lo que pretendemos recuperar en este desesperado intento por reencontrar la palabra que sea el exabrupto verbal de esta realidad que no se puede nombrar en la palabra quebrada. Es mucho más allá la fuerza que nace del inmenso y pequeño acto de estar vivos. Es absolutamente atentatorio mostrar a viva voz la cara escogida entre las caras para ser lo vivo en las mañanas sin posibilidad; sin embargo, estar vivos y saberlo y decirlo y repetir sin olvidar que es el salto en la cuerda floja quien permite la risa del fornicio y los hijos y el poder decir mañana en el día de ayer, cuando no había ninguna posibilidad de asegurar la escritura de la tribu.

 

 

2C

Tú sabes que sin mirar, ves mucho más de reojo en la presencia de cada uno de nosotros, simples posibles obstáculos a la luz o la ausencia de la misma en el horizonte que abarca la mirada en un retorno a la posibilidad de ver y dejar de ver el ojo en la cavidad orbital por tratar de irse al agujero óptico, pero tú también sabes que no es posible revolver los caminos e irse al reverso de la cuenca pues las glándulas y vías lagrimales están aferradas a los conductos del hueso, con lo cual toda la posible dirección es el camino de la arteria central de la retina y dirigirse directamente por el cuerpo vítreo, disparado por el cristalino y la córnea al único posible encuentro con uno mismo en la plenitud de la mirada que es en el afuera que llega en la luz del reflejo de los semejantes, en la mirada donde tu ojo es sólo el reflejo de una luz que esquiva la sombra de su dimensión cuando encuentra que su explicación está más allá de su concavidad y ve que la explicación está en  a mirada del gran ojo que se construye en la suma individual de las miradas de cada uno de los posibles miradores y hacedores de lo asequible de mirar en este visible encuentro con lo que todos construimos.

*

 

 

De pronto desapareció toda la cadena de

montañas,

y por única vez, la ciudad extendió la vista

a un horizonte de grandes praderas.

Una cordillera transparente dio vista a una

llanura imaginaria.

________________________________________________________________

Como una cadena de montañas que nace en el

mar del sur

y se despeña hasta las aguas antárticas,

la cruz de los andes atraviesa la selva

y los valles

con el ruido de las nieves y las mareas del oeste.

Como una cadena de montañas,

de sur a norte, que

se eleva hasta la bóveda de la cruz

de las estrellas,

la cordillera sostiene el mar que se va sobre

la pampa

como una única ola.

La montaña de los andes se estrella en el cielo

cubierto de sales marinas.

* * *

 

Carlos Cociña nació en Concepción, Chile en 1950. Es poeta, ensayista y editor. Dirigió la revista de literatura Fuego Negro, y la revista Envés. Ha publicado los libros de poesía: Aguas servidas, 1981; Tres canciones, 1992; Espacios de líquido en tierra, 1999; A veces cubierto por las aguas, 2003; 71 (setenta y uno), 2004; Plagio del afecto, 2010; El margen de la propia vida, 2013, Premio Municipal de Literatura de Santiago, 2014; La casa devastada, 2015, Premio Círculo de Críticos de Arte de Chile, Premio Poesía, 2017; Poesía cero (Antología), 2017 (Fundación Pablo Neruda. Reconocimiento a la trayectoria poética y compromiso con la poesía de Chile, 2017), y Materiales, 2019. También ganó el Premio a la trayectoria en el Festival de Poesía La Chascona, 2017.

En palabras suyas: “Utilizo o me apropio de distintos lenguajes, como el cotidiano escuchado en la calle, el periodístico, el arquitectónico, y también el científico. En este último caso lo hago porque es un lenguaje que se entiende que es exacto y que da cuenta efectivamente de la realidad”.

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-“Carlos Cociña: Del desmoronamiento a la certeza de la construcción”: Una conversación con Sergio Rodríguez Saavedra. Latin American Literature Today.
-“Desde el tímpano hacia adentro”. Entrevista a Carlos Cociña Revista Chilena de Literatura.
-Tres poemas Otra iglesia es imposible.
-Cuaderno de poesía chilena | 01- Carlos Cociña, por Diego Alfaro Palma.
Entrevista a Carlos Cociña. La Palabra 2017

Última actualización: 15/01/2020