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Keshab Sigdel, Nepal

Por: Keshab Sigdel

El color del sol

 

Mi hija se ocupa en colorear sus pensamientos
Sus dedos se mueven
Nerviosamente a través de trazos
Sobre la tarjeta de papel cartón.

“¿Cuál es el color del sol?” –titubea–
¿Amarillo, naranja, o rojo carmesí?
-¿Quién conoce el color del sol?
Ella toma un lápiz de colorear, y antes de rellenar
De color, intenta sacarle punta al lápiz;
La punta se quiebra una y otra vez...
Y eso sólo aumenta sus nervios.

Irritada, confusa,
Levanta la cabeza, y lentamente, gira un poco a la derecha,
Y me lanza una mirada perpleja,
Sus ojos son suficientes para decir lo que siente
Acerca de mí; Pero nunca he coloreado
Un sol, ¡lo sabes!  Nunca lo he sentido de cerca
Para conocer sus colores. A veces,
He odiado el irresistible calor, o
También su ausencia. ¿Pero colores?
¿Tiene el sol un color después de todo?
Con mi pequeña hija, el sol sonríe, y ¿cómo
Puedo decir que el color es la sonrisa?

Llueve duramente afuera, y adentro
Mi consciencia se erosiona hasta crear un sombrío lago lúgubre
Que recibe el reflejo del sol.
¿De qué color es el sol en el lago?
Del color de mi mente, probablemente.

A mi hija, sólo le digo
¡Pinta tu propio sol, querida!

 

 

Maravillas de una hoja

 

Tendido sobre la cama
Sueño con una oruga.

La oruga se detiene un instante,
Sueña con una hoja
¡y continúa!
Yazgo, mientras
la oruga me tranquiliza,
se arrastra sobre mí
estimulándome con sus
innumerables manos y patas.

Vientre sobre vientre,
la oruga y yo
ebrios,
vivimos un completo sueño.
La oruga
me toca,
se emociona,
me aprieta y succiona,
y se transforma en mariposa.

Yo también sueño,
me emociono con el roce,
y me ofrezco a ser devorado;
Pero abandonado a la vida mística
Sueño y me pregunto
Si la mariposa es mi amor,
mi último sueño.

 

 

El sol ausente

 

En su imaginación juvenil
ella arrancó el sol del cielo.

Llena de inmensa pasión
por este joven sol matutino,
lo sostuvo apretado contra su pecho
y sintió su calidez piel a piel.

¿En cuánto tiempo puede uno rendirse?
¡El sol había prometido al cielo
Volver pronto!

Pero reacia a compartir el sol
con nadie más,
lo envolvió cuidadosamente
en su suave chal rojo
y silenciosamente lo escondió
en una esquina de la repisa de su propia memoria.

Y ahora,
el sol no brilla más en el cielo
para mostrarle al mundo
¡cuán feliz está ella!

 

Prohibición

 

Mi hija está aprendiendo los números.
Está aprendiendo los nombres de los meses y los días.
—Ella quiere hacer las cosas a su manera—
Como su padre, como su madre.
Y nosotros nos mantenemos diciendo,
“No ahora querida, eres muy pequeña para eso”.

Ahora ella tiene un deseo— un deseo de crecer
Y no ser más una niña;
Porque quiere hacer las cosas a su manera
Como su padre, como su madre.
Y en su tercer cumpleaños, me dice:
‘Baba, ¿Cuándo no seré más una niña?’
Para ella esta pregunta es importante.
Se trata de una sensación de libertad,
Una sensación del ser.

La adolescencia marcaría su primera transición.
Para mí, es solo contar un poco más de años.
Añado diez años más a su edad actual.
Mi hija estará emocionadamente contando estos años de más
Porque significan diez tortas más de cumpleaños,
Y diez regalos más de cumpleaños,
Antes de que ella finalmente llegue ahí.

Oh, esta transición es escalofriante.
Ella tendrá trece.
Será resuelta.
—Intentará vivir a su manera—
No más como su padre, no más como su madre,
Diferente de lo que ella aspiraba.

Y ahora, tememos al número.
Tememos la afirmación posible
De su separación de nosotros.
Y con este miedo,
Declaramos al número como una prohibición
¡Ominosa y prohibida!

 


La poesía y la heroína

 

Como siempre, ella,
O la heroína de mi poema
Llegó decidida a la plaza de la ciudad;
Tras verla, de repente
La gente fingió bajar la cabeza
Y con vacilación se mantuvo viendo
Su cuerpo desnudo.

Desde ese momento
Otro personaje subordinado de mi poema
Se volvió inquieto;
La situación se tornó perversa
Y mi poema
Desapareció con el ruido de la ciudad
Y hoy tampoco pude escribir un poema.

Sólo porque necesite escribir un poema
No puedo pedirle a ella, la heroína de mi poema,
No venir a la plaza
Porque
Igualmente los amo a ellos
Que están motivados a escribir poemas
Al verla.

 

 

Sombra

 

—Sombra—
Una realidad en sí misma, y
El reflejo de una realidad diferente.
El pilar de la vida
No es más que una sombra
—Se balancea
—Se agacha
Y se retira del
Mundo en la sombra.
Hasta entonces
Alimentamos la ilusión
En reflejos/reflejos de ventanilla.
El diálogo del sueño:
De lo real con lo irreal
Conscientemente/inconscientemente.
Allí,
La sombra es un punto de referencia de la realidad
El punto de referencia de la ilusión también;
Y la sombra misma se torna sin sombra
E intencional e involuntariamente
Desaparece la diferencia
Entre lo real y lo irreal
La grieta desaparece.
La existencia consecutiva
Ante el aislamiento
Por lo tanto
Podría ser real
O irreal.

 


 

Keshab Sigdel nació en Nepal en 1979. Es poeta, dramaturgo, ensayista, editor, traductor y profesor de lengua y literatura inglesa. También es un destacado activista en la defensa de los derechos humanos, en asociación con Amnistía Internacional, por lo cual se desempeña como Vicepresidente Nacional de la Sección de Amnistía Internacional de Nepal. Es autor de los libros de poemas Disolución del tiempo, 2007, y Los colores del sol, 2017. Es igualmente el coautor de una antología conjunta de poemas en inglés, Seis cuerdas, 2011. Ha traducido al inglés y al nepalí varias obras literarias chinas y nigerianas. Sus poemas y obras teatrales, están incluidos en libros de texto escolar en Nepal. Es Vicepresidente de la Sociedad de Escritores de Nepal y miembro del Comité Coordinador del Movimiento Poético Mundial en su país. Por su obra literaria obtuvo los premios Bhanubhakta Swarna Padak, 2014 y Kalashree Srijana Puraskar, 2015.

Última actualización: 23/06/2020