Yo, las guerras, los exiliados y mi largo poema

Por:
Adnan Al Sayegh
Traductor:
Carlos Flórez
En mis inicios poéticos y posteriormente, fui conocido por escribir poemas breves y muy cortos. Me fascinaban los epigramas, o los poemas “rápidos como relámpagos”, que capturan una idea o una forma, en un mundo donde todo sucede rápido. Nunca imaginé que algún día me convertiría en el autor del poema más largo de la historia árabe, y quizás del mundo; me refiero a mis dos poemas: El himno de Uruk, 1996 y su continuación, Los dados del texto, 2022. No sé cómo ni por qué me enamoré de la poesía. Es un dilema hermoso, agotador y sorprendente, que me ha abierto muchos mundos, fantasías y viajes a los márgenes de la vida. El comienzo de mi poema extenso El Himno de Uruk y su final en Los dados del texto, son muy diferentes en tiempo, lugar, estado de ánimo y visión. Empecé a escribir El Himno de Uruk, o él empezó a escribirme a mí, en 1984, en un establo abandonado en una frontera peligrosa, en los años de la demoledora guerra entre Irán e Irak. En aquel momento yo tenía veintitantos años. Lo terminé, o él terminó conmigo en 1996, en Beirut, después de escapar de mi tierra natal. Aquel mismo año, 1996, comencé a componer Los dados del texto, que terminé, o terminó conmigo, en 2022, cuando tenía casi sesenta años. Así, lo atractivo del largo poema me ha cautivado durante casi 40 años. Ante la constante amenaza de muerte, las continuas guerras y lo absurdo de la vida, así como la tiranía del poder, la opresión y el control estricto, y ante el silencio del mundo y el silencio del Señor, tuve que registrar todo aquel grito y llanto en mí a escondidas, en la forma de un largo y amargo delirio. Descubrí que escribir de esta forma abierta era una salida creativa para mí. También encontré en la poesía la fuerza para enfrentar la guerra y oponerme a las guerras y la opresión de mi propio país hasta hoy, la guerra ruso-ucraniana y el genocidio que estamos presenciando en las pantallas de televisión. ¡Es desastroso en todos los sentidos de la palabra! Las escenas de muerte me han devuelto nuevamente a la pregunta de la poesía y la existencia: ¿cómo tiene un ser humano el derecho de confiscar o matar a otro ser humano, y cómo tiene un Estado el derecho de confiscar, matar o robar a otro Estado? ¿Estamos en la ley de la selva? El mundo de hoy, se encuentra en el apogeo de su desarrollo y de su aspiración de libertad y progreso, y también en el apogeo de grandes desafíos cósmicos: el medio ambiente, las enfermedades, la contaminación, el terrorismo y el hambre, entre ellos.
Anteriormente yo había escrito: “La escritura creadora, en tiempos de tiranía, es como caminar por campos minados”. Hoy, cuando salgo de los campos minados “de improviso”, descubro que la escritura creativa es un acto de resistencia creadora. Cada acto de amor, esperanza o creatividad en tiempos de guerra, lleva consigo el poder de la resistencia creadora. Me sentí obligado a escribir y escribir y escribir. Cuanto más intentaban reprimirme, más escribía. Estaba escribiendo en secreto y, como no era para publicar, fue completamente libre y audaz. Realmente no sabía en qué momento un proyectil o una bala podrían atravesar mi cabeza. Simplemente agarré mi lápiz y papel, de modo que imágenes, formas y palabras llovieran sobre mí en un flujo rápido. ¿Fue inspiración o presión? ¿Dolor u opresión? O algo que aún no sabía. Y siempre, de día o de noche, guardaba trozos de papel o una pequeña libreta y un bolígrafo para anotar las frases o pensamientos que me venían apresuradamente antes de desaparecer. Cuando los releía, encontraba algunos muy extraños y sorprendentes, y otros como un sueño inexplicable (mi amiga Jenny y algunos de mis otros amigos traductores me preguntaron mucho sobre esto, pero yo estaba confuso y no tuve respuesta ni explicación para el dibujo o la frase). Era como si una fuerza misteriosa quisiera que escribiera la historia secreta de la guerra, anotando los matices de las ideas y las formas y las cosas que los historiadores y generales descuidarían al terminar la guerra al repartirse medallas, victorias y derrotas. La literatura iraquí está llena de narrativas. Pero El Himno de Uruk fue como un nuevo intento de relatar la guerra, en poesía. Quizás siguió los pasos de Sheherazade en Las mil y una noches, al alargar historias y tejerlas con poemas y magia para evitar la espada del rey Shahryar, que pendía sobre su tierno cuello; o como Simbad el Marino, atravesando mares peligrosos, sin saber adónde iba, armado con el poder de la aventura y el descubrimiento, que es la poesía.
