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La casa de la niebla

Por: Elena Anníbali

 

Elena Anníbali nació en Oncativo, el 19 de abril de 1978. Es Licenciada en Letras Modernas por la Facultad de Filosofía y Humanidades, de la Universidad Nacional de Córdoba. Se ha dedicado a la docencia secundaria y universitaria. Dicta talleres de poesía argentina y lleva adelante la edición del ciclo de lecturas de poesía Caja negra.

Ha publicado los libros Las madres remotas. Poesía. Editorial Cartografías. Río Cuarto. 2007. Reedición a cargo de Editorial Buena Vista, año 2017. Tabaco mariposa. Poesía. Editorial Caballo Negro. Córdoba. 2009. Reedición a cargo de editorial Caballo Negro, año 2017. El tigre. Relato. Editorial Universitaria de Villa María. En el marco del Plan Provincial de Lectura. Villa María. 2010. La casa de la niebla. Poesía. Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015. Curva de remanso. Poesía. Editorial Caballo Negro, Córdoba, 2017. La revelación del mundo a través de la palabra –La poética de Alejandro Schmidt entre 1991 y 2001-. Ensayo. En coautoría con Leticia Ressia. Coedición Editorial Universitaria de Villa María y Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2019.

 

la creciente

esa noche llegó la creciente y trajo
muebles viejos, mugre
de los canales vecinos
botellas
víboras

se va a llevar todo, dijo
mi madre
y me imaginé los huesitos de enzo
flotando en la corriente, al lado
de los canteros de verdura
me imaginé su ropa última
roída por las polillas y la fiebre
sus uñas crecidas
las hebritas de pelo rubio
entre los alambres del portón

entonces me apuré a encender el sol
de noche en la cocina
a tapar la puerta con las bolsas de arena
esperando que la muerte no pasara
que siguiera el curso del agua
hacia el naciente
donde las tierras son bajas
y crece el aleppo
y la enredadera azul

                    de tabaco mariposa, 2009, Editorial Caballo Negro

 

hiroshima

paul w. tibbets pensó en lo innumerable que se volvería agosto
si lo dejaba crecer
desarrollarse
soportar el vapor inusual de los damascos
los graves gestos de los transportadores de agua
el rojo muy rojo de las frutillas de la isla de honsh

paul w. tibbets concluía
si una mariposa bate las alas
en el renegrido pelo de una mujer japonesa
puede que mañana caigan dos o tres imperios

y acariciaba los perros de uranio

los insectos dorados de ácido se dejaban caer en el ozono
los partos de esa mañana se atrasaban por las sirenas
a las 8.05
y el mundo que iba apareciendo entre las sombras
murmuraba la oración de la mañana
y cada vez más rápido algo respiraba dentro del estómago del enola gay
algo que era un dragón de mil cabezas y una
agitándose multiplicándose
ahogándose muy dentro de sí
asfixiado de fuego

entonces algo remoto
ocurría en un extremo de la isla
un pájaro sacudiendo el plumaje brillante
sobre el hondo silencio
porque volvía a despuntar la raíz del tiempo
y a las 8.10 wong nacía
wong que era pálido y tenía dos manos
y lloraba de veras sobre la cama de hospital
y había un festejo de su madre con dos pechos de leche

luego los cereales giraban con el viento
bailaban esa danza última con las nubes y la tierra
algo de girasol y azucena teñían los jardines
a pesar de la sangre y los desperdicios
de los soldados americanos que morían con una muerte japonesa
porque en la muerte todos cerraban los ojos de la misma manera
y algo llegaba al borde de su gestación
little boy naciendo como wong
aunque del otro lado de wong
la parte negra de la vida
la que caía a las 8.15
la que formaba la rosa negra de los tiempos
la que arrasaba con el aire a través del aire
la enorme lágrima
en rosa en negro en rosa
hiroshima muriendo
hiroshima grave oscura aullando al cielo

             de tabaco mariposa, 2009, Editorial Caballo Negro

 

I-

señor, vos le diste a mi hermano un ford falcon rojo
para llegar a la casa de la niebla

y después qué

le dijiste?
le explicaste que el camino estaba cortado?
¿que el motor estaba roto?
¿que todo estaba roto?
¿que no había vuelta?

¿qué hiciste, cómo
para convencerlo?

para que te diera la mano
se sentara en la sillita de mentira
dejara que la oscura hostia de tu nombre
le llegara a la boca

¿o le metiste una piedra?
o una moneda, un gancho,
un papelito

de dónde lo enmudeciste, lo hiciste
olvidar
olvidarnos

qué señas le habrás hecho para que en vez de volver a casa
apagara el motor del falcon
se escurriera de la sedosa perfección del cuero
de la música en la radio
del ronroneo cachondo del auto
y se bajara con vos
para ir adónde

¿a cazar pajaritos?
¿a ver el dorado pasto extinguirse tras el fuego del invierno?
¿a romper el cristal del agua para que beban las crías?

o era verano, quizá, por entonces
y le diste el agua peligrosa de tu cielo

entradora, el agüita, sí
clarita, el agua, bueno
pero detrás de eso vos sabés que un agua así da más sed
uno se entierra más en el pozo
y más
hasta echarse tierra en el lomo

y ni el ángel constante y poderoso de los molinos de viento
puede salvarte
no

¿sabías que mi hermano iba a decir sí?

cuando viste el polvito que levantaba el falcon rojo en el camino
no pensaste dejarlo ir?

aunque sea, señor, porque él era toda belleza,
a esa edad,
toda alegría
toda
razón de ser

de La casa de la niebla, 2015, Ediciones del Dock

 

VI-

muchas veces fuimos pobres
no había dinero para ropa o música, pero
el taladro magnífico de dios
caía contra la mañana

las palomas se desbandaban
como si vieran
la comadreja o el halcón

un pedazo de mí entraba en la amargura
como en el pozo del molino
donde la serpiente infectaba
el agua de beber

yo tenía pocos años y ya era
rigurosamente anciana

sabía que el altísimo podía aplastarme la cabeza
enfermar nuestras ovejas
quitarnos el verano, la poca dicha

pero igual miraba siempre para arriba
y bajito decía
que sí, señor, venga a mí la destrucción
lo que deba venir
soy tu surco, señor,
soy tu surco

de La casa de la niebla, 2015, Ediciones del Dock

 

VII-

como lázaro, el de Betania, estuve o estoy
dormida
muerta

en esta cueva umbría cultivo la orquídea salvaje
y en la húmeda pared, la palabra que cuenta
los días que faltan
los que han pasado

él debe venir: quizá me lo anuncie
su tacto robusto tocando la piedra
o la voz, el estigma

hace mucho que espero

este pueblo es lejos: hay
médanos al norte
niebla al sur
caballos ciegos en la llanura
trigos amargos

puede que hayan perdido el camino
o que el camino haya sido una ilusión

quizá la palabra ya fue pronunciada
pero no la escuché, era distinta
a la esperada
o fue corrompida en el camino
de la vida hacia la muerte

no hubo milagro, o ya se produjo
y es esta suave penumbra
este tremendo paraíso

       de La casa de la niebla, 2015, Ediciones del Dock

Creada el 15 de enero de 2020.

Última actualización: 12/03/2020