Alabanza de lo inacabado

Por:
Mohammed Bentalha
Traductor:
Stéphane Chaumet
Por supuesto, la poesía no tiene nada que ver con el orden, sea nuevo o antiguo, local, regional o incluso mundial. Desde luego, lo más urgente en poesía es entender el vacío, en este caso, darle forma. Para eso, la idea de un enfoque algebraico de las palabras y de las cosas no está obviamente descartado.
Sin embargo, ¿ella sería capaz de dar cuenta de los cuatro puntos cardinales del ser? En definitiva, esotérico o no, un poeta no está ahí para contar, sino para mostrar. A lo largo del camino, ¿cómo evitar confundir el doble con la nada? No obstante, el punto de referencia es a menudo incierto.
Y primero hay que caminar para que el camino tome forma. ¡Pues sí! Desde el principio de los tiempos, poetas y vagabundos son una misma cosa. Del mismo modo, la poesía no sólo es la morada del ser humano, es también su exilio, es decir esa selva tropical en la que somos a la vez presa y cazador, de preferencia ciego.
Afortunadamente, para soñar no hace falta una escalera. Lo fundamental, es estar allí, en el cruce de los guiños. Está bien. Salvo que la suerte no siempre tiene buena memoria. Además, «la marcha de los siglos» a menudo nos demostró que los sueños no sólo entran por las puertas de cuerno, sino también por las de marfil. Lo que demuestra que la Torre no era sólo de Babel. En una palabra, es la falta, al parecer, y no la circunstancia lo que hace la relación.
Claro, por correo electrónico se puede transmitir cualquier cosa. Casi cualquier cosa, pero nunca los sueños. ¿Qué hacer entonces? ¿Fumar y rezar al mismo tiempo? ¿O, por el contrario, no creerse en el espectáculo y lanzarse hacia la pelea? Después de todo, queda por ver quién tendrá la última palabra: ¿la olla de barro o la olla de hierro? ¿El hombre o su clon?
Sólo vivimos gracias a nuestras ilusiones. Razón de más: ¿para una escapada, qué puede ser mejor que una gran ilusión? Si no, habría prescindido de ella. Pero el peligro es de talla mayor, ahora está bien programado.
¿Podemos todavía ver claramente? La respuesta es Sí, pero ¿cuál es la pregunta? O se podría decir que el lugar más oscuro siempre está bajo la lámpara. Nota: la tierra, nuestro pueblo global, se ha encogido. Cada vez tiene más el estatuto de un mercado, único y solo, pero cuya economía no debería ser la del texto, digamos: poético.
Tomadas las precauciones, ¿es por azar que sea la poesía la que suele ser señalada con el dedo? Para algunos: porque ya es el pariente pobre de la familia, para otros: peor, está agonizando.
El debate nunca acabará. Sin embargo, ¿de qué sirve todo esto? Sobre todo, porque no todas las vocales son del mismo color. La prueba, de una orilla a otra, ¿cuál de los poetas nació con un tocado? ¿Cuál no cometió, en toda su vida, ni un solo error de interferencia? En realidad, todo depende del sentido que atribuyamos, primero, al «derecho a ser diferente». Si no, aquí y allá no faltan las obras poéticas de primera fila. Entonces el problema es más delicado. Tal como están las cosas, requiere la presencia de ese famoso tándem cuyos dos componentes son: el centro y sus márgenes.
Por otro lado, la intertextualidad, por ejemplo, tal como se ha concebido y practicado, no consiguió todavía ser a la vez catalizador y punto de fuga, ya sea respeto al Pasado o al Otro.
Es decir, es el estado de alerta lo que hace al poeta. Igual, la poesía, por definición, no necesita ni legado, ni testamento. Necesita ser ella misma, y a veces escapar de sí misma. De hecho, incluso en el día a día, a fuerza de zapping, uno acaba por tener amebas. En poesía, es igual: queriendo, a toda costa, ser un buen ciudadano del mundo, no hemos logrado todavía favorecer el texto. Los vientos cambiaron. El estatus también. En estas condiciones, intercambiar sal y pimienta a menudo no es más que un (pre)texto.
Aquí, la contraseña no es: esperar y ver. Al contrario, lo importante sería más bien (pre)ver: antes, durante y después. En este caso: no apuntar a lo real, sino a lo construido, a la metáfora. Así, a falta de saber de dónde viene, el poeta al menos podría adivinar adónde va. Nada que temer. En el peor de los casos, tiene su linterna eléctrica: el sueño.
Dicho esto, incluso contra viento y marea, incluso oscuro, el sol brillará en varios lugares al mismo tiempo. Siempre que no vivamos como extraños en nuestro propio cuerpo.
Mohammed Bentalha nació en Fez, Marruecos, en 1950. Es un poeta consagrado de la generación de los setenta, por su expresión poética post-modernista. Ha publicado los poemarios: El canto del cisne, 1989; Nube o piedra, 1990; Sodoma, 1992; Al reverso del agua, 2000; Ay si yo fuera ciego, 2002; Un poco más, 2007; Obra poética 1970-2010 (2013); Silbato en aquellas escaleras, 2013; Pierdo el cielo y gano la tierra, 2014; Visiones en la estación de cambrones seguido de: ¿Debajo de qué escalera pasaste?, 2015; Obra Completa 1970-2015, 2016; y Como un lobo solitario, 2019. Publicó también una biografía poética: El puente y el abismo, 2009.
Fue homenajeado por su trayectoria poética varias veces tanto en Marruecos como fuera del país. Ha recibido premios por su trabajo poético de los que destacan: El Premio de la Unión Nacional de los Estudiantes de Marruecos, 1971, el Premio Internacional de la Ciudad de Fez del Libro, 2015, y El Premio Internacional de Poesía Argana, 2016, Premio Internacional de Poesía Mihai Eminescu, Rumanía, 2022. Fue Secretario general en la Oficina Central de la Uniόn de Escritores de Marruecos entre 1979 a 1981. Es miembro fundador de la Casa de la Poesía en Marruecos, de la Liga de Escritores de Marruecos y de la Red Universitaria Euro-Mediterránea para la Poesía en Estr