Me encontré inmerso en gran medida en la tradición, devorando el contenido de antiguas estanterías de oriente y occidente. Luego me enfrenté a esta herencia –historia, religión y sistemas políticos, sociales y culturales–, que nos trajeron hasta donde estamos. Enfrenté esta herencia con preguntas, argumentos y protestas, antes de embarcarme en mi nueva empresa poética llamada El himno de Uruk (1984-1996, Bagdad/Beirut/550 páginas). Se trata de guerra, biografía, historia, mitos, etc. Me inspiré en la Epopeya de Gilgamesh en primer lugar y en la herencia sumeria, acadia, babilónica y asiria. Además, miré otras epopeyas como el Mahabharata, el Ramayana; la Odisea y la Ilíada de Homero, El arte de amar y la Metamorfosis de Ovidio; el Shāh-nāmeh, la gran epopeya de Persia de Ferdowsi; la Divina Comedia de Dante y Don Quijote de Cervantes, El Paraíso perdido de Milton, La tierra baldía de T.S. Eliot, entre otros, además de poesía contemporánea en el mundo árabe e internacional, incluidos Kavafis, Mahmoud Darwish y Yannis Ritsos.
Luego siguió mi nuevo libro Los dados del Texto (1996-2022, Beirut/Londres), que profundiza en la herencia del pasado, por un lado, mientras que, por el otro, explora las últimas formas poéticas y visuales árabes y europeas contemporáneas, dejando a los dados hacer su propio camino, utilizando diferentes formas e inventando un nuevo texto que resume la historia del dolor humano. Se trata de un extenso texto en un único volumen de 1.380 páginas, que tomó más de un cuarto de siglo. Los dados del texto surcan lo tácito en los márgenes de la historia árabe-islámica y mundial. Es una reflexión provocadora y peligrosa sobre nuestra realidad contemporánea, excavando, indagando e investigando muchos conceptos de política, religión, género, mitología, sociología, patrimonio y literatura. Aprecio estas dos obras porque compartieron conmigo los caminos de mi vida y de mi poesía, vivieron en todos los detalles, y narraron y registraron con honestidad, libertad y audacia todo lo que pasó por mí, mi país y el mundo. Como el ritmo (y a veces la rima) domina la primera obra, el flujo de palabras e ideas en forma de poema en prosa y texto abierto (a veces con menos ritmo y rima) es más evidente en la segunda obra. Y aquí estoy, después de unas dos mil páginas, no sé de dónde vienen las palabras con sus ideas y formas y cómo se confunden y superponen. Mi experiencia en estas dos obras me ha enseñado a escribir –libre y honestamente– tu primera palabra y tu primera frase, para luego dejar el resto al viento o a la música y los días.
