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Martha Rivera, República Dominicana

Por: Martha Rivera

                        De Geometría del Vértigo

 

Gigante el azul

 

               …la pena del agua es infinita.
               Gastón Bachelard

 

Anoche soñé con un ahogado.
Era azul y flotaba de espaldas en el Mar Negro.
Sobre sus caderas se balanceaban, un pájaro marino
y un racimo de nenúfares.
El cielo agitando el cabello azul era su rostro
y en él las Pléyades pignoraban sus hechizos.

Lento, el cadáver viajaba hacia su definición.
Era el único sobreviviente del naufragio.

Para Richard

 

 

Lo que nombran las palabras

 

               Muy pronto en mi vida, para mí fue muy tarde.
               Marguerite Duras

Mi mujer se está muriendo aquí
en este dedo oscuro que pone nombres a las cosas,
en el árbol, dejado ya de ser olvido y pesadumbre.

Sola estoy comiendo los pedazos
que van quedando de mí,
mientras intento recuerdos en el cofre,
pequeños gajos de papel.

Yo mujer, estoy fumando mi tristeza,
expío mis ojos, mentiras que soñé,
infieles en el juego del amor.

Mis senos fueron las piedras de la ruina,
tizones que quemaron las manos del poema.
Y sola voy dejando los espejos a mis otros:
incendiada, mi mujer se murió de morir.

De la misma forma en que me prolongué,
con vértigo, con el terror al odio en la sonrisa,
he amado.

(Los hombres olvidan el agua que los limpia del infierno.
El rostro que me alerta en los cristales es el mío).

Soy
Esta mujer de aire, esta pupila imbécil
que despierta las sirenas y los pájaros,
este número de plomo
que se entierra en el cráneo.

Soy también
una mueca que va mojando sílabas,
garabato pequeño que se escurre
y entra al sueño del poema.

El poema siempre está solo.
La soledad es palabra
en el instante de la muerte.

 

                De Enma, la noche, el mar y su maithuna

 

3.

Soy un pájaro que duerme su penacho en las cobijas tibias de la madrugada. Un hada que acuna mariposas de la espera entre sus pechos. Un relámpago buscando la música en jardines cincelados en el hielo. Una mujer antigua en los jardines del mar, recorriendo los insomnios descalza y en silencio.

4.

La noche ha llegado plena a mi mirada. La busqué en los cristales rojos donde se desangra un ramillete de azaleas. En el beso de miel de un escorpión dorado y en el trigo que reseca las puntas de mi pelo. La presentí en los párpados azulados, en la cortina que lentamente va despidiéndose del viento, en la lluvia que derrite el polvo rancio en las ventanas. La esperé en el balcón, secretamente desnuda de mi cuerpo y vestido el corazón con carne de papiros que no pude o no supe leer. La noche llega amplia a habitar las pupilas de mi insomnio, llega honda a dormirse en mi vientre, donde una mariposa se ha instalado muriendo su hambre y su aleteo. Llega limpia a tocar sigilosa mis pezones, a morderme la sonrisa, a asesinar su lengua de agua en mis oídos, a enredar mis muslos blancos con su verde alga verde y su salada sal. La noche tiembla allí donde esculpe su campana un silbido de metales. Su boca obscura me posee; su columna de sombras me penetra y me fecunda. Ha de nacer de mí, del vértigo de mi rosa, su poema.

 

6.

Estoy dando pie en lo más profundo de este mar que me bebe. La luna es ese cristal que regresa a sus fragmentos, luego de haberse empatado para volverse espejo. Retorna, como quien devuelve el tiempo a ser filoso rompecabezas transparente. Estoy buscando la paz que hay en el silencio de los pájaros marinos, en el ocaso que se derrama sobre el agua y su sal como una mancha gris. Escribo para no hundirme y quedar enredada en las algas del fondo de un océano axiomático.  Estoy de regreso en el agua donde caí de espaldas cuando volaba en las alas gigantescas del secreto. Estoy aquí.

8.

