Juan Aurelio García
Nació en Armenia, Colombia, en 1964. Licenciado en español y literatura, realizó un posgrado en enseñanza de la literatura. Autor de Mi poema es más hermoso que el tuyo, 1998; Oh Rossi/ Los poemas de la Sierra, 2000; Tiempo Reunido, 2014 (Biblioteca de Autores Quindianos), y Vanas gentes, 2021; coautor de Papeles y razones (Ediciones Agarthi), 1989 y Diccionario de Humana Anatomía en colaboración con Carlos A. Castrillón, (Ediciones Sonorilo), 1998. Compilador del libro antológico de los ganadores del Premio Nacional de Poesía Universitaria Euclides Jaramillo Arango de la Universidad del Quindío,2002.
Esta es una muestra de sus poemas:
Barranquero
I
El barranquero no está para ser visto
Sólo despliega su plumaje
de verdes y azules
entre una rama y otra
como un lujoso traje
más pesado todavía que su miedo de ser visto
o atrapado
La parábola morosa de su vuelo
atraído por la tierra
es un barco que hace agua
Y rozando con las plumas de su cola
la charca en que se mira el cielo
se va elevando hasta el ramaje
que le presta el yarumo
II
El vuelo pesado del barranquero
El arcoíris
de sus verdes y azules
Cuando se sabe observado
o presentido
Ese celo resuelto
y moroso
al desplegar las alas
antes que la mirada lo fije
en una postal o en el recuerdo
Ese atarearse desde la luz
hasta la más
íntima entraña del ramaje
Para poner a salvo
su traje lujoso
Su túnica
que sabe arropar
con el silencio del bosque
De parte del mirlo
Vaya uno a saber
en la soledad del alba
qué cosa es y significa
eso que se reitera
con tanta insistencia
Un simple silbo
o canto
un monólogo que parece un parloteo
de varios
Un ejercicio de persuasión
destinado a los pichones
del trino pausado
del gorjeo repetido y balbuciente
en un vago charloteo consigo mismo
o el aire
La voz del pájaro
al despuntar el
alba será solitaria
pero es ahora el alma del bosque
Y da cuenta de él
Borrador para un futuro diálogo
Ya que no hay forma de contestarle al pájaro
a la diaria insistencia de su silbo
decidamos por lo menos
que hay alguien aquí abajo
a ras del suelo
que lo escucha
Quizás hay que esperar
tener paciencia
Algún día acaso
su canto ya
no tenga alas
deje de ser inalcanzable
mezclándose con palabras y
no se distinga más de ellas
en otra babel
donde lo pueda exhibir
como una cresta
En la soledad de la mañana
Sobre una laja del jardín
el canario
ante un montón de maíz picado
A cada picoteo
levanta la cabeza girándola
para atisbar
hacia un lado y otro:
nada, nadie
De nuevo acerca el pico
a la manotada de comida
y picotea
levantándola de nuevo
vigilando su entorno
donde no parece haber nada
nadie
Así se alimenta el canario
como soberano entre las
plantas a cada picoteo
levantando siempre su cabeza
como si lo supiera
como si con certeza presintiera
que no existe para él
una cosa a la que se llame
la soledad de la mañana
Razón del vuelo
Un pájaro llega a posarse
a sólo un palmo de mí
Con un breve salto
se hace a un lugar
entre mis manos
No es un diálogo
pero le digo algunas cosas
le pregunto por otras
y así posado
con persistencia entre mis manos
intuyo sus respuestas
Presiento que ya
sus alas están
hechas menos para
volar que echar
raíces
Ahora paso mi pulgar
sobre su cabeza mansa
No le pregunto si acaso la fatiga
lo sacó de la bandada
o si tiene rota un ala
Ni si alguna vez
siendo pichón
jugaba a ser funámbulo
desde la cúpula de la iglesia
para ensayar el vuelo
Ahora que has hecho escala en mí
y antes que de nuevo respondas
al llamado del viento
te llamaré Darío
te diré gracias por acercarme
a la razón, al sentido de la errancia
De Salento