Años más tarde, y durante mis numerosos viajes por el exilio árabe y europeo, aterricé en Londres. Por extraordinaria casualidad, conocí a una poeta británica en una velada de poesía, que hablaba de Enheduanna, Gilgamesh, Inanna y Uruk. Estos símbolos míticos vivientes, nos unieron a Jenny Lewis y a mí en un largo viaje de poesía compartida y en muchos eventos y recitales en el Reino Unido y en el extranjero. Nuestro amor compartido por el mundo y la cultura del antiguo Cercano Oriente, se convirtió en un proyecto importante para traducir extractos de El Himno de Uruk, en cooperación con familiares y amigos, incluido el escritor palestino-libanés Ruba Abughaida. Después de ocho años de trabajo diligente y debates continuos, nuestra obra fue publicada en una maravillosa edición, por la editorial galesa Seren en 2020, como Déjenme decirles lo que vi. A pesar de la pandemia del coronavirus, el lanzamiento de nuestro libro en línea llegó a varios cientos de personas en todo el mundo, y fue seguido de muchas lecturas y eventos adicionales, asegurándonos una vez más la fuerza de la poesía para alcanzar y desafiar.
Con Ruba y estos mismos familiares y amigos, también he traducido muchos de los poemas de Jenny. Entre nosotros hemos construido hermosos y brillantes puentes de luz entre dos idiomas, dos culturas y dos mundos. Sin traducción, no se puede entender al otro, ni comunicarse con él. Juntos, hemos sido testigos de una gran cantidad de hermosas respuestas de una amplia gama de lectores y oyentes de todo el mundo, más recientemente en el maravilloso Festival de Poesía StAnza 2022, en Escocia. La traducción literal de la poesía mata su alma y apaga su brillo (algo que algunos puristas no entienden). Pero el poeta, –el verdadero artista–, cuando transfiere un texto comprendiéndolo artísticamente y digiriéndolo a otro idioma (lo cual es el acto de la traducción) lo crea de nuevo, dándole otra forma y otra vida creativa, de modo que esté en el mismo nivel de la música, las imágenes o las representaciones teatrales originales, y esto es lo que reconocí en nuestra traducción de extractos de El Himno de Uruk, como Déjenme decirles lo que vi.
De la revista Long Poem, Reino Unido. NÚMERO 28 | Otoño 2022
Adnan Al Sayegh nació en Al-Kufa, ciudad a orillas del río Éufrates, Irak, en 1955. Es poeta, narrador y periodista. Su voz ha sido considerada como una de las más originales de la generación de poetas iraquíes de los años 80. Pertenece a la Unión de Escritores Árabes e Iraquíes, a la Unión de Periodistas Árabes e Iraquíes, a la organización internacional de periodistas y a la Unión de Escritores Suecos.
Algunos de sus libros publicados: Ella me espera bajo la estatua de la libertad, 1984; Canciones sobre el puente de Kufa, 1986; Los pájaros no aman las balas, 1986; Cielo en un casco, 1988; Espejos para su largo cabello, 1992; Nube de pegamento, 1993; Bajo un cielo extraño, 1994; Formaciones, 1996; El himno de Uruk, 1996; Un grito tan grande como un país natal, 1998; Abrazar mi exilio, 2001; Páginas de la biografía de un exiliado, 2016; Déjame decirte lo que vi (edición bilingüe inglés/árabe de grandes secciones del renombrado poema épico El himno de Uruk), 2020; Los dados del texto, 2022, y Destellos… de ti, 2024.
Su poesía se caracteriza por una intensa pasión por la libertad, el amor y la belleza. La experiencia de su forzoso alistamiento como soldado en la guerra Irán-Iraq se refleja en poemas que denuncian la devastación de las guerras y los horrores de la dictadura. Defensor de los derechos humanos, en 1993, sus críticas a la opresión y la injusticia lo llevaron al exilio en Jordania y Líbano. Tras ser condenado a muerte en Irak en 1996, a causa de la publicación de "El himno de Uruk", un largo poema de 550 páginas, en el que da voz a la profunda desesperación de la experiencia iraquí, obtuvo refugio en Suecia. Desde 2004 reside en Londres.
Su poesía ha sido traducida al inglés, holandés, persa, kurdo, español, alemán, francés, entre otras lenguas. Ha residido también en Jordania, Yemen, Sudán y Siria. Ha recibido varios premios internacionales, entre ellos, el Premio Internacional de Poesía Hellman-Hammet (Nueva York, 1996); el Premio Internacional de Poesía de Rotterdam, 1997, y el Premio de la Asociación de Escritores Suecos, 2005.