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Contra la guerra y por el paraíso

Por: Fernando Rendón

La voz guerra viene del término germánico werra. Aunque la guerra existió sobre el mundo mucho antes de que nacieran los germanos. 

El rey gobernó con la espada en el bosque antes del principio de la civilización. Aunque al principio solo cuidaba un roble, luego cuidó una ciudad (Uruk) y un templo sumerio. Lucharon los guerreros y cayeron los dioses de los pueblos vencidos durante siglos. Antes que pensar en hacer un balance acerca de las guerras de la prehistoria, los acadios se anexionaron Sumeria y Anatolia. Los elamitas y amoritas se apropiaron Mesopotamia. Los egipcios batallaron contra hicsos, hititas, hurritas y fenicios. Tomaron a Sudán, pero fueron doblegados luego por los persas y los griegos. Los griegos y los persas libraron las insanas guerras médicas. Los asirios no tomaron a Israel, aunque hubieran querido. Pero descubrieron y tomaron las tierras de los fenicios. Los persas y los arios (de origen iraní) incursionaron en la India. Los nómades hebreos atacaron a los palestinos y a todos los pueblos que encontraron en su deriva de 40 años por el desierto, buscando su prometida tierra de leche y miel en las naciones ajenas. Los partos derrotaron a los persas, quienes fueron vengados cinco siglos después por los sasánidas, los cuales fueron a su vez liquidados por los beduinos. Los mongoles derrumbaron a la dinastía Sun en China, pero luego fueron arrojados fuera por la dinastía Ming. Los hunos demolieron a los turcos. Los miscénicos desalojaron a los minoicos, de Creta. Los aqueos vencieron tras una guerra de diez años a los troyanos, por la dulce Helena, descendiendo del caballo gigante de madera. Los espartanos trituraron a los atenienses. Los griegos tomaron a Persia, Tiro, Egipto y Babilonia. Los etruscos y los bárbaros contraatacaron y coparon a Roma. Los anglos y los sajones llegaron a Inglaterra desde Alemania y Dinamarca. El cuervo graznó posado sobre los cráneos en la tierra reseca. Los milesios sometieron a las gentes de Irlanda. Los celtas se asentaron en Inglaterra, España, Francia, Suiza, Austria y Checoslovaquia y llegaron al Asia Menor. Los romanos se asentaron en Occidente y Oriente. Los vikingos desembarcaron provenientes del Mar del Norte y sitiaron a París. El imperio de Malí absorbió a Ghana y fundó la legendaria Tombuctú. Pero el imperio Songhai absorbió al de Malí. Bandas guerreras zulúes asaltaron a Zimbabwe. Los toltecas coparon a los mayas, pero no les impusieron su cultura. Los chimúes sucedieron a los mochicas. El este avanzó hacia el oeste y el oeste hacia el este. El Islam incursionó en Bosnia, en África y en Asia. Los moros llegaron a la costa española para quedarse diez siglos, pero dejaron La Alhambra. Los españoles vinieron a las costas de América para imponer la religión del amor a sangre y fuego. Los tlaxcaltecas traicionaron a los aztecas, que así fueron vencidos por los españoles. El oro de América y la energía de los esclavos alimentó la imaginación de ingleses, franceses, portugueses, entre otros, que colonizaron a América y a África en el siglo XIV. Y tras otros cinco siglos de guerras de invasión y de guerras de resistencia, en el siglo XX el capitalismo salvaje se inventó dos guerras mundiales, con setenta millones de muertos. Y los norteamericanos, después de arrojar sobre la población civil del Japón dos bombas atómicas nos han dicho que no están bromeando. En Panamá, probando nuevas armas, uno de sus rayos derritió a una pareja sobre una terraza. ¿Cuántos derretidos por el fuego norteamericano en Irak donde al principio de este párrafo y de la historia humana un rey cuidaba un templo sumerio en Uruk? 

Pictos, eolios, atridas, axumitas, samnitas y umbrios son los nombres de algunos pueblos cuyos nombres ya nadie recuerda, diluidos por la guerra y el tiempo. Ellos conforman las grandes corrientes del Leteo, el río del olvido. Todavía podemos escuchar el oleaje, el fluir y refluir de los pueblos que aparecen y desaparecen en el vaivén eterno del río legendario de la historia humana. Las civilizaciones pasan pero los bárbaros todavía están aquí. 

La mano que firmó el tratado derribó a una ciudad. Como ha dicho el historiador argentino Cagliani: “En los últimos 5.000 años de historia, la humanidad solo estuvo 900 años en paz, en los cuales los hombres se preparaban para el conflicto siguiente. Mas de 8.000 tratados de paz se han firmado en el transcurso de los últimos 35 siglos. Desde 1945 hasta finales del siglo XX se disputaron 140 guerras con trece millones de muertos

En los últimos mil años se calcula que las guerras han causado unos 148 millones de víctimas, casi las 2/3 partes durante las contiendas habidas en el siglo XX. Hasta la primera mitad de este siglo, se estima que 9 de cada 10 víctimas eran soldados; en la segunda mitad esta proporción varia hasta que, a finales del siglo XX, 9 de cada 10 víctimas en los conflictos armados son civiles”. 

Nadie sabe dónde, cuándo y cómo estallarán nuevas guerras. No hay respuestas a las nuevas preguntas de la poesía sobre el recalentamiento político global. 

¿Qué es la poesía en medio de esta hoguera? La poesía es la memoria amorosa de una humanidad remota, sepultada en la noche de los tiempos, la conciencia de su activo presente, la visión que nos impregna del porvenir, y la energía para materializarlo. Sueño ardiente, invencible resistencia de la vida, sabia paciencia y sabia persistencia, sin la poesía no hubiéramos sobrevivido y no podríamos triunfar jamás. 

El Festival Internacional de Poesía de Medellín es una manifestación vigorosa del sueño del digno pueblo colombiano de una paz definitiva y justa, en medio de un país que ha sufrido 18 guerras civiles en los últimos 190 años, con un saldo trágico de más de un millón de muertos. En esta ruta compartimos la inexorable iniciativa de una solución política negociada al conflicto armado de las últimas cuatro décadas en Colombia, mediante un diálogo generoso, que abra los caminos de un futuro justo, democrático y profundamente humano en nuestro país, sin ambigüedad ni exclusión alguna. Para una lúcida salida a la guerra en Colombia y en los territorios de conflicto bélico en el mundo será necesaria la configuración de una gran fuerza poética mundial en solidaridad con la lucha de los pueblos de la tierra. 

La edad del hombre es la de su mirada sobre el bosque legendario. Ello quiere decir que volveremos sin falta a las raíces del bosque antiguo y nuevo, para completar el tiempo de nuestra búsqueda de una nueva edad humana, sin miseria material ni espiritual, sin guerra ni expoliación. De nuevo los pueblos de la tierra se entrelazarán como la hierba con la naturaleza renovada y con el horizonte de la primavera triunfante de la vida sobre la muerte. Entonces volveremos a cabalgar sobre las grandes energías del Universo. 

Última actualización: 06/12/2019