Recuperar la lengua es recuperar el territorio
Por: Andrea Quelal Tarapues
Pulam, pulam. Es una de las tantas palabras que escuché de los labios de mi abuela. Jamás pregunté por su significado; no hacía falta, simplemente aprendí a sentirla antes que entenderla. Luego, mi abuelo contaba sus historias.
De niña aprendí que, cuando el abuelo hablaba, debía poner mucha atención, porque su palabra caminaba entre dos mundos: lo místico y lo real. Él iniciaba contando historias de cuando recuperaron la tierra, por allá en los años 70, y, al menor descuido, estaba hablando del matrimonio entre el oso y una mujer de Cuetial, y terminaba contando la historia del bendito del perro.
Así, la creación poética, más allá de ser un acto de escribir o nombrar, es habitar la incesante curiosidad de una niña que escucha atentamente las historias de sus abuelos. Estas historias son formas de relacionarnos con el territorio y con las maneras en que nuestros antepasados lo entendieron. Esa es la magia de la oralidad: detrás de cada historia está la forma en que se cuenta, cómo se interpreta y cómo la recibimos.
Hoy, estas historias —que las juventudes hemos resignificado como leyes de origen— son orientación para nuestros procesos comunitarios. Son historias que se recrean y no son mitos acabados, como quisieron hacernos creer. En el churo del tiempo, estas historias que guardamos desde nuestras infancias están custodiadas por el fuego: iscuasan.
Los mayores han orientado que hay que seguir recuperando el territorio y, por eso, el pensar y actuar de las juventudes indígenas debe estar guiado por la palabra mayor, sin desligarse del territorio. Recuperar la tierra no fue un punto de llegada, sino el inicio de un camino más profundo, porque detrás de la consigna “recuperar la tierra para recuperarlo todo” está la orientación de recuperar el pensamiento propio.
Por eso, recuperar la tierra no es un proceso acabado. Nuestros mayores, nuestras mamabuelas y taitas ya dejaron el camino trazado: recuperaron el territorio para protegerlo, habitarlo y descifrarlo. Recorrer el territorio hace parte de entender su lenguaje; pero precisamente el descifrar nos ha quedado difícil, porque ya no entendemos el lenguaje escrito de la piedra, ya no interpretamos el viento del páramo, hemos dejado de interpretar el sueño y, con ello, hemos dejado de entender el lenguaje del territorio. Por eso, los mayores insisten en que debemos volver al pensamiento propio, a la lengua propia, una lengua que no está muerta, sino que quedó encantada en el territorio.
La palabra mayor, que a menudo se escucha en espiral, se nos presenta en forma de cánticos y habita en los labios de nuestros mayores, en los silencios del páramo, en el vaivén del guanto y en el sueño de las tres de la mañana. Esta palabra, que encarna la escucha profunda, nos invita a ser niños curiosos: iskual muel, y a recuperar el pensamiento propio, porque sin lengua no hay comprensión del territorio.
Andrea Quelal Tarapues es indígena del Pueblo de los Pastos, perteneciente al Resguardo Indígena del Gran Cumbal, en el departamento de Nariño, Colombia. Es abogada de la Universidad de Antioquia, estudiante de Economía de la Universidad Nacional de Colombia, poeta e investigadora de la lengua propia del pueblo de los Pastos, Qwastu. Es fundadora del curso de revitalización de la lengua de los Pastos en la Universidad Nacional de Colombia, espacio en el que también se desempeñó como docente.
Su trabajo poético y pedagógico ha contribuido al despertar de la lengua Pasto a través de la palabra dulce y la palabra bonita, aquella que habita y nombra el territorio de páramos y volcanes del Gran Cumbal. Ha participado en diversos encuentros y festivales literarios, entre ellos el Festival Iberoamericano de Poesía de Fusagasugá (2022), Poetas en Carnaval, Nariño (2023), Poesía por el Agua (2024) y el Encuentro Internacional Nadaísta desde Santa Elena (2025). Ha sido publicada en la revista peruana Vislumbre (2024) y en la revista mexicana Kametsa (2024). Fue invitada mediante la Convocatoria Revista Prometeo, para participar en el 36º FIPMed.