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Los peldaños de la inercia

Diagnóstico


Todo indica que fue una infección,
de humanos,
de tristeza,
de mundo
Tuve una fiebre por ausencia
a 39 grados de familia,
38 y medio de poesía
Tuve estornudos y mares,
seguidos de dolor de alma.
Tan sólo tuve lucidez
para pensar en la poca lucidez
de esta humanidad
que no se salva ni por mérito,
ni por nombre,
ni por ansias
ni por futuro,
ni por infancias,
ni por oraciones,
ni por salvaciones,
ni por búsquedas en otros planetas,
ni siquiera por error se salva

Fue una infección de salvajismo,
una falta de aire,
una sola falta de todo.
Todo indica que fue una infección,
un virus televisivo
que carcomía las esperanzas
en las fronteras de mi patria.
Me vi en el espejo contracturado
de mis 33 insomnios
con 39 grados de discontinuidad.
me descontrolé en escalofríos
que susurraban cuerpos arrojados al mar,
como si fueran moneditas sin valor
de un deseo maldito,
como si fueran basuritas arrojadas a una fuente
que no aparece en ninguna postal de coleccionista.

Abrí y despegué mis pestañas
mientras la fiebre se quedaba en la almohada
a 39 grados de familia
y 38 y medio de dolor de mundo.
El malestar siguió deambulando
en mis pañuelitos de bolsillo
-que por suerte, son descartables-

                                 De: Dos días después de vos. Garcín Ediciones, Duitama, 2016

 

 

Desertar
Hacer más pequeña la patria
para no sucumbir afuera,
arrastrar el deseo
con los días
asumir la vara y la lamparita
en el asunto ermitaño,
resurgir del olvido
que eterniza el exilio

Desertar
lograr la suficiente distancia
para que el duelo no nos alcance
regurgitar la oración
que firmó el registro de salida

Desertar
y romperse de nuevo
en la línea invisible
de la frontera,
llenarse los labios de arena
sabiendo que el mar
siempre estará demasiado lejos.

                      De: Los peldaños de la inercia. Uniediciones, Bogotá, 2019

 


La ciudad se insola de noche,
hay tanto ruido,
tanto grito, tanto asfalto,
una madre tropieza
y el llanto de su hijo
asusta a los semáforos

El insomnio parece
una luz intermitente
de un cruce caótico
alguien retrocede,
se persigna al compás
de la cuarta ambulancia

La ciudad se inmola
en un silencio tan confuso,
que nosotros,
-sus hijos-
solo lloramos
para asustar a la muerte.

                     De: Los peldaños de la inercia. Uniediciones, Bogotá, 2019

 


Que vengan,
todos, de a uno, de a dos
me da igual,
pero que vengan...
Que vengan los milicos,
los dictadores,
los demoledores de ideologías,
los conspiradores contra besos,
los incrédulos,
los apóstatas de la vida...
Que vengan todos,
con sus pastillas,
sus religiones,
sus versiones,
sus discursos,
sus gritos,
sus señas,
sus bigotes,
sus botas,
sus legiones,
sus apellidos...
Que vengan todos
a mirarme,
a mentirme
a decirme que la poesía no sirve,
no es buena,
no es fuerte,
no es invencible...
Que vengan todos a desmentirme,
a desvestirme
o a hacerme llorar...
Que vengan con sus fusiles,
sus cuchillos,
sus agujas
a gritarme en el corazón
que la poesía no es pertinente...
¿Qué saben?
Acaso, ¿Qué saben?
Que vengan,
total para entonces
yo seré libre
y estaré viva
caprichosamente
abrazando el cielo
que ellos nunca podrán tocar...

                 De: Los peldaños de la inercia. Uniediciones, Bogotá, 2019

 


Hay mañanas que uno despierta siendo profeta,
anunciando en los labios la inmortalidad,
augurando en la garganta la salvación del mundo.

Hay mañanas que uno despierta
y puede descascarar corazones,
con la misma facilidad
que se descascara un huevo cocido

Hay mañanas que uno despierta
sin ese dolorcito en el alma
que fácilmente se procrea
en las páginas del diario que desgarra la puerta.

Esta mañana fue una de esas,
me sentí inconmensurablemente fuerte
como para salir a salvar el mundo,
a descascarar corazones
y augurar la inmortalidad

Sin embargo,
tras el primer paso a la ruidosa vereda,
se me contagió la mirada
de una siniestra tristeza

Caminé unos metros
y dejé deslizar por mis piernas
todas las respuestas,
todas las salvaciones,
todas las heroicas misiones

Y regalé el alfabeto de la libertad
al perro tembloroso y callejero,
arrojé a los árboles
la redención del mundo.

Creo que mañana
simplemente tendré ganas de ser
un perro tembloroso y callejero
que no sabrá leer los diarios,
que tendrá la suerte, o la desventura
que aparezca alguien
–contagiado de una siniestra tristeza-
para que prefiera arrojar sobre él
el alfabeto de la libertad,
la redención del mundo
y todas las demás respuestas.

                       De: Dos días después de vos. Garcín Ediciones, Duitama, 2016

 


Me despojo de mi nombre,
dejo el alma en un vasito,
despedazo el amuleto,
reto al insomnio,
salgo al balcón
a dejar que la noche me encandile,
de paso,
arrojo cada memoria
-hasta la más infame de las memorias-

Me entrego al ruido
mientras descuelgo los años
que puse a secar ayer,
me deslizo hacia adentro de la casa,
finjo que soy yo, de nuevo.

Habrá que ver si mañana
el amuleto se recompone,
mi nombre se despoja del tuyo
en lo que quedó del insomnio
cuando fingiste dormir.

Habrá que ver si mañana
puedo vestirme con años limpios,
Si mi alma sigue intacta en el vasito,
si sobrevivieron las memorias
-hasta la más infame de las memorias-

             De: La Poetería. Volcán Ediciones, Bogotá, 2018

 


A veces se encuentra
algo parecido a un silencio:
el vuelo de una estrella
el paso de una playa,
el amanecer de un pájaro

A veces se encuentra
algo parecido a una definición:
un espacio libre,
un diccionario inconcluso,
un abrazo en blanco

A veces se encuentra
un nombre enredado en la arena,
un beso perdido en la ola,
una foto en el movimiento,
un secreto detrás de unos ojos

A veces se extravía la ficha
del anhelado rompecabezas
y queda la noche
que sonríe mientras abraza
la pausa
de un infinito amanecer
que supo ser playa,
pájaro,
estrella
y silencio

                De: Los peldaños de la inercia Uniediciones, Bogotá, 2019

* * *

Ángela Acero Rodríguez (1981, Bogotá.) Profesional en Filosofía, Magister en Literatura y Cultura Comparada Contemporánea. Creció con la generación de la música en cassettes, el rock alternativo y los libros para bolsillos citadinos. Hace música y fotografía que incluye en algunas de sus intervenciones poéticas. Tiene cuatro publicaciones de poesía: Manecillas en estado alterado (2013), Dos días después de vos (2016), La Poetería (2018) y Los peldaños de la inercia (2019). Coordina talleres de escritura para jóvenes y adultos. Ha participado de varias antologías de escritores, programas de radio y encuentros nacionales e internacionales. Vive en Bogotá, su ciudad natal, pero tiene un alto porcentaje de su alma en la ciudad argentina de Córdoba, donde residió varios años.

Última actualización: 15/02/2020