¡Sálvate olvidada! No mires hacia tus pies atrapados en el fondo de la nada, enlazados con lilas y hundiéndose rápidamente en la arena pegajosa del abismo. Arremete contra las sombras sin rostro que laboriosamente esculpen labios para murmurar los vocablos del llanto. Levanta las manos del vértigo para que puedas verlas desangrarse y sumérgelas en el agua de tus sueños despedazados. Danza rituales imposibles del retorno. Duerme el amor en las pupilas melancólicas, en el rayo que te parte en dos mitades de una plenitud perdida. Duélete, cómete, arráncate del aire. Asesina la carne y la memoria del beso. Descansa olvidada, tiéndete en las minúsculas letrillas que graficas en los atolones helados donde se perdió la voz con que cantabas. Duerme olvidada, duerme abandonada, duerme la fatiga del pez, la inocencia lacerante, la herida que no cesa en su fluir de esperma, de miel, de maravilla. ¡Sálvate olvidada!

 

10.

La angustia es esa aguja que hila primorosa la carne de los sueños. Dibuja en filigranas una rosa de sangre y teje las pestañas en trenzas imposibles al sosiego de la insomne. La angustia es una sed de ajenjo y de cinabrio, un grito de gong en precipicios de la noche. Un barco detenido. Un pájaro sin alas. Una gota de fuego en la garganta. La angustia es mantra sigiloso y pertinaz que equivoca su rumbo, que se pierde, que se niega. Es una palabra en Kafka, una píldora en Artaud, un autobús hacia la nada. El árbol esperando por ahorcados y por gatos. El amor al revés. Alejandra de tiza pintada en las paredes, donde la lluvia borra a una niña silenciosa y sus poemas.

 

12.

 

Tránsfuga, delirante, viajera. Camino por corredores y pasadizos casi góticos que me llevan del sueño que sueño dormida al sueño que sueño despierta. Te busco con los ojos abiertos y sigo sin encontrarte cuando los cierro. La insomne ya no mira retratos y entonces te desvaneces. Vas hacia tu pequeña nada sin que yo pueda salvarte. Sólo tu nombre se dibuja como un tatuaje en la cicatriz de mi espalda. La que dejaste cuando arrancaste de un tirón una sola de mis alas. ¿Quién dibuja con navajas en la piel de los pájaros? ¿Quién trafica mariposas en heladas pantallas?

 

14.

 

¿Cómo suenan realmente las palabras vacías? ¿Tendrán el sonido del gong y nos dejarán temblorosos, como si durmiéramos la fiebre en un campanario? ¿O simplemente estarán hechas de aire en lugar de silencio? 

25.

 

He dejado al pensamiento que me piense, lejana, distraída. Vacía del yo, ausente del mí misma. Esto que llamamos existencia sigue transformándose en el vértigo. Lo que sentimos, lo que esperamos, lo que queremos, lo que necesitamos; la percepción de quienes amamos, la imago de lo que es real, la carne de todo lo que respira. Así, la que despierta a este sábado con una taza de café entre las manos es otra Enma, igual que cada vez. Hay un instante imantado entre la noche y el día. Es ahí, en ese segundo del claroscuro, donde se perpetúa la vida, la que cesa, la que nos conduce hacia la concreción del olvido. Si logramos estar despiertos en ese momento inextricable donde la noche da paso al nuevo día, quizás, al igual que Jack Kerouac, terminemos por enamorarnos de la existencia misma.

 


Martha Rivera nació en la República Dominicana en 1961. Es poeta, narradora, ensayista e investigadora y periodista. Es también traductora desde el inglés, y ha vertido al español poemas de Anne Sexton y Silvia Plath. Es autora, entre otros de los libros de poemas: Transparencias de mi espejo, 1985; Geometría del Vértigo, 1995; y Alfabeto de Agua: Poesía reunida 1985-2013, 2014. Fue coeditora de la publicación feminista Quehaceres, del Centro de Investigación para la Acción Femenina, CIPAF, y perteneció al Consejo Editorial de la revista Umbral.  En enero de 2014 el texto suyo No te enamores de una mujer que lee, publicado originalmente en su blog y su página de autora de Facebook, se convirtió en viral rompiendo todos los records de un texto literario en español, siendo traducido a casi una veintena de lenguas, incluidos el japonés y el árabe.

Última actualización: 23/06/2020