Ahmad Zakaria
Nació en El Cairo, Egipto, el 27 de agosto de 1984. Obtuvo una licenciatura en literatura árabe de la Universidad de El Cairo, en 2009. Desde entonces, ha estado activo en el campo de la poesía, la escritura y el periodismo. Residiendo en Turquía durante varios años, su trabajo como poeta, traductor literario e investigador cultural ilumina los diálogos matizados entre estas ricas tradiciones.
La destreza literaria de Zakaria se mostró por primera vez en su primer libro de poesía, Dialéctica, publicado en 2009. Su talento fue reconocido aún más cuando recibió el Premio de Poesía del Museo Mahmoud Darwish en 2015. Su segundo libro, Lo que no pude decirle a nadie en otro idioma, 2023, profundiza en las complejidades de la comunicación y la expresión emocional a través de las fronteras lingüísticas.
El compromiso de Zakaria con el intercambio cultural se extiende más allá de la poesía. Junto al arabista turco Melak Deniz Özdemir, ha traducido varias obras literarias turcas al árabe, entre ellas: Tres años y medio con Nazim Hikmet, de Orhan Kemal, 2020; El diablo dentro de nosotros, de Sabahattin Ali, 2022; Unidad de la música árabe y turca en el siglo XX, de Murad Özilidrim, 2023) y Querida muerte desvergonzada, de Latife Tekin, 2024. Sus esfuerzos de colaboración también les valieron el Premio Ibn Battuta de Literatura de Viajes (2020-2021) por su traducción de El mundo es una olla grande y yo soy un cucharón... Un viaje por Egipto e Irak, de Aziz Nesin, lo que marca un logro significativo en el campo de la traducción de reportajes de viajes.
Esta es una muestra de sus poemas:
Lo que no pude decirle a alguien aquella mañana
I
Quisiera atrapar los momentos de debilidad
y lanzarlos por el aire.
Quisiera escribir lo que no pude decirle a alguien aquella mañana,
mientras hablábamos del ambiente maravilloso de una urbe extraña
con un jardín en medio de la plaza pública.
Quisiera escribir sobre mi miedo
a que mi país se desgaste
como la última camisa que compró Nazim Hikmet en su patria…
Quisiera escribir sobre septiembre
sobre mi miedo al color amarillo
y sobre los días apresurados que nos suceden
mientras escuchamos canciones populares
de otro pueblo
en una urbe extraña.
II
Nací más de una vez
pero siempre en abril
Nací al lado del Nilo, del Bósforo,
de la ciudadela de Saladino y de la torre de Gálata
y siempre
la primavera me susurraba al oído diciéndome:
Puede que el tiempo sea una identidad
y puede que acompañes a un árbol
en una urbe extraña.
Puedes lanzar tu propio nombre por el aire
mientras paseas por el camino de la mezquita “Eyup Sultán” hasta “Balat”
y luego te sientas en “Edirne Kapi”
recostando tu espalda contra la muralla de la antigua Constantinopla,
preguntándote
Qué hubieras hecho si el ejército del Sultánno hubiera cruzado este portal
III
En “Balat”
no pierdas tu tiempo en buscar un nombre nuevo.
Puedes acompañar a tu pasión por las casas de madera
y pensar en los cuentos.
Quizá tras aquellas antiguas ventanas
tome asiento una mujer armenia
que bebe su vino y escribe con la valentía que te hace falta:
su propia vida dentro del cuento.
Testimonios olvidados
Ojalá, oh padre, hubieras visto conmigo diciembre en Usküdar.
Esperábamos el sol, quemando el tiempo con té y cigarrillos,
rociábamos a las palomas con trigo y extendíamos la mirada hacia las cúpulas de las mezquitas…
Cantábamos “En el camino a Usküdar hallé un pañuelo,
y en él encontré tu aroma, padre” …
Deambulábamos entre antiguas tumbas
buscando los nombres de nuestros abuelos llevados a la guerra,
y de ellos sólo volvieron canciones.
¿Quieres que describa a Usküdar, oh padre?
Una Historia derrotada caminando a lo largo del litoral
y vendedoras de rosas
que fueron amantes afortunadas,
y tantos testimonios olvidados
escritos en una lengua traicionada.
En otra lengua
I
Puedes, mientras aprendes palabras sencillas en otra lengua
Pensar en estas palabras de nuevo:
Cama, pared, casa, calle, barrio, ciudad.
Te habrías imaginado antes, pensando en la palabra “ciudad”
al afeitarte la barbilla una mañana
en el baño de tu casa en Estambul
tarareando la canción de Abdel-Wahhab:
¿Será todo el país para mí una patria?
II
Ciudad: palabra holgada como los sueños de los invasores, y compleja como las litografías…
Los suburbios y el centro de la ciudad
Las calles más ilustres de la ciudad y las calles secundarias
Los barrios más conservadores de la ciudad y la vida nocturna en la ciudad
La ciudad que resiste, los poetas de la ciudad,
y las canciones de los migrantes, de aquella ciudad a esta.
III
Puedes, antes de dormir, escribir en tu diario:
“He visto una marcha, en la que revolucionarios caminaban de una ciudad a otra”.
Escribe también sobre la mujer que amaste en una pequeña ciudad sureña
y sobre una ciudad gigantesca que te tentó
y luego te tragó.
Y podrías perfeccionar otra lengua en alguna ciudad
y decir con la celeridad que otros envidiarían:
“De este modo tan simple desperdicié mi vida”.
No busco a mi país
Busco palabras que los poetas no escribieron
lejos de sus países…
Busco un país que no intente borrar la primavera en los manuales escolares…
Busco una canción nueva
que militares no arrancaron de las gargantas de los cantores…
Busco un poema que no ponga trampas al anhelo,
e incluso a mi madre
la única sectaria que he amado mientras ruega a Dios por mí y por los musulmanes, sólo por ellos…
Busco otro sentido para mi lengua materna
y busco otra lengua
que no piense en un lenguaje y hable en otro…
Busco una memoria nueva
que no ande averiguando un país, que no pregunte por mí.
Traducciones de Khalid Raissouni