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Lavar la culpa

Por: John Fredy Galindo

John Fredy Galindo (Bucaramanga, Colombia, 1978) ha publicado los libros Ventanas de otros días (Ediciones UIS, 2008), Karaoke Demon (Ediciones UIS, 2012), [L] (Editorial Cuatro Colectivo Editores, 2013), Lavar la Culpa (Libro digital, 2017), No hace falta que te digan que te quites (Ambidiestro Taller editorial, 2017). Como antologador: Las maneras del abismo. Cuentos del taller Relata-UIS (2012). Entomología Básica para amantes del punk rock (Pasantía Min. Cultura 2016). Su libro Las fantásticas aventuras del hombre intrascendente se encuentra en proceso de edición por la editorial italiana Gi Elefanti Edizioni (2019).

Ganador del Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia, (2006). Su libro Ventanas de otros días recibió el IV Premio de Impulso a la Poesía Joven Colombiana (2007). Ganador del concurso Nacional de Poesía Relata- Ministerio de Cultura (2012). Su libro Lavar la culpa recibió el Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio (2016). Ganador de los estímulos artísticos “Bucaramanga, cree en tu talento” (2017) con su libro No hace falta que te digan que te quites.

           De la ropa sucia, que se lava en casa, no se puede hacer una bandera blanca.
           Izo este par de calzoncillos,
           hago flamear mi par de calcetines
           Y dónde pienso lavan la ropa sucia los sin casa.
           Yo, que creo tener una casa y que no hago, por eso, la guerra
           ni estoy en paz conmigo mismo ni con nadie
           (quién demonios es el sí mismo en estos casos)
           en lugar de lavar la ropa sucia hago de ella y me traiciono
           una bandera de rendición.

                           Enrique Lihn (De El Paseo Ahumada)

1

No vine para lavar en seco mis heridas. En mi resurrección dejé de lado todo porque ya no había espacio para los lamentos, y los niños que espantados corrían por las calles superaban dos a uno mis tragedias. Hablo de un país y de la carne, de la ropa que se lava en los ríos que son como las tumbas, un país del que me fui y al que regreso, justo ahora cuando se empieza a abrir el cielo y la lluvia es otra patria, otra escena. He vuelto a vivir y no hay nadie para hablar, soy yo misma olvidándome de mí, soy yo misma imaginando mi reflejo, soy yo misma y mis senos viejos amamantan la nostalgia, salvo el dolor, salvo la sangre, salvo mi útero estropeado, mis ropas son un mapa hacia la muerte,

un libro abierto,

una fotografía del olvido.

 

2

Los amantes sueñan con el vivo perfume del trópico. Un rio lento, Magdalena silenciosa, lava mi voz y la luz se cuela por entre las tejas de zinc como una música, sí, como la lengua de esta gente que cortó nuestras cabezas, de esta gente que mutiló nuestra esperanza. Emerge entonces la palabra de estos suelos cundidos por la sarna. Ahora solo quiero mirar lejos, lavar la culpa, el sosiego de una madre muerta que cuida su rebaño. Se empoza la piedad, le salen alas a la rabia, alas grandes y extraviadas, hechas del llanto del charco y el caimán, del cuerpo muerto que fue un barco, una tormenta, el musgo y la quimera, la tristeza de los cerros quemándose, mucha lluvia éramos y éramos tan solo otra música lejana.

 

3

Aprovecharemos para admirar los jardines adornados con las flores que le arrancaron a la muerte. No lavaremos en seco la luz que se resume en las formas del hastío, no lavaremos en seco la sangre que no puede coagular su camino y que ahora es como el agua del mar que también es un recuerdo.

 

4

En esa sombra se secan los amores perdidos

Tienen una vida secreta cuyo doble es nuestra muerte

 

5

Debajo del agua con la que se lavan nuestras ropas sucias, un parto de fuego destroza la matriz necesaria para este incendio, como si fuesen hijos nuestros hijos, y el dolor no fuera memoria.

Así escapamos por entre manantiales sagrados, lavando la luz necesaria, la hermosa luz que iluminaba nuestro barranco, la caída.

Nuestro descenso.

 

* * *

1

Hay que lavar la culpa en agua fría. Desmembrar el corazón en cuatro partes. Hundir las manos en las cicatrices que nuestros nombres han dejado en estas calles. Han jugado con nuestras cabezas, amamantado el dolor con nuestra sangre. Han desplazado el horror a nuestro nombre, ensuciado nuestras ropas con silencio. Pero ha sido la luz, solo la luz, la que nos dejó saber que es mejor lavar a mano la tinta que mancha nuestros dedos. Como las sombras que escriben las primeras páginas del día.

2

Se desplomaron los muros de nuestras casas, mientras millones de pájaros huían sin sus alas.

Desde entonces soy el prójimo, mi propio traje.

3

La obsesión de esculpir viejas nostalgias. De ensuciar de golpe este recuerdo. Más tarde, bajo el color profundo de la sangre, ensuciarás las letras de tu nombre. Como si del pasado te llegaran algunas muestras de la muerte. Vivir lo mismo da. Como si no tuvieras miedo de secar tus ropas en la sombra. Como aquel harapo que se regodea con la textura de la seda.

4

Tengo conmigo una palabra que representa una catástrofe. Está escrita en mi mano y cuenta una historia. Podría ser un nombre, una receta, las instrucciones para lavar mi alma. Está tachada. Un jeroglífico. Una lanza. Una frontera.

Una mañana en el terreno de lo invisible.

5

Imagina que quieres hundir tus ropas en agua fría.

Escribir la historia de un vestido teñido con tu miedo. Mejor sería que supieras bien si el tejido del amor está presente o permite mantener unidos los jirones de la carne.

A veces la palabra lava aquello que jamás se ha dicho.

 

* * *

1

Por favor no planchar que aquí todos somos fantasmas. Y las arrugas de la piel sus símbolos secretos, todo es una falla de la máquina del tiempo. Un disparo de fúsil sobre las sábanas manchadas.

2

Un hombre sueña bajo un árbol, cifra un pensamiento en el pasado. Plancha su camisa con la mano. Fuerza la imagen de su infancia como si fuera una tortura, esgrime una oración que le lleve a otro terreno. Recuerda el aspecto de sus dientes, el espejo se deforma, alguien debe dar el primer paso.

3

Deseaba tanto este viaje, recorrer los mapas con flores en los ojos, buscar el origen de la risa, el apellido de la madre, la estupidez necesaria para regresar los pasos. Planchar la ropa negra, intentar una oración, caminar al borde del camino

no te mueras todavía

no te mueras

todavía

4

Pero la muerte es una imagen predecible. Entonces viene y llena de sudor todo lo que toca. Nos asusta. Viene la muerte a llenar de alcoholes las caricias, el amor, el barrio entero, como si estuviésemos borrachos, como si fuesen sucios nuestros besos.

5

Ver pasar sin pestañear el tiempo, ponernos frente a frente, golpear a una mujer, golpear a un hombre, entristecer con valentía, penetrar la historia viscosa de un país, de nuestros nombres. Planchar bien la tristeza y vestir a toda prisa,

como si supiéramos qué putas es la vida

como si aquí tuviera valor la vida

Creada el 15 de enero de 2020.

Última actualización: 02/04